Internet: otro mito que se cae

Pasó muy poco tiempo para que, a tono con los vertiginosos cambios que imprime la evolución tecnológica, especialmente la vinculada a la cibernética, cayera un mito. Los gurúes de la postmodernidad, y algunos ingenuos bienintecionados, pronosticaron que internet iba a producir cambios dramáticos en el panorama de los medios de comunicación. Según esos “expertos”, las redes sociales, los blogs, los websites con contenido informativo iban a convertirse en adalides del “nuevo periodismo” y, todavía más, iban a desafiar a los grandes medios tradicionales aportando una visión “independiente” o “progresista” muy diferente a la de la gran prensa corporativa de perfil conservador.
Venezuela nos está mostrando que esos vaticinios están muy lejos de concretarse. Que la contracara a la hegemonía a los grandes diarios y cadenas televisivas no está hoy en internet. Al contrario, en buena medida las redes sociales han sumado su poder de penetración para multiplicar la visión golpista de la gran prensa tradicional, con un añadido especial: las mentiras que propaga son incluso mayores, y los fraudes en la divulgación de imágenes está alcanzando en internet dimensiones colosales.
Solo los muy ingenuos o desprevenidos pueden hoy señalar que internet es ese lugar idílico que tiempo atrás se pregonaba, esa suerte de espacio igualitario, democrático, en donde la información iba a circular libremente, sin trabas ni censura. Ese relato cándido y edulcorado está siendo demolido por la contundencia de los hechos.
En internet, hay enormes empresas multinacionales que manejan los servidores y por tanto tienen la capacidad de direccionar y manipular los sistemas de búsqueda de contenidos. Pueden destacar algunos y ocultar otros con la enorme facilidad que les brinda la tecnología. Además, la gran red es hoy un espacio absolutamente intoxicado por la acción de las múltiples agencias gubernamentales de espionaje de Estados Unidos y sus países aliados que han invertido ingentes sumas de dinero para controlar y espiar hasta el último rincón del ciberespacio.
Esa suerte de “gran hermano” global extremadamente sofisticado y eficiente se generó en el supercapitalismo de nuestros días y no en el antiguo comunismo, destruyéndose también el mito creado por George Orwell en su recordado libro “1984”.
Lo cierto es que vuelve a demostrarse que el contenido y la línea de los medios de comunicación, su compromiso con la honestidad informativa, su trayectoria es independiente de su formato. No es el soporte el que define a un medio sino su dirección y sus periodistas, su rigor profesional, sus objetivos a la hora de asumir la tarea de informar. El inmenso laboratorio comunicacional que hoy es América Latina es la mejor prueba de esto que aquí se afirma.
Quien se proponga un mínimo esfuerzo para no dejarse ganar por la indolencia o la pereza y quiera afrontar la tarea de asumir un rol crítico ante los procesos políticos que se están viviendo, tiene en América Latina un inmenso escenario y campo de observación por demás interesante. En nuestro continente la política, la economía, las comunicaciones nos muestran como nunca antes un campo de batalla ideológico por demás interesante para observar, analizar y extraer conclusiones que enriquezcan nuestra percepción de la sociedad y que nos vuelvan individuos con mayor grado de conciencia y autonomía.
Es una oportunidad que nunca estuvo al alcance de tanta gente como ahora. Por lo tanto sería una verdadera lástima desaprovecharla para sumarnos, en cambio, a las multitudes que mansamente asumen un rol pasivo frente a las pantallas de la TV y de internet y hacen propio los discursos que bajan los grandes medios corporativos que solo buscan pasivos consumidores de imágenes-chatarra en lugar de ciudadanos activos, críticos y con pensamiento independiente.