Hillary y Trump largan oficialmente la carrera del 8 de noviembre

DOS GRANDES PARTIDOS NORTEAMERICANOS CON SUS CANDIDATOS

Hoy los demócratas proclamarán formalmente a Hillary Clinton como candidata presidencial. Los republicanos hicieron lo propio con Donald Trump hace días. Así se larga la carrera propiamente dicha para ganar la Casa Blanca en noviembre.
EMILIO MARIN – Por orden cronológico primero fueron los republicanos quienes nominaron a su candidato presidencial. Fue el 21 de julio en la convención de Cleveland, Ohio, al cabo de varios días de deliberaciones donde hubo de todo menos unidad partidaria.
Es que los anteriores candidatos de la agrupación no se hicieron ver por la sede de la reunión, el Quicken Loans Arena. No estuvieron allí George H. Bush ni George W. Bush, los últimos presidentes de este palo; tampoco los ex candidatos John McCain y Mitt Rommey. Ni siquiera fue a dar la cara y acompañar al magnate el gobernador de Ohio, donde se hacía la reunión republicana, John Kasich.
El día anterior a que se nominara al magnate inmobiliario, abandonó el lugar su último contendiente en las primarias, el senador Ted Cruz, que le había dado cierta pelea pero que en la recta final había arrojado la toalla.
La dirigencia tradicional republicana dejó solo a Donald Trump, como para dejar claro que no representa el programa y políticas habituales. En ese sentido se afianza la idea de que el millonario es un “out-sider”, llegado por fuera de la política.
Y por lo que se ha cronicado de esa convención, el nominado no tendría muchos motivos para enorgullecerse, por más que en su discurso de aceptación del jueves 21 expresó: “acepto humildemente y lleno de gratitud la nominación”.
La escasez de motivos para alegrarse se notaba en las ausencias recién consignadas, los numerosos lugares vacíos de la convención, la pifia del plagio de la mujer de Trump, copiándose de un discurso de Michelle Obama, etc.
Esas circunstancias parecieron no hacer mella en el ánimo del aspirante, que repitió todos sus lemas de campaña, más algunos agregados. Entre los repetidos, aburrió con su nueva declaración de guerra contra los mexicanos a los que tratará de aislar con un muro gigantesco en la frontera, amén de los de origen musulmán, identificados como si fueran terroristas.
Esta vez añadió que piensa cobrarles a los países ricos aliados de la OTAN, para que paguen las fuertes partidas que cuesta a Washington ese despliegue militar. Caso contrario, los dejará de lado para que se defiendan ellos mismos.
Con esa rara habilidad para apoyar causas no muy nobles, dijo que no tenía nada para criticar al presidente turco Erdogan por sus detenciones masivas y purgas. En general en el mundo tales medidas suscitan dudas y críticas. Junto con su candidato a vice, el gobernador de Indiana, Mike Pence, tratará de llegar al Salón Oval.

Por fin una mujer.
En el rincón opuesto de los demócratas -opuesto en el sentido de rival, no porque los dos partidos tengan diferencias de fondo ni numerosas-, el trámite de la convención fue un tanto menos complicado que la de Cleveland.
La demócrata fue en Filadelfia, Estado de Pensilvania, y está culminando hoy jueves 28, con la previsible aceptación de Hillary Clinton de la candidatura, con un discurso.
También está agendado un mensaje de Obama, que en estos meses dio apoyo indirecto a los candidatos de su sector, tanto a Clinton como al senador Bernie Sanders, mediante un fuego focalizado en Trump. Desde que la ex primera dama, ex senadora por Nueva York y ex secretaria de Estado de su primer mandato, logró los delegados necesarios, 2.383, el aval a ella fue explícito. También su esposa Michelle se sumó a las adhesiones, enfatizando el aspecto que tanto explota la propaganda proselitista: una mujer por fin llegaría a ser presidenta de los EE.UU.
Y en efecto, es lamentable que recién tras 240 años de vida como nación, una fémina tenga la posibilidad de llevar las riendas del gobierno. EE.UU. ha sido siempre cuestionado por la izquierda, caso de Fidel Castro, como una plutocracia, o gobierno de los ricos. Pero también, a la luz de aquella circunstancia, se podría agregar, una plutocracia machista.
Como el 54 por ciento de la población del país son mujeres, el presentarse como quien encarna esos derechos de género, podría tener alguna influencia extra a la hora de votar. Al menos entre las delegadas en Filadelfia abundó aquello de que se abre un mundo nuevo de posibilidades “para nuestras hijas, nietas”, etc.
Son apenas expresiones de deseos, pero dan pie a la formidable maquinaria electoral y el marketing, que en este caso deberá trabajar el doble. Es que la imagen de Hillary no es alta ni se la aprecia como una noble mujer.
Ha tratado de ablandar esa dureza con la elección de su candidato a vice. Será Tim Kaine, ex gobernador del Estado de Virginia, y actual senador por ese distrito, al que se reputa como miembro del ala un tanto más progresista del partido, con pasado de defensa de minorías y derechos civiles.
De todas maneras, que la ex secretaria de Estado aún provoca resistencia, de eso puede dar fe la convención. Una parte de los delegados de Sanders se negó a votar por aquella a pesar de que el senador solicitó ese voto para unir el partido aún cuando “la lucha continúa”, según prometió. Sólo un segmento de sus votantes aceptó esa solución, pero otros, decepcionados, expresaron que virarán a votar a la candidata del Partido Verde, la doctora Jill Stein.
Ese partido verde, fundado en 1984, busca captar parte de lo que fue el movimiento Ocuppy Wall Street, los sectores juveniles contra el cambio climático y el movimiento contra la represión policial a los afroamericanos, el #BlackLivesMatter.
Aunque haya esa y otras opciones por fuera de los dos partidos hegemónicos, ya se sabe que, a la hora del llamado “voto útil”, el bipartidismo suele triturar a los candidatos que no pertenecen al establishment.

