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Un debate crucial

Un debate crucial

I. Inesperadamente, el cooperativismo se convirtió en el eje de un fuerte debate en el comienzo de este año electoral. El precandidato a gobernador y máximo dirigente provincial del PRO dio la primera estocada al expresarse en contra de que las cooperativas de servicios públicos incrementen su oferta de servicios. Tuvo una expresión poco feliz y hasta de tono ofensivo. Afirmó que las cooperativas deben restringir su actividad a «la luz» (sic) en lugar de «vender ballenitas (sic), telefonía celular y todo eso». «Hay límites», subrayó para que no queden dudas de lo que piensa.

Las réplicas llegaron inmediatamente, desde la Fepamco, dos cooperativas y el candidato del justicialismo. Con términos tan duros como el utilizado por el exsecretario de Deportes, descalificaron su posición y recordaron la relevancia de las cooperativas a la hora de brindar servicios anteponiendo siempre el beneficio de los usuarios.
Sin embargo, todavía nadie mencionó un rasgo importante y que pocos suelen citar. Cuando el precandidato macrista habló de defender al «privado» para que «pueda derramar riqueza», mostró desconocer un dato esencial: las cooperativas son empresas privadas; son instituciones del derecho privado. Por lo tanto mal se puede hablar de que afecten negativamente a la actividad privada.
Las cooperativas son propiedad de sus usuarios y su objetivo primordial no es el lucro sino la prestación de servicios. Estas dos características las diferencia de las empresas con finalidad de lucro. Y a la hora de «derramar riqueza» -otra expresión del dirigente en defensa de «los privados», como él los definió- no hay quien pueda igualarlas.
El capital de lucro va solo adonde se le garantiza rentabilidad monetaria; las cooperativas no porque su propósito es la rentabilidad social. Por eso en las poblaciones más pequeñas hay cooperativas y no sociedades de lucro que presten servicios.

II. Resulta oportuno recordar que en Santa Rosa, la CPE, al acabar con el monopolio de Cablevisión, abarató considerablemente el servicio de la TV por cable lo cual implicó un beneficio directo para los usuarios. Mejor ejemplo de «derrame de riqueza», imposible. No es inocente que un «efecto derrame» tan importante para la economía de los santarroseños haya escapado a la consideración del dirigente del PRO. Pero se entiende pues la ideología de su fuerza política apunta a priorizar al capital de lucro antes que al capital social y a los propios usuarios. Con solo ver la política tarifaria del gobierno nacional queda claro: a fin de asegurar ganancias extraordinarias a las compañías gasíferas y energéticas el macrismo no dudó en atacar el bolsillo de los usuarios castigándolos con brutales tarifazos. Con esa política en lugar de derrame provoca concentración de la riqueza, exactamente lo opuesto a lo que busca el cooperativismo.
El movimiento cooperativista es el principal activo socioeconómico que cimentaron los pampeanos y es modelo en todo el país. Ahí está su historia y sus realizaciones que son palpables y están a la vista de todos aunque todavía hay quienes no terminen de darse cuenta. Además como generador de empleo también es ejemplo en cantidad y calidad.

III. Este debate no es trivial; es muy relevante para los pampeanos y debería iluminar a la ciudadanía de cara a las próximas elecciones para pensar sobre el futuro que le podría deparar a nuestra provincia un gobierno de cuño neoliberal.
Sorprende que todavía no se haya escuchado ninguna voz desde el radicalismo, fuerza que en la provincia ha sido impulsora y defensora del movimiento cooperativo y le ha aportado destacadas figuras entre sus dirigentes, muchos de ellos recordados por su compromiso en favor de las entidades solidarias.
Para los que demandan de la política debates útiles y sustanciosos en lugar de pirotecnia verbal para la tribuna, aquí tenemos uno. Y sirve, como pocos, para divisar el sustrato ideológico que gobierna en cada fuerza política.