Industricidio

El cierre definitivo de la planta de Alpargatas no se produjo por una “tormenta” ni porque “pasaron cosas” ni por una “pesada herencia”, sino por la política económica que desde hace casi tres años viene castigando sin piedad a la industria nacional. La propia empresa lo señaló al decir que la principal causa de la clausura fue la “fuerte caída del consumo” y, en segundo lugar, la “creciente competencia externa”. Si alguien se tomara el trabajo de consultar a todas las fábricas del país que cerraron sus puertas en los últimos tiempos seguramente va a recibir, en la inmensa mayoría de los casos, las mismas respuestas.
Un informe del Centro de Economía Política de Argentina (CEPA) acaba de informar que en lo que va de 2018 se viene registrando un promedio de 154 despidos por día. En julio pasado las cesantías totalizaron 6.588, más del doble de las registradas en el mismo mes de 2017: 3.129. Este brutal incremento en la destrucción de puestos de trabajo se advierte también en otro número, esta vez oficial, conocido días atrás. Según el Indec el promedio nacional de la desocupación trepó al 9,6%, la más alta de los últimos doce años, y en Santa Rosa-Toay ascendió al 11,1%. No son pocos los economistas que desconfían de esas cifras y aseguran que están “dibujadas” con el propósito de ocultar que en todo el país el desempleo ya debe medirse con dos dígitos.
Para nuestra provincia el cierre de una industria que daba trabajo a 130 personas adquiere proporciones de desastre. La mejor prueba la ofreció el gremio textil cuando uno de sus dirigentes expresó que, de los 73 despedidos de Alpargatas en marzo, solo 10 encontraron trabajo.
Lo que está ocurriendo en el país es un verdadero “industricidio”, es decir, una política de destrucción industrial a escala jamás vista. Días atrás este diario publicó un informe oficial de la provincia de Santa Fe que reveló el cierre de 260 plantas industriales en apenas dos años. Y todo ello ocurre ante la absoluta indiferencia de un gobierno nacional que lleva adelante un plan económico neoliberal sin preocuparse por el tremendo daño que está provocando en el sector fabril ni en las grandes masas de desocupados que crecen sin parar como lo indican sus propias estadísticas.
Ningún país del mundo, ni siquiera los de mayor tradición liberal como Estados Unidos y las potencias de Europa occidental, aplican hoy las recetas ortodoxas del libre mercado con el fanatismo que se observa en Argentina. El cierre de las fronteras norteamericanas para el biodiésel argentino -con un costo de 1.600 millones de dólares anuales para nuestro país- es el mejor ejemplo. Pero ni aún así, con semejante bofetada por parte de un “aliado”, el macrismo aprende. Aferrado a su receta fondomonetarista, este gobierno de CEOs sigue impasible un rumbo económico que beneficia únicamente a los sectores más concentrados y poderosos y castiga sin piedad al resto.
En este escenario, el paro nacional que llevaron a cabo todas las centrales de trabajadores y los movimientos sociales puso en evidencia el enorme malestar y el fuerte nivel de rechazo que las políticas de Cambiemos provocan. El alto nivel de acatamiento a la medida mostró que las mayorías populares se sienten excluidas e ignoradas por un gobierno que solo piensa en los intereses de la elite económico-financiera.