Hechos dolorosos y conmocionantes

Dos hechos de distinta índole han sorprendido recientemente a la sociedad pampeana, permitiendo ver que las formas del delito, aun las más reprobables, son universales y suelen convivir junto a nosotros, aunque no las advirtamos.
La primera epilogó la semana pasada en la condena a diez años de prisión que la Justicia le aplicó a una mujer que obligaba a prostituirse a su hija adolescente. El caso, doloroso si los hay, se ve agravado por la condición de la chica que padece serios trastornos visuales y un retraso madurativo en cuanto a edad mental. Lo abominable del caso viene a corroborar que, como dijera el poeta, el ser humano a veces vuela y a veces repta y obliga a la reflexión sobre la índole de esta mujer, victimaria de su propia hija. Porque más allá de lo infame de su acción, estremece pensar cuáles habrán sido sus orígenes, su educación, su infancia, los valores que le inculcaron familia y sociedad como para llevarla a ese terrible desempeño que ahora deberá pagar con largos años de cárcel, una cárcel que, todos sabemos, está muy lejos de cumplir el mandato constitucional de educar antes que castigar.
En una perspectiva tanto o más infame quedan quienes obraron como clientes de aquella madre. La Justicia afirma tener dudas sobre sus posibles identidades y condenas pero, ante tanta animalidad manifiesta, vuelve a la memoria la simple y legitima duda de Sor Juana Inés de la Cruz acerca de que no solo puede merecer castigo “la que peca por la paga” sino también “el que paga por pecar”.
El otro suceso mencionado no asombra tanto por el grado de infamia como por el de desidia y descuido que evidencia la sociedad, tanto sea considerada colectivamente como en sus formas corporativas.
Años atrás una parte de la población pampeana se vio sorprendida -y dividida- al comprobar que contaba en su seno con un falso médico que, durante años, engañó a sus pacientes, incurriendo en el delito de ejercicio ilegal de la medicina -que es severamente penado por las leyes- con total desparpajo. Descubierto y denunciado el hombre desapareció de la escena tras promesas de enmienda y validación legal de los conocimientos que tenía en la materia. Vale la pena recordar que, sorprendentemente, una parte considerable del pueblo donde se dio el suceso lo apoyó en la circunstancia.
Pero, a juzgar por las noticias, no pudo resistir la tentación y volvió a las andadas, pero esta vez cargando con la presunción de ser responsable de una muerte por mala praxis. El suceso ocurrió en una localidad no lejana de los límites de la provincia, por lo que es llamativo que la presencia y trayectoria del falso galeno no fuera conocida y detectada. Resulta muy preocupante advertir que este tipo de casos de ejercicio ilegal, potencialmente graves, suelen demorarse en ser detectados, como si las averiguaciones profesionales que hacen los organismos colegiados y públicos apunten más a lo formal que al fondo del problema. Además, cuando el caso es descubierto, una cierta liviandad en el seguimiento de la actuación posterior de estos embaucadores, los anima a persistir en tan peligroso accionar, con el consecuente riesgo social.