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Indisimulable presión para que Hada Buena asuma relevo de Macri

PORCA MISERIA

No hay jugada ganadora, porque si el Hada Buena pasa a la Nación, no tiene reemplazo en Buenos Aires.
POR HORACIO VERBITSKY
Desde las patronales es indisimulable la presión para que Macrì se retire y asuma su relevo El Hada Buena. Esto mide lo desesperados que están los representantes de una fracción del capital que ya no pueden ocultar su desprecio por un liderazgo incompetente que los está conduciendo hacia un desastre también a ellos.
Maurizio Macrì libra una batalla de retaguardia en el intento de preservar su candidatura para un segundo turno presidencial, por más que todos los indicadores políticos, económicos y de sociología electoral indiquen que esa es una misión imposible. Incluso está en duda si esa constelación de desgracias le permitirá terminar el mandato de cuatro años para el que fue electo en 2015 y del que no ha estado a la altura.
Los razonamientos de respuesta son ingenuos. Mientras el riesgo país pasó esta semana los mil puntos básicos y la cotización del dólar apunta en forma decidida hacia el tope de la banda de no intervención autorizada por el FMI, el Presidente lo atribuyó a que los mercados temen que la Argentina quiera volver atrás.
A los empresarios con los que celebró el Pacto de Cafulleros, les aseguró que se impondrá por cuatro puntos a CFK en la segunda vuelta, como quien silba solo en la oscuridad para darse ánimo. Su gurú ecuatoriano agregó que «en el concurso de los peores somos los menos malos», una curiosa expresión minimalista de deseos.
Las miradas escépticas acompañaron las remarcaciones de todos los productos no incluidos en los acuerdos de la góndola electoral. Con los 60 elegidos habían hecho un colchón antes de que se diera la señal de largada y el repunte del dólar 48 horas después entibió cualquier congelamiento.
Desde las patronales es indisimulable la presión para que Macrì se retire y asuma su relevo El Hada Buena. Esto sólo mide lo desesperados que están los representantes de una fracción del capital que ya no pueden ocultar su desprecio por el liderazgo incompetente de Macrì y su grupo de incondicionales que está conduciendo hacia un desastre también a ellos. La sustitución de la candidatura presidencial es una fuga mágica para un problema insoluble. La mega crisis económica y social también está mordiendo los talones de la gobernadora bonaerense y, de realizarse esa movida, Cambiemos carecería de una candidatura competitiva en el principal distrito electoral, que representa casi el 40% del padrón nacional, sin la cual tampoco ella podría frenar el desplome de un proyecto fallido, que culmina sin gloria y con mucha pena.

La bola de nieve.
El guión que repiten con disciplina desde los funcionarios más encumbrados hasta la claque periodística, reduce el problema a las crecientes chances de Cristina. La primera consigna de la serie fue «podemos perder», y apuntaba a reforzar la mística de los propios y acicatear el temor del resto. Pero calcular la velocidad de crecimiento de una bola de nieve no es un arte simple y crece el riesgo de que arrase con todo, incluyendo a los hombres sabios con sus planillas llenas de datos y el cronómetro en la otra mano.
El jefe de los restos del Estado, los propagandistas de la mesa de los animales, los columnistas del duopolio del papel impreso, los pretensos observadores objetivos que dilapidaron una herencia de centro-izquierda escribiendo al gusto del establishment en medios de la derecha más desvergonzada no se preguntan ni por un minuto si las cosas no son al revés, si la potencia electoral de Cristina no es la consecuencia del fracaso del gobierno en lograr las metas de las que se jactó con soberbia en los viejos buenos tiempos.
Esos días plácidos se terminaron hace ahora un año, cuando los prestamistas externos cerraron la bolsa y emprendieron el viaje de regreso, como las golondrinas que cada otoño salen de Buenos Aires para volver a San Juan de Capistrano.
Son los principales medios de Occidente los que advierten la caída en picada de Macrì. Bloomberg, la BBC, AP, el New York Times, el Financial Times, The Economist, el Wall Street Journal, Forbes describen con cruel abundancia de detalles el inepto manejo de la economía que condujo a este callejón sin salida. Ninguno de ellos representa a las clases subordinadas de la Argentina, sino a los inversores extranjeros a los que sólo les preocupa cobrar.
Hace pocos días, el Financial Times reprodujo partes de una investigación de Steve Hanke (un académico amigo de Domingo Cavallo, que apoyó con entusiasmo la convertibilidad y propuso continuarla con la dolarización). Desde su cátedra de la Johns Hopkins University de Baltimore y desde el Cato Institute, Hanke elabora cada año un índice de la miseria. Se basa en tres mediciones: inflación, desocupación y tasas de interés. La K de su apellido es pura casualidad: Hanke oscila entre el neoliberalismo craso y la derecha extrema que en Estados Unidos se llama libertaria y cuyo auge se debió al financiamiento de los famosos Hermanos Koch, los petroleros más ricos del mundo.
Hanke sostiene que «el pobre desempeño de la Argentina en el ranking de 95 países, en el que solo es precedida por la Venezuela devastada por la crisis, es el directo resultado de la inflación debida a la corrida cambiaria del año pasado».
Ello ocurrió poco después de las elecciones en las que Cambiemos superó a Cristina en la provincia de Buenos Aires, y el grueso de los comentaristas del oficialismo daban por concluida su carrera política.
Los peldaños trepados hasta despeñarse fueron una conferencia de prensa ofrecida el 28 de diciembre de 2017 por el jefe de gabinete de Macrì, su presidente del Banco Central y sus secretarios de Hacienda y de Finanzas y un súbito y furioso retiro de fondos especulativos liderado hace ahora justo un año por el JP Morgan, que no es la rama juvenil del peronismo sino el banco de inversión más importante del mundo y una gran cantera de funcionarios del gobierno.
Eso explica el reverdecer de la figura de la ex Presidente, hostigada desde 2013 por una coalición que encabezaron los fondos buitre pero a la que se sumaron empresas multinacionales, grupos locales e incluso sectores beneficiados por las políticas aplicadas desde 2011, que hoy se lamentan y están entre los principales detractores del heredero de Tandil.
Esta es la tabla de posiciones, tal como la publicó el Financial Times, con la advertencia de que había excluido a Venezuela porque no hay forma de graficar su índice de miseria, 1,7 millones, en la misma escala que los demás países.
Cada vez que el Presidente se acerca a un micrófono y asegura que no hay motivos de preocupación, alguna variable se dispara. Las contradicciones de su oratoria son constantes, sucesiva o simultáneamente.

