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Homenaje justo y oportuno

La emoción fue la gran protagonista del acto que tuvo lugar ayer al cumplirse diez años del fallecimiento de Antonio Skara. Los consejeros que hablaron, el poema que se leyó en su homenaje y el artista que se dirigió a los presentes dijeron lo mismo con distintas palabras del expresidente de la CPE. Su militancia a tiempo completo, su gran capacidad de trabajo y su humanidad fueron destacados por todos ellos. Entre los presentes: familiares, amigos, cooperativistas o dirigentes sociales y políticos sobrevoló el recuerdo de una persona entrañable que nos dejó prematuramente. Hasta su muerte estuvo signada por el trabajo, pues lo sorprendió en plena actividad cuando asistía a una reunión en una de las localidades interconectadas a la CPE.
Honesto y austero a carta cabal, no aceptaba chofer ni compañías “ociosas” en sus frecuentes viajes a Buenos Aires o a cualquier punto del país. Su crecimiento como dirigente del movimiento cooperativo provincial y nacional fue notable. En todo el país logró un gran reconocimiento a fuerza de compromiso con el ideario y el accionar de la cooperación. Estuvo entre los fundadores -y ocupó la presidencia- de Cadegas, el nucleamiento de cooperativas fraccionadoras de gas licuado que debió pelear muy duro contra las grandes sociedades de capital en su afán por monopolizar el mercado de un servicio esencial para los sectores más vulnerables. Aun hoy reconforta escuchar voces que lo recuerdan con afecto y admiración en cualquier latitud.
Formó parte del grupo inicial que a fines de los ochenta conformó la Lista Celeste la cual, luego de un primer traspié, logró imponerse en las elecciones de la CPE inaugurando un período de cambios y consolidación de un modelo de gestión fuertemente arraigado en los intereses populares que continúa hasta nuestros días. Skara fue una columna central en ese largo y tantas veces arduo proceso. Su palabra, su optimismo con los pies en la tierra, eran muy valorados tanto adentro como afuera de la cooperativa.
Fue impulsor de innumerables iniciativas que tuvieron como norte el mejoramiento de las condiciones socioeconómicas de vecinos e instituciones de nuestro medio. Y nunca medró desde lo personal; al contrario, la entrega y el desinterés fueron el sello que estuvo presente en cada una de sus acciones.
Su militancia en el comunismo y el cooperativismo sintetizaron su filosofía de vida. Fue un trabajador con conciencia de clase, siempre supo en donde estaba parado y quiénes eran sus compañeros de ruta. También tenía muy claro adonde estaban los adversarios más temibles del cooperativismo en particular y de los sectores populares en general. Tuvo activa participación gremial en sus años de trabajador en Buenos Aires y padeció la persecución y la cárcel.
Antonio Skara ocupa por mérito propio un sitial destacado junto a los pioneros del movimiento cooperativo pampeano, porque fue uno de sus hijos dilectos, uno de sus continuadores más tenaces y comprometidos.
En estos tiempos de mercaderes de la política y de oscurantismo neoliberal, recordar a un dirigente de la estatura de Skara es una forma muy oportuna de mostrar que hay caminos más dignos para la sociedad.