Hubo advertencias

El enorme cráter que se abrió en una calle es una prueba irrefutable de la crítica situación que padece esta capital con el ascenso indetenible de la napa freática. Los problemas están aflorando día a día pero hasta ahora no se había visto una manifestación de semejante magnitud.
Los funcionarios y técnicos coinciden en que -entre otros- el problema central radica en la importación de grandes volúmenes de agua a la cuenca cerrada en donde se levanta la ciudad. Algunos de ellos expresaron en los últimos días que esa complicación no fue prevista cuando se construyó el acueducto del río Colorado en los años noventa. Sin embargo hay que decir que esa apreciación no es correcta.
Quizás a causa de su juventud, quienes así se expresaron desconocen que apenas el gobierno de entonces presentó el proyecto del acueducto hubo algunas voces -no muchas, es cierto- que lo objetaron y no por capricho o afán de contrariar. Pero eran tiempos en que el marinismo ejercía el absoluto dominio político del justicialismo, lo que equivale a decir: de la provincia.
Entre tantos aplausos entusiastas y lisonjeros tres entidades opusieron reparos económicos y ambientales: la Fundación Chadileuvú, el Consejo Profesional de Ciencias Naturales y este diario. Esas voces quedaron en franca minoría ante la decisión gubernamental y otras entidades que adhirieron a la realización de la obra. Uno de los fundamentos que compartieron las tres entidades y lo expusieron en público fue, precisamente, el riesgo de transportar grandes caudales de agua de una cuenca a otra. No era ningún misterio sino un problema “de manual”, muy conocido y que está presente en toda la bibliografía especializada.
Hoy se está pagando un precio muy alto por ignorar aquellas advertencias lanzadas cuando aún había tiempo para reformular el proyecto. Ahora solo queda reparar el daño y lamentar el costo económico que todos debemos afrontar.

Estaba cantado
Tenía que suceder. Las empresas textiles del país están atravesando serias dificultades a causa de una combinación letal: caída del mercado interno y aumento de las importaciones. En todo el país las noticias son sombrías. Aquí, la mayor empresa textil del Parque Industrial santarroseño ya tiene elaborado un plan de suspensiones que involucra a buena parte de su personal.
Mientras el gobierno nacional se esfuerza por impedir que el Congreso sancione una ley para proteger el empleo, algunas de las empresas que firmaron un “compromiso” para no cesantear durante 90 días ya están incumpliéndolo.
Esta situación es producto inevitable del paquete de medidas económicas del gobierno nacional: devaluación del 40 por ciento, apertura indiscriminada de las importaciones, aumento sideral de los servicios públicos y actualizaciones salariales por debajo de la inflación. Fue un mazazo para los que viven de un sueldo y para las industrias nacionales que dependen del mercado interno.
Conocidas marcas que hasta ahora venían adquiriendo sus prendas en talleres del país han incrementado notablemente las importaciones favorecidas por el desmantelamiento de la normativa que protegía la producción local. El efecto negativo en todo el sector textil ha sido inmediato. De ahí la urgencia de la oposición para sancionar la ley de protección del empleo que ya fue aprobada en el Senado. En Diputados la iniciativa se trabó por las presiones del gobierno nacional sobre los legisladores indirectamente a través de los gobernadores, y por la actitud sinuosa del massismo que puede ayudar a definir la votación este miércoles en lugar de postergar una definición para hacerle el juego al macrismo.
Mientras en las alturas de la política se entretienen con estos enredos de salón en el llano de los talleres avanzan los despidos y suspensiones.