Muy parecidos pero no idénticos.
Las concepciones de Trump y Clinton son muy parecidas en los diversos órdenes. El primero es un magnate que se jacta de tener más de 10.000 millones de dólares de fortuna personal. De llegar a la presidencia puede instaurar un gobierno de los ricos, atendido por sus propios dueños, como sucede en Balcarce 50, Buenos Aires, desde el 10 de diciembre pasado, claro que a escala menor del Tercer mundo.
Y la segunda, Hillary, de buen dinero también, tiene sus aceitadas relaciones con los lobbies de Wall Street. Su adversario en las primarias, Sanders, la cuestionó mucho este año calificándola de la candidata bancada por ese capital financiero internacional. A nivel de programa, el de los demócratas incluye algunas formulaciones positivas tomadas de prestado de la propuesta de Sanders, como para favorecer su apoyo en la convención. Por caso, que se estudiará afectar con impuestos a las grandes fortunas para financiar parte de la educación pública. Que se cumpla con esas promesas de último momento, esa es otra historia, pero debe tomarse nota de que en este punto los dos candidatos no están clonados.
Claro que con los respaldos en el gran capital financiero e inmobiliario, no se pueden aguardar épocas buenas para las grandes franjas de norteamericanos de medios y bajos recursos, ni en uno ni en otro caso. Respecto a los inmigrantes, mucho peor van a estar si gana Trump, en particular los de origen mexicano.
Las propuestas de Clinton son más tolerantes y flexibles, siempre comparándolas con las del xenófobo magnate. Eso le granjea el apoyo electoral de minorías afroamericanas y latinas, que votarán por ella y hacen campaña muy convencidas, como se vio en Filadelfia.
Por supuesto que la señora no es ninguna pacifista. Ella votó por la guerra contra Irak en 2003 y no pidió disculpas. Ella lanzó una carcajada en vivo cuando vio que la turba pagada por Washington despedazaba a Muammar Khadafy en 2011. Ella fue soporte del sionista Estado de Israel que tanto genocidio realizó contra los palestinos, etc.
Trump dice querer ahorrar teniendo a los marines en casa. Total, en caso de guerra, asegura, se los manda a cualquier parte en cuestión de días y resulta más barato.
O sea en asuntos de política exterior no hay grandes contrastes, pero el republicano puede ser más peligroso para la paz mundial. La paulatina normalización de relaciones con Cuba, será más factible con Clinton, que continuaría la línea de Obama. El otro, en cambio, está más condicionado por el lobby anticubano de Mario Díaz-Balart, Ileana Ros-Lehtinen y Marco Rubio. No es una diferencia menor para nuestra región.

Mauricio con los dos.
El presidente Mauricio Macri no se decide por uno ni otro. Con Trump tiene relaciones personales y empresarias desde fines de los ’80, cuando Socma lo envió a EE.UU. a negociar la asociación para negocios inmobiliarios. El trasfondo de empresario exitoso desembarcado en la política lo asocia al republicano.
Sin embargo, desde el 24 de marzo cuando fue anfitrión de Obama en Buenos Aires, y con sintonía fina en los ataques a Venezuela y el acercamiento a la Alianza del Pacífico, el argentino también se siente a gusto en el barco demócrata.
Por las dudas, hizo que el embajador Martín Lousteau (ex ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner) fuera en son de amistad a la convención republicana primero y a la demócrata después.
Macri juega a dos puntas. Todos los colectivos lo dejan bien. Todos los colectivos que vayan a Washington.

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