Industria: la gran deuda pampeana

El último Día de la Industria bajo el gobierno encabezado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no pasó desapercibido. En la celebración, la jefa de Estado pronunció un extenso discurso -una hora y media de duración- en el que abundó en datos y estadísticas que sintetizaron algunos de los resultados más visibles de sus políticas hacia el sector.
Es una fecha que no debería pasar desapercibida para los pampeanos, y menos para los gobernantes y aspirantes a serlo. Porque es la industria, precisamente, la gran asignatura pendiente de las sucesivas administraciones justicialistas que gobernaron esta provincia en forma ininterrumpida desde el retorno de las instituciones democráticas en 1983.
No casualmente en esta campaña electoral está presente el tema, porque ya se ha hecho más que evidente que La Pampa no puede seguir estancada en su matriz productiva agroestatal. La generación de valor agregado y de empleo genuino no va a venir de la mano de la actividad primaria ni de la administración pública. La industria es la gran impulsora que puede conjugar ambas necesidades imperiosas. No es ninguna novedad, pero la falta de energía y de creatividad para quebrar esa inercia es lo que hasta ahora ha predominado. Algunas iniciativas se han ensayado aunque con resultados muy pobres. Improvisación, deficiente asesoramiento o falta de compromiso firme con un objetivo tan trascendente se han conjugado en diversas proporciones para que hoy La Pampa siga mostrando una pobreza franciscana en la materia.
Algunas de las definiciones de la Presidenta en su discurso ante los industriales podrían servir de guía para los próximos gobernantes pampeanos. La mandataria puede hablar del tema porque a nivel nacional se ha registrado una recuperación de la actividad industrial que ha permitido revertir la pendiente cuesta abajo de varías décadas para volver a recuperar los valores más altos de producción industrial per cápita que se habían alcanzado en 1974. Por supuesto que falta mucho, pero lo realizado alcanza para mostrar que sin políticas públicas no se pueden combatir los procesos de decadencia y destrucción del aparato productivo que en nuestro país alcanzaron proporciones catastróficas.
Otro punto que mencionó CFK fue la importancia de las pequeñas y medianas empresas, a las que definió como “el motor de desarrollo”. Esa definición es relevante aunque no novedosa, pues el gran peso económico y generador de mano de obra que logran en conjunto las Pymes es bien conocido aquí y en todo el mundo, y debería ser un punto de partida para que el Estado pampeano se imponga como meta un creciente proceso de industrialización.
La activación de la demanda interna ante la crisis económica global que afecta a los socios comerciales de nuestro país -y no solo a Brasil-, es otra palanca que puede apuntalar los procesos productivos y reducir la influencia negativa del exterior. Si esta variable continúa con su impulso actual, debería operar como estímulo para apostar al tan ansiado despegue industrial.
En la campaña electoral, los candidatos con más probabilidades de llegar al Centro Cívico no han podido omitir esta cuestión, porque es tan ostensible el atraso que muestra La Pampa que ya no se puede esconder. Claro que no es la misma responsabilidad la que, ante el electorado, tiene el oficialismo, con más de tres décadas en el poder, que la oposición que nunca estuvo en el Centro Cívico. Pero más allá de esa diferencia -nada menor- lo cierto es que se agotó el tiempo de las promesas, y lo que esperan hoy los pampeanos son acciones concretas que se reflejen en mejores oportunidades laborales. La administración pública no puede seguir siendo la máxima aspiración de trabajo para miles de pampeanos que no ven otros estímulos en el ámbito de la producción. Ese oscuro panorama que domina hoy es la mejor muestra de un fracaso.