Ir al choque ¿gestión o estrategia política?

LA SEMANA PAMPEANA

I – El conflicto gremial que enfrenta al intendente con el sindicato municipal trajo a la memoria de los viejos santarroseños otro conflicto que, como éste, puso contra las cuerdas a la administración mofepista del recordado Ramón Turnes que dimitió al no poder resolverlo. El Mofepa es hoy uno de los socios de la alianza que llevó al poder a Leandro Altolaguirre y los vecinos de la capital esperan que aquélla experiencia sirva de algo a la hora de hacer todo lo posible para resolver el conflicto y no, como parece que es la intención municipal, echar más leña al fuego.

II – La irrupción del intendente en medio de la manifestación provocando con gestos y palabras, las declaraciones de funcionarios poniendo en duda el pago de la suma fija y su legalidad y, por si hacía falta algo más, la novedad sobre el fin de semana del rechazo de la comuna a la conciliación obligatoria, marcan a las claras una intención beligerante en la conducción municipal que dista mucho de la prudencia y buen tino imprescindibles en el manejo de un conflicto que, en vez de atenuarse, parece crecer en virulencia.

III – A esta altura de las cosas, los vecinos se preguntan si esta escalada de enfrentamientos que ha planteado como modo de gestión el intendente es solo fruto de su incapacidad para acordar, consensuar, dialogar y llegar a acuerdos posibles. Dentro del partido, hay quienes hacen otra lectura de esta vocación de choque de Altolaguirre: dicen que no tiene que ver con la gestión municipal ni con el interés de los vecinos, sino con una táctica política para presentarse como el paladín contra los “empleados haraganes”, la “dirigencia cooperativa extorsionadora”, el “gobierno provincial discriminador”. Es, aseguran, un plan de construcción de liderazgo “fuerte” en un partido donde los liderazgos son más bien “light”. Buscaría así, como estrategia final, lograr protagonismo partidario interno dentro del radicalismo donde pocos pueden competir en la consideración mediática con semejante despliegue de frentes abiertos y toda la parafernalia periodística que eso genera.

IV – La sucesión casi matemática de un enfrentamiento en cada pequeño o gran problema otorga cierta credibilidad a esta mirada sobre la belicosa gestión municipal. Más aún, el acercamiento de Altolaguirre al Pro y al Colo Mac Allister, con el que se saca fotos y lo acompaña en su intento de conformar la mesa provincial de Cambiemos (aunque el partido radical y el Frepam no quieran), es leída como la confirmación de que, detrás de la gestión belicosa del intendente, hay un plan claro para diferenciarse dentro del radicalismo con miras al futuro político de ambos. Sobre el fin de semana, la presencia del jefe comunal santarroseño en el encuentro del presidente Mauricio Macri con mil intendentes del interior en Tecnópolis, dio otro argumento a esta lectura política que trata de explicar su conducta díscola.

V – El cachetazo que el Frepam le dio al Colo Mac Allister en la Cámara de Diputados con su voto “no positivo” en contra de la hermana del dirigente del Pro (que antes les había mojado la oreja advirtiéndoles que, si no lo hacían, eran unos corruptos), sumó elementos a los que sostienen esta versión de la estrategia de posicionamiento del intendente sobreactuando conflictos y tendiendo puentes con Cambiemos. Así leída, la elección de Beninato sería, de algún modo, una respuesta a esas veleidades del intendente de “patear el tablero” del equilibrio de poder entre las líneas internas del partido de Alem en La Pampa. (En su respuesta a la jugada legislativa del ala “no acuerdista”, el Colo dio otra pista: “hay quienes quieren construir, y quienes no… y yo estoy entre los que quieren construir”. A buen entendedor…).

VI – Mientras toda esta pirotecnia política ocupa a los popes del radicalismo y sus socios vergonzantes, los que gobiernan la municipalidad parecen olvidar su función. En la semana se hizo, en la sede de la Administración Provincial del Agua, el acto de apertura de la licitación para el reemplazo de conexiones y de medidores domiciliarios de agua en un amplio sector de la ciudad. Se dio así comienzo, en los hechos -y luego de tanto anuncio y promesa- a la primera obra de lo que se planteó, con bombos y platillos y como una prioridad de la gestión municipal, como el “plan de mitigación” del problema hídrico de la ciudad que desvela a los vecinos y debería desvelar a los funcionarios. Pero la ausencia de autoridades municipales en ese acto parece confirmar los temores de quienes, al interior del radicalismo, malician que la gestión se orienta más a construir el futuro político del intendente que al futuro bienestar de los vecinos que lo votaron. (LVS)

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