Hubo ensayo encaminado a gestar el hombre ideal

Señor Director:
“Aun que usted no lo crea”, hubo en la Argentina un intento de gestar al ser humano ideal.
Es cierto que eso sucedió en un tiempo propicio para desarrollar fantasías de ese calibre. El modelo procedía de pueblos nórdicos europeos. Que aquí fuese replicado revela algunas cosas acerca de nuestra especie y acerca de nuestra condición de gentes muy cul-de-sac del mundo y que, además de sentirse como expulsada del mejor mundo, está dispuesta a cualquier cosa con tal de tener el reconocimiento de los que son plenamente “gente”.
A esta ocurrencia he hecho mención en algunas de las columnas a mi cargo. Al referirme al viejo salitral de Santa Rosa, de allá por la tercera década del siglo pasado, mencioné que alguien pronunció una palabra enigmática: “destete” para indicar la vía posible para rescatar a los recién nacidos de quienes moraban en el rancherío que bordeaba la laguna. Con el tiempo entendí que esa palabra tenía sentido en algo que estaba en la atmósfera culta de la Argentina de entonces: la eugenesia. En Caldenia he explicado lo que llegué a entender por entonces: que en la Argentina se hablaba de mejorar la raza y que esta idea correspondía al auge que por entonces tenía la eugenesia: “aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana”. O sea que se admitió la posibilidad de aprovechar el saber científico para obtener que la población de un país o una región o de toda la humanidad estuviese constituida solamente por personas de gran inteligencia, buena apostura física y, en la versión germana de los años de Hitler, sin posibilidad de transmitir rasgos de razas inferiores y despreciables, según una forma de decirlo. Diré ahora que llegué de entender que el “destete” se insertaba en una atmósfera de ese momento, desarrollada aquí por quienes no resistían la tentación de llegar a tener el aspecto físico e intelectual que nos hiciese reconocer como iguales del primer mundo.
No fue ése el campo de mis intereses intelectuales, aunque aquella experiencia siguió instalada en mi memoria. Días atrás, al leer un reportaje de Leonardo Moledo a José A. Gómez DiVincenzo, investigador de la Unsam y del Conicet, volví a encontrarme con este viejo tema. DiVincenzo investiga la “relación entre tecnología biométrica, ciencias biométricas y orden social”, y se interesa por el papel de la biotipología y la psicotecnia “dentro el programa eugenésico argentino en la década de 1930”. O sea, mi viejo tema salitrero. En mi nota sobre El Salitral (en Caldenia) reflejé en medida discreta el nexo de una palabra escuchada entonces (destete) con la eugenesia nazi y recordé, entre otras cosas, que en la escuela cantábamos aquello de “y para la raza conseguir /el ejemplar /del porvenir”. El programa de esos años de 1930 (“década infame”) procuraba que solamente pudieran reproducirse los varones y las mujeres que dieran la mayor aproximación al tipo ideal. Para llevarlo a cabo, había que actuar en la dimensión social. Una norma legal autorizaría o prohibiría uniones con fines reproductivos. Las tecnologías eran el aborto eugenésico, la castración, el control de la inmigración, las fichas biotipológicas y eugenésica y los test psicométricos. Solamente hubo un ensayo de ficha biotipológica en dos escuelas de Buenos Aires, pero el programa “fue un rotundo fracaso”.
Las técnicas de la eugenesia se encaminaron hacia los animales y los vegetales cuya selección sigue adelante, sin que, creo, haya desaparecido del todo la obsesión por el ejemplar humano del porvenir. DiVincenzo señala que el modelo nazi (adoptado por no pocos en la Argentina de entonces, preocupada por la inmigración no seleccionada), pudo desarrollarse en una especial atmósfera cultural. Hace referencia a ideas y proyectos cuyo desenlace fueron, en la II Guerra, los campos de concentración y el genocidio.
Atentamente:
JOTAVE