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Impactante repercusión

La denuncia pública de violación que una joven actriz presentó con el fuerte respaldo del colectivo Actrices Argentinas tuvo una enorme repercusión que se manifestó a través de los más diversos medios. En nuestra ciudad infinidad de llamados y mensajes se recibieron en Radio Noticias de oyentes que afirmaron haber sufrido en carne propia agresiones sexuales. Cuesta encontrar en la historia de la radiofonía pampeana semejante cantidad de expresiones públicas procedentes de tantas mujeres que se atreven a exponer episodios tan dolorosos como silenciados de su vida.
Es evidente que la historia personal de la actriz que sufrió un ataque tan violento cuando era una adolescente de 16 años, y su acusación con nombre y apellido a un actor mucho mayor, animó a tantas mujeres -y también a algunos varones- a exponer sus propias experiencias. El decidido apoyo del colectivo que reúne a muchas y muy conocidas actrices fue otro elemento de peso que contribuyó a visibilizar tantas historias de abusos. El prestigio profesional y personal que aquilatan muchas de esas mujeres, la imagen de fortaleza que transmiten, operó para que las otras, las anónimas, se sintieran respaldadas para dar un paso nada fácil: reconocer públicamente que en algún momento de sus vidas fueron también víctimas de la violencia machista.
Ayer los medios porteños reflejaban no sin sorpresa la enorme cantidad de testimonios personales que se estaban subiendo a las redes sociales. Si eso es motivo de asombro y admiración, con mucha más razón debe decirse de lo que sucedió en nuestra ciudad. Santa Rosa está muy lejos de poseer la enorme concentración humana de la Capital Federal y el Conurbano, por tal razón resultan mucho más valiosos esos testimonios en un medio más pequeño en donde “somos pocos y nos conocemos mucho”.
Pero además de esa justa valoración, lo que muestra esta reacción es la necesidad de tantas mujeres de poder hablar de
las violencias soportadas y calladas; de sacarse de encima esa represión que las asfixió por mucho tiempo y poder expresar su indignación públicamente.
Lo que también revelan estas reacciones en cadena inusitadas es un dato que, aunque es conocido no deja de sorprender. Todos los testimonios -salvo excepciones- muestran que los abusos o violaciones ocurrieron en el entorno familiar. Los relatos hablan, invariablemente, de un tío, un cuñado, un primo, un abuelo… Pero también de la indiferencia y hasta la hostilidad que recogieron cuando intentaron contar lo ocurrido a su propia familia. Es otra muestra -una más- del profundo arraigo del patriarcado en nuestra sociedad.
Hoy los movimientos de mujeres en su más amplia expresión están cambiando la historia. Con una enorme capacidad de movilización han logrado visibilizar algunas de las llagas más dolorosas de la sociedad y están promoviendo cambios -sociales, políticos, culturales- impensables hasta no hace mucho tiempo. La violencia machista, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, las uniones conyugales, los niveles de representatividad política… Esas conquistas no las han logrado por concesión graciosa del poder patriarcal sino por una lucha en todos los escenarios posibles en donde debieron poner el cuerpo: en la calle, en los medios, en el arte, en los recintos de la política.
El colectivo Actrices Argentinas ofreció un dato estremecedor. Según una encuesta de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores e Interpretes (Sagai) el 66 por ciento de las mujeres en el mundo del espectáculo denunció haber sido víctima de acoso o abuso sexual en su trabajo. Por eso afirmaron: “se parece más a una norma que a una excepción”.
Esta conmovedora muestra de solidaridad de las actrices hacia la joven colega atacada, aparece como la mejor respuesta contra esa violencia.