Impulso y definición de rumbo para hacer

Señor Director:
Con el avance de los años se descubre que la ciudad en la cual vivimos es algo más que una ventana al mundo.
La ventana supone una casa, pero si el morador cree que debe permanecer asomado, mirando hacia afuera, hacia lo lejos, para conocer el mundo, deja de advertir que su morada es parte del mundo y que, aunque le haya puesto muchos elementos singulares, refleja el acontecer humano. El que sólo mira hacia afuera deja de aprovechar el conocimiento posible de las claves o las principales claves para entender el mundo. Esta voz, mundo, es polisémica; su quinta acepción es sociedad humana. Los hombres se sienten muy diferentes entre sí, y lo son, pero tienen un componente básico común, del que comparten mucho con todos los seres vivos. Las ciudades son siempre un ensayo de retrato del componente común de los hombres, pues éstos no son moradores sino hacedores de la ciudad: la hacen; o dejan hacer al mirar por la ventana. Nada hacemos que no sea a nuestra imagen y semejanza.
Lo que comencé a decir es que la ciudad propone, cada vez más, todos los temas. Por ejemplo, el barullo de los medios nacionales de estos días acerca de si se está queriendo hacer de las escuelas algo así como un comité para formar adeptos a determinadas doctrinas o ideologías, tiene expresión aquí y puede ser pensado. Pero, ¿cuál es nuestra propia posición, desde la cual trataremos de interpretar y de formar opinión? Esta pregunta hacia sí mismo es pertinente. Luego de contestada pondríamos en claro qué entendemos por política, puesto que he escuchado opiniones que revelan que solamente ven esa cosa fea y sucia, ese camino que van forjando los que quieren todo pronto y con poco esfuerzo y nulo sacrificio. Igualmente escucho a los que aprendieron a separar la idea de política de la del quehacer de ladrones y demás delincuentes, aunque reconocen que los caminos se interfieren y que el protagonista es el mismo. Oigo o leo a los que dan un paso más allá y entienden que la política es siempre un camino por hacer, y que es inevitable hacer y transitar porque la propuesta o consigna que recibimos al estar en el mundo impone reconocer que lo que hay en la sociedad es nuestra hechura y que lo que no está hecho, lo que está mal hecho y lo que tiene una hechura inapropiada (aunque alguna vez fuera eficiente), es la tarea que está a nuestro cargo para cambiarlo. De esto se infiere que la política es el nombre de la tarea del hombre a partir de reconocerse como miembro de una comunidad, porque lo que llamamos comunidad es probablemente uno de los nombres del desafío que no podemos eludir: hacer la casa que habitamos y mantenerla habitable, para avanzar. En este punto habrá quién pregunte hacia dónde, a dónde vamos. He leído muchas respuestas al respecto y me estoy quedando con que lo cierto es que la casa es nuestra y somos responsables de su construcción y su habitabilidad y que vamos siendo lo que hacemos y que nuestro poder está condicionado por el quehacer. Más allá, no sé. Si habrá un punto de llegada o si somos como el universo: algo que está dado como posibilidad y obligado a moverse y a cambiar de forma y situación relativa a tono con el movimiento y con ese impulso incesante por andar, pero nunca estar quieto. Alguien puede pensar que el hombre es eso: un ser que se hace a sí mismo, que nunca se siente completo. Entonces, no es que construyamos una casa y organicemos una sociedad, con leyes y costumbres dinámicas, sino que todo eso nos expresa puesto que es retrato de lo que fuimos y que se va quedando atrás.
Vuelvo a la política para reconocer que no hay manera de eludirla, porque política no es pensar la ciudad como algo ajeno y de lo que podemos desentendernos. Política es la gestión de nuestra responsabilidad. El punto de partida que buscábamos lleva a reconocer la política no es palabra mala o buena y que hay que pensarla a fin de participar a conciencia y con la libertad que tenemos.
Atentamente:
JOTAVE