INTA: un premio muy oportuno

El premio que obtuvo el INTA Anguil en un prestigioso certamen nacional resulta, sin duda alguna, muy oportuno. Se trata de la máxima distinción que otorga el Centro Internacional de Innovación en Tecnología Agropecuaria (CiTA todos los años en la Exposición Rural de Palermo para destacar los desarrollos más relevantes en materia de productividad en el agro. En este caso se distinguió un sistema de alimentación animal que sorprendió al jurado por su grado de sofisticación y eficiencia.
En verdad los pampeanos conocemos muy bien los logros del INTA aunque no siempre merezcan este tipo de reconocimientos en escenarios tan vistosos. Como provincia esencialmente agropecuaria, La Pampa le debe mucho a la labor de sus técnicos desde los tiempos iniciales, en la década de los cincuenta del siglo pasado, cuando el recordado ingeniero Guillermo Covas comenzara con sus investigaciones. Es imposible resumir aquí una historia tan rica y con tantos logros aunque bien puede decirse que no hay aspecto de la producción agropecuaria que no haya sido abordado por las políticas del organismo, tanto en nuestra provincia como en todo el territorio nacional.
Las sucesivas generaciones de técnicos tuvieron siempre en la mira un objetivo muy claro: contribuir al desarrollo del agro en sus más diversas manifestaciones, desde las grandes explotaciones extensivas hasta las más pequeñas unidades familiares, abordando incluso la producción de la tierra urbana mediante programas de estímulo a la actividad hortícola.
Hoy el INTA no se encuentra en un período floreciente, a causa de las políticas de un gobierno nacional que no tiene entre sus prioridades el desarrollo científico. El achique del presupuesto está limitando severamente sus potencialidades como también el plan de reducción de personal que pretende disminuir en un 8 por ciento la plantilla de empleados. Por el momento no se ha hablado del cierre de alguna de las 51 estaciones experimentales que posee en todo el país, pero las limitaciones presupuestarias están afectando las tareas como lo han denunciado los representantes gremiales.
El exitoso historial de la institución no parece conmover al gobierno. Tampoco la contradicción evidente entre un discurso oficial que dice promover las exportaciones agropecuarias para mejorar la alicaída balanza comercial mientras se aplica un rígido corsé a las inversiones y se jibariza el plantel de técnicos.
Como consuelo absurdo puede quedar el hecho de que las podas presupuestarias no discriminan en materia de ciencia y tecnología. Ahí están el Conicet y las universidades padeciendo idénticos males con notable afectación de sus actividades.
Ni siquiera el Invap -la joya del desarrollo tecnológico de punta- se salva de la devastación presupuestaria. El gobierno nacional acaba de suspender proyectos por un monto de casi mil millones de dólares y mantiene sin pagar una deuda exorbitante. Desarrollos satelitales, nucleares y de radarización han quedado ahora bajo un manto de incertidumbre.
El nulo interés del gobierno por el desarrollo nacional de la ciencia y la tecnología queda dramáticamente expuesto con estos ejemplos.