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Internas calientes

I. Las internas de este caluroso febrero, tanto la de Cambiemos como la del justicialismo, tuvieron una fuerte «contaminación» de la política nacional. En el primer caso por la amplia derrota que sufrió el macrismo ante la UCR en la primera disputa intestina del interior del país; y en el segundo por la notable influencia que logró la figura de la expresidenta Cristina Kirchner en una contienda intra-peronista. Las repercusiones a nivel nacional de ambos resultados no se demoraron en llegar.

II. El radicalismo volvió a respirar al propinarle un duro revés a sus socios del PRO y motivó una inmediata expresión de Ricardo Alfonsín quien puso como ejemplo el comicio pampeano para volver a reclamar, con mayor énfasis, una PASO nacional en donde la UCR compita con candidatos propios ante Mauricio Macri. Es que la interna pampeana que consagró la candidatura de Daniel Kroneberger dejó ver que la «ola amarilla» que tuvo su máxima expresión en 2015 y 2017 -cuando el macrismo alcanzó su esplendor aquí y en el resto del país- ya pasó y mostró que el electorado local no es indiferente al desastre económico que está provocando el gobierno nacional.
Los que se recostaban en una presunta derechización de la ciudadanía para justificar la sociedad entre la UCR y el PRO deberán revisar sus pronósticos porque esta vez ni en General Pico -la cuna del otrora ascendente Martín Maquieyra- logró el macrismo evitar la derrota. Los números a favor de Kroneberger fueron tan holgados que sorprendieron a los propios radicales y la elección se constituyó así en una suerte de revancha por lo sucedido hace un año y medio cuando la división interna en la UCR le valió una dura derrota ante su socio de Cambiemos.
La campaña proselitista ya había mostrado diferencias entre los dos candidatos en temas sensibles como el rol de las cooperativas en la economía pampeana y la defensa de los recursos hídricos interprovinciales. En esas y otras cuestiones Mac Allister se alineó férreamente a la ortodoxia macrista -incluso con el aporte de altos funcionarios nacionales que a la postre le significaron más un estorbo que un apoyo-, en cambio Kroneberger se despegó con una agenda propia más sensible a las aspiraciones locales. Si bien es difícil establecer cuáles fueron las motivaciones principales y secundarias del resultado lo cierto es que esa «independencia» le rindió frutos al radicalismo y seguramente por estas horas estará en el centro del análisis de sus dirigentes.

III. Por el lado de la interna peronista en la capital provincial lo más destacado fue, por lejos, el triunfo por primera vez de una vertiente interna sólidamente identificada con la figura de Cristina Kirchner. Su candidato, Luciano Di Nápoli, siempre reivindicó su pertenencia al kirchnerismo y hasta en las fotografías de campaña se mostró al lado de la expresidenta. Ya conocido el triunfo, el ganador no dudó en atribuírselo a la senadora al decir, con todas las letras que «fue gracias a Cristina». Exactamente la misma evaluación hizo el nuevamente derrotado Jorge Lezcano al acuñar una frase que quedará en el anecdotario de las internas peronistas. «Se me cruzó Cristina», dijo al momento de reconocer la derrota.
Para confirmar lo certero de este análisis compartido entre ambos rivales, ahí estuvo la cobertura bien sesgada de los grandes medios porteños que, al informar sobre las elecciones del domingo en La Pampa, le dedicaron grandes espacios al triunfo de la UCR sobre el PRO pero ignoraron por completo la resonante victoria del kirchnerismo en la capital provincial. Esta censura a la primera compulsa dentro del peronismo en el interior del país es una muestra cabal de su relevancia y del mensaje que envía más allá de las fronteras de nuestra provincia en donde el justicialismo se encuentra sumido en fuertes tensiones internas que tienen como eje, precisamente, el rol de la expresidenta con vistas a las elecciones de octubre.