Inseguridad, miedo y mentiras por TV

La marcha contra la inseguridad que se convocó ayer en Buenos Aires fue, en verdad, amplia y se promovió bajo la promesa de que no iban a tener lugar en ella manifestaciones políticas. Sin embargo en su desarrollo tuvieron lugar expresiones de ese tipo (que no es lo mismo que decir partidarias). Por citar algunas: la adhesión de las Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, fue recibida con un fuerte abucheo, en cambio, no hubo reprobación para las denominadas “Víctimas del terrorismo” que reivindican a los represores de la última dictadura; algunos grupos presentes se expresaron en favor de implantar la pena de muerte; una de las estrellas de la jornada fue Juan Carlos Blumberg de quien se recuerda el oportunista paquete de leyes que aprobó de madrugada el Congreso de la Nación y debió ser derogado al poco tiempo por su esperpéntico contenido. Por el lado de las omisiones, en la concentración que tuvo lugar frente al palacio legislativo nacional, nada se dijo de los violentos casos de gatillo fácil que se han denunciado en los últimos días y que han tenido por víctimas a jóvenes de condición humilde de villas de la CABA y el conurbano.
Pero lo que más sobresalió en la convocatoria fue la constante apelación a un concepto que viene siendo enarbolado por los grandes medios porteños, en especial la televisión. Se trata de las denominadas “puertas giratorias”, que estarían facilitando -según esa antojadiza versión- que los delincuentes “entren y salgan” de inmediato porque los jueces no los persiguen con la suficiente severidad. Una rápida consulta a las estadísticas permite desmentir semejante falsedad mediática. La población carcelaria entre 1999 y 2014 más que se duplicó en el país al pasar de 34 mil a 69 mil reclusos. En la provincia de Buenos Aires, el distrito más cuestionado, ya suman casi 40 mil los alojados tras las rejas, un número nunca antes visto, según las expresiones recientes de un juez.
La apelación permanente a soluciones rápidas y demagógicas para abordar el problema de la inseguridad es la constante en los medios porteños que convocan a una fauna variopinta para opinar con absoluta ligereza sobre lo que merece un análisis profundo y responsable. En paneles donde se destacan los que gritan más fuerte no se escuchan debates serios que aborden la gran complejidad que involucra a la seguridad pública sino una simplificación absurda e interesada. Por ejemplo, en general está ausente en esos shows toda consideración a la situación social del país, al crecimiento de la desocupación y la pobreza, a los niveles altísimos de jóvenes que dejaron de estudiar y no logran trabajar.
Por lejos, las “propuestas” que cosechan más aplausos en esos paneles apuntan a endurecer las penas del Código Penal y a ver la cárcel como “la” solución a la inseguridad. También los ataques a jueces considerados “garantistas”, a quienes les cuelgan ese apodo como si fuera un insulto en una demostración de supina ignorancia cívica. Pero lo peor es la defensa y hasta promoción de la mal llamada “justicia por mano propia”, que ha recibido fuerte respaldo hasta de las máximas figuras del gobierno nacional.
En lugar de promover el pensamiento y el debate responsable, con aporte de información veraz y sin recortes arbitrarios de la realidad, se persigue la simplificación y las reacciones más viscerales. Lo que en realidad se busca es impactar y hasta meter miedo en las audiencias, porque es bien sabido que una población con miedo es mucho más susceptible de ser manipulada y de inducirla para que acepte -y hasta reclame- políticas represivas y de control social de gran alcance, incluso con intervención de fuerzas militares.
Una de las conductoras que desde el palco dirigía la palabra en la movilización de ayer era una conocida periodista del Grupo Clarín. No hace falta decir mucho más.

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