Pico de oro.
Un día afirma que no hay otro camino que el ajuste y la liberación de todos los precios de la economía (salvo el salario, claro) y al siguiente anuncia un programa de control de precios, que luego aclara que no es de control porque responde a un acuerdo voluntario con productores y comercializadores, a los que días después les impone multas millonarias por incumplimiento.
«No se puede vivir endeudado», dijo el Presidente que batió el récord de endeudamiento en la historia argentina y que superó al resto de los países del mundo en el mismo lapso, incluyendo potencias como China. Sin solución de continuidad, sostiene que «el discurso de que podíamos vivir con lo nuestro nos trajo un tercio de argentinos viviendo en la pobreza». ¿Vivir con lo nuestro o endeudarse hasta las orejas? ¿Macrì advertirá la diferencia? Marcos Peña Braun renegó de los controles de precios, apenas una semana antes de que Macrì se aferrara a ellos como tabla en un naufragio.
La última carta con que el gobierno se ilusiona es el comienzo del juicio público contra CFK bajo cargos incomprobados de corrupción, semanas antes de la presentación de candidaturas, aunque la credibilidad de toda esta operación cayó a pique a partir del descubrimiento de la red de espionaje y extorsión por la cual está en rebeldía y se niega a defenderse el fiscal de la Encuadernadora General de la Nación, Carlos Stornelli.
En sus invectivas contra Cristina, Macrì no suele nombrarla. La alude dentro del indefinido término de populismo. Pero tampoco en ese caso las publicaciones de los países que el presidente toma como modelo y ejemplo, avalan sus decires. El diario británico The Guardian encomendó compilar una Base de Datos Global sobre Populismo a una red global de académicos dedicados al estudio científico de las causas y las consecuencias del populismo, que tanto preocupa en Europa, donde esta década es asociada con las que mediaron entre las dos grandes guerras del siglo pasado.

