Israel sólo quiere boicotear un Estado palestino

¿Quién va a creer, ni por un momento, que los cohetes que lanzan las organizaciones palestinas amenazan a un Estado, Israel, cuyas fuerzas armadas están entre las cinco más poderosas del mundo?
PIERRE BARBANCEY*
El objetivo de Israel es enterrar el proceso de paz y eliminar la posibilidad de la creación de un auténtico Estado palestino. Con la complicidad de Washington, París y Bruselas.
Sin proponérselo, Israel ha demostrado que la ocupación de los territorios palestinos está arraigada en el corazón de la problemática de Oriente Próximo y Medio. ¿Hay otra región en el mundo en la que en unas pocas horas se haya asesinado a más de 500 personas de esta forma? Irak y Afganistán están aniquilados. Y sobre todo, ¿existe un país en el mundo en el que se permita semejante masacre con el apoyo implícito de las principales potencias mundiales? ¿Por qué? ¿Cuál es la razón? ¿Quién se va a tragar, ni por un momