Intentos de explicar el momento político hoy

Señor Director:
En mis intentos por entender el momento político, he repetido que se hace necesario considerar que si bien la humanidad sigue dividida en naciones y regiones, conviene partir de la idea de que hoy, con los medios disponibles, se está produciendo de hecho un estado de unificación de la comunidad humana. Por lo tanto, ha pasado el momento de análisis centrados en un ámbito cerrado (la nación) o algo más amplio (la región). El ámbito operante es cada día más universal.
En mi nota de ayer tomé como referencia el comentario de un analista periodístico sobre el momento argentino. Después de escrita esa columna, pude enfrascarme en un análisis que hace Edgardo Mocca el pasado domingo en Página/12 sobre humores y futuro político argentino.
La voz humores puede sonar extraña, Mocca explica que la toma de Maquiavelo (El Príncipe) para referirse al antagonismo entre los “grandes” y el pueblo. También hay dos humores en la Argentina, que no son ni ideologías coherentes ni rigurosas inclusiones clasistas, pero que hacen posible el desarrollo de tal o cual proyecto político. El macrismo representa a la meritocracia individualista y neoliberal y le cuesta entrar en el territorio de una vasta y añeja cultura igualitaria, nacionalista y estatista. Tales son los humores que se enfrentan. Cuando se habla de unidad peronista para enfrentar al neoliberalismo se repite un mito, el de una unidad que existe “fuera del espacio y fuera de la historia”, porque muchos creen en ella y eso puede producir hechos políticos. Lo que realmente sucede es que hoy las elites peronistas participan de los dos humores antagónicos. Y “eso es curiosamente lo que acerca a Macri y a Pichetto”. En eso están los que organizan el pacto de la Moncloa criollo, porque “el problema de la unidad peronista no es de personalismos ni de rencores personales. Es el lugar histórico que cada grupo está dispuesto a ocupar”. El campo del peronismo del “orden y la gobernabilidad” está atravesado por una incertidumbre muy profunda: cómo preservar su poder y su influencia territorial sin liderazgos atractivos y pegando su conducta política a los avances del macrismo”. En este campo hay muchos que están sufriendo un desengaño, porque creían en un macrismo negociador y concesivo. Ese pacto no funciona. La mayoría de los gobernadores peronistas firma los acuerdos en materia fiscal, no como fruto de una aceitada negociación sino como resultado de una extorsión, pues el gobierno nacional puede abrir o cerrar los grifos de los recursos provinciales. Este peronismo del orden, sin proyecto político alternativo, sin liderazgos importantes y con graves problemas en ciernes en sus provincias “puede ser el pato de la boda macrista”.
Mocca agrega otra idea: que la política argentina puede no haber entendido el lugar histórico que el macrismo pretende ocupar, que es el de la vieja utopía regresiva de las clases dominantes argentinas. La utopía de reescribir la historia, borrando al peronismo de los derechos sociales, la organización obrera, la igualdad como bandera. Que incluye a la argentina yrigoyenista de los sueños de ascenso social, derechos ciudadanos y la constitución como programa. Hay incompatibilidad insalvable entre la utopía macrista y lo que da sentido a quienes reivindican la identidad peronista. El problema del peronismo es ahora cómo rehacer el frente que consiguió mayorías en los años siguientes al primer derrumbe neoliberal de 2001. “El momento es difícil porque arrecia la violencia político-judicial-mediática contra este sector de la política”.
Hay un relato que da cuenta de la invención de un ruiseñor artificial. Algunos quedan admirados, pero hay alguien que se va diciéndose: “Prefiero oír al ruiseñor”. Aconsejo leer a Mocca y a todos los que suman saberes para dar forma a una visión política, tarea más compleja de lo que se cree.
Atentamente:
Jotavé