«La base de datos proporciona una visión de la retórica populista tal como se manifestó durante las últimas dos décadas en el discurso de los jefes de gobierno de todo el mundo». Para ello se asignó un puntaje a 728 discursos de Presidentes, primeros ministros, ministros y cancilleres de 40 países, ya fueran de izquierda o de derecha, dado que en la concepción europea el virus populista atraviesa las fronteras sin dificultad, aunque haya agentes propagadores, como Steve Bannon.
Los grados de populismo se establecieron por medio del análisis textual de los discursos. El proyecto fue supervisado por el profesor Kirk Hawkins, de la Brigham Young University, pionero en el uso de esta técnica. Pero además participaron 46 investigadores remunerados, quienes examinaron discursos en 13 idiomas de 138 políticos, 31 de los cuales gobernaron sus países de Europa, América y Asia entre 1999 y 2019. La Argentina fue uno de los países estudiados a través de los discursos de sus presidentes, lo cual incluye a Néstor Kirchner y CFK.
Los resultados son contundentes: el Kirchnerismo ni figura, pese a que fue investigado.
En lo que respecta a la Argentina, Fernando De la Rúa es considerado No Populista; Eduardo Duhalde (quien estuvo unos meses en forma interina a cargo del Poder Ejecutivo) como Algo Populista y Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner como No Populistas.
Con todos los cuidados que este tipo de investigaciones requieren, lo notable es la discrepancia entre los estudios de la academia y la prensa de los países centrales, con la visión ramplona del Presidente argentino y sus repetidoras. La Argentina de Macrì no volvió al mundo, se alejó de él, salvo como deudor.
El Financial Times menciona la defensa de los funcionarios: las estadísticas no reflejarían avances cualitativos como la mayor eficiencia de los programas sociales, pavimentación de calles en las villas, descenso de la tasa de homicidios y lucha contra el narcotráfico. «Seguro, el gobierno hizo algunas cosas por las que tal vez no ha recibido bastante reconocimiento», admite Paz Marcano, que cocina en una atestada olla popular. Pero cuando no podés alimentar a tus hijos, se puede perdonar ese olvido». La frase está ilustrada por una olla popular a pocos metros de la Casa Rosada.

La magnitud de la crisis.
En vísperas del paro general convocado para el martes 30 por una confluencia de fuerzas impensada hace no demasiado tiempo, que tiene sus figuras más notorias en el Hugo Negro y el Hugo Blanco, el bancario Sergio Palazzo y los líderes de diversos movimientos sociales, el Centro de Estudios de la CTA, Cifra, creado por Eduardo Basualdo, hará circular su Informe de Coyuntura N° 30, donde analiza la gravedad de la crisis y sus consecuencias. Preparado por los investigadores Mariano Barrera, María José Castells, Mariana González y Pablo Manzanelli, el informe considera limitado el alcance de la tregua de precios en un conjunto acotado de productos, la expansión del crédito a jubilados y beneficiarios de la AUH, el freno parcial a los aumentos de tarifas, con los que el gobierno intenta «amortiguar los efectos de la profunda recesión en la que está inmersa la economía argentina». Para Cifra «es improbable que se logre repetir la experiencia de 2017», dada la magnitud de la crisis actual, las restricciones presupuestarias y las dificultades para estabilizar el tipo de cambio.
La comparación con 2016, el año previo a las elecciones legislativas lo explicita. La caída del PIB en el último trimestre de 2018 alcanzó al 6,2%, mientras que en 2016 la mayor reducción fue del 3,9% en el segundo trimestre. «En ambos casos la recesión se concentró en los tres últimos trimestres, pero con una profundidad mucho mayor en 2018. No es un dato menor, a su vez, que entre ambos procesos recesivos hay una diferencia abismal»: En 2016 la reducción neta de empresas por cierres, fue de 1.406 firmas. En 2018, ese número se multiplicó por siete y medio: se perdieron 10.322 empresas.
Por supuesto, el impacto en materia laboral fue contundente: el nivel de desempleo subió al 9,1% en el último trimestre de 2018, el registro más alto de los cuartos trimestres desde 2005. Proyectado este aumento a nivel nacional, implica que en un año el número de desocupados se incrementó en 413.000. Este aumento se explica fundamentalmente por la caída en la tasa de empleo que se redujo de 43,0% a 42,2% sobre la población total.
Otra consecuencia fue una fuerte caída del salario real promedio de los asalariados registrados en el sector privado, del 8,5% interanual en enero de 2019. Esto se debe al elevado proceso inflacionario que Cambiemos creyó fácil resolver pero agravó respecto al gobierno anterior: la inflación promedio mensual durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner fue de 1,9% en tanto que la del gobierno de Macri alcanza el 2,7% mensual.
La situación es más delicada para los trabajadores del sector público, cuyas remuneraciones promedio se derrumbaron el 23,4% interanual en diciembre de 2018. Esta es una política buscada para reducir el peso de los salarios en las erogaciones del gobierno, como reclama el FMI. Mientras que en 2015 las remuneraciones eran el 14,8% de los gastos corrientes, en 2018 su peso se redujo al 12,9%. Peor el sector público, con el objetivo de licuar ese salario en dólares.
Como consecuencia, también aumentó la pobreza. La elevada tasa de pobreza difundida por el Indec (del 32% de la población en el segundo semestre de 2018), no es lo peor. Si se considera el último trimestre la pobreza ya llegaba al 35,8%, el nivel más alto de los últimos 10 años. Implica que en el final de 2018 se registraron 16 millones de personas en situación de pobreza, es decir, 4,3 millones más que en el cuarto trimestre de 2017.
La magnitud de esta crisis impide evaluarla con los parámetros de la recesión de 2016, más aún teniendo en cuenta que el megaendeudamiento que puso en marcha Cambiemos y que llegó al 86,2% del PIB generó una pesada carga de vencimientos que se acumulan en este segundo trimestre del año (se deben cancelar más de USD 20.000 millones), que el boom de las exportaciones que esperaba el gobierno no se verifica, y que el nuevo «festival de letras» basado en las Leliqs del Banco Central y las Letras del Tesoro Nacional «son una plétora de capital pasible de dolarizarse equivalentes nada menos que a USD 46.000 millones en un escenario signado por una elevada inestabilidad macroeconómica y de fuertes pugnas por el poder, incluso en el seno del bloque dominante».
El ajuste fiscal fue sustantivamente más fuerte en 2018 que en 2016, y es aún más intenso en los primeros tres meses de este año. «Los gastos primarios reales se redujeron 13,8% interanual, con un fuerte recorte en prestaciones sociales, especialmente jubilaciones y pensiones. Dado que los ingresos públicos también se achicaron como consecuencia de la recesión, el ajuste se presenta aún mayor que lo proyectado ante la voluntad de cumplir las metas acordadas con el FMI. El pago de intereses de la deuda pública continúa en ascenso: pasó de 60.522 millones a 125.129 millones de pesos en este período, lo que implica un ascenso de 36,2% en términos reales.
El gobierno incluyó en el presupuesto de 2019 un boom de las exportaciones, necesario para reactivar el nivel de actividad y aportar divisas que aliviaran las cuentas externas. Sin embargo en el primer trimestre del año (cuando todavía no se siente el efecto del agro), las exportaciones no sólo no batieron el récord vaticinado sino que cayeron, cortando el ascenso que se había registrado en el último trimestre de 2018. «Tal es así que descendieron 2,3% interanual en ese período, por la caída de los precios internacionales, aunque las cantidades registran una leve alza. A su vez, las ventas a Brasil menguaron 2,5% en el trimestre. Desde el punto de vista del saldo comercial este efecto se vio compensado por el impacto recesivo en las importaciones, que cayeron 28,0%. Ello permitió alcanzar un saldo positivo de U$D 2.015 millones en el año», muy inferior a lo esperado y a lo necesario.
En 2015 el déficit de la cuenta corriente llegaba al 2,7% del PIB y en 2018 a 5,4%, exactamente el doble. Ese es uno de los indicadores más sensibles que evalúan los inversores financieros. «Niveles superiores al 5% suelen ser considerados insostenibles, como lo demuestra la evolución económica reciente».
Después de la devaluación, en el último trimestre de 2018 el déficit de cuenta corriente descendió al 2,1% del PIB, por el saldo positivo del comercio exterior (USD 2.630 millones) -logrado principalmente por el efecto recesivo en las importaciones- y la reducción del déficit de turismo (USD -638 millones). Pero la continuidad en la mejora del saldo de comercio exterior requeriría la reacción de las exportaciones, que no se constató en el 1° trimestre del presente año.
Este es uno de los sustentos materiales de la corrida cambiaria, más allá de las intencionadas interpretaciones políticas que buscan explicación en cualquier lado menos en las cuentas nacionales.

La desconfianza.
Por otro lado, si se trata de buscar relatos, la Escuela de Gobierno de la Universidad privada Di Tella, uno de los semilleros de funcionarios del gobierno de los CEOs, mide mensualmente desde 2001 el Índice de Confianza en el gobierno, en una escala que va de 0 a 5. La encuesta nacional de abril de 2019 arroja una caída del 4,4% respecto del mes anterior y del 26% interanual.
El promedio de Macrì desde que asumió fue de 2,33. Esto supera el promedio de 1,71 de la primera presidencia de Cristina y el 1,83 de la segunda, pero no alcanza al 2,49 de Néstor Kirchner.
La medición del mes de abril fue de 1,53, el valor más bajo obtenido por el gobierno de Macrì desde que asumió. Esto es 15% menos que la medición del último mes de CFK: 1,80 en diciembre de 2015. «Ese descenso acompaña el agravamiento de los indicadores sociales, la persistencia de la tendencia inflacionaria, y problemas políticos relacionados con los organismos de inteligencia y el poder judicial (caso D’Alessio).
La Di Tella mide cinco subíndices. El gobierno retrocedió en cuatro y se mantuvo en uno:
Evaluación general del gobierno (0,97 puntos, 10% menos que en marzo); Capacidad para resolver los problemas del país (1,71 puntos, -8%); Eficiencia en la administración del gasto público (1,13 puntos); Preocupación por el interés general (1,26 puntos), ambos con una caída del 4%, en tanto que Honestidad de los funcionarios (2,58 puntos) no experimentó ninguna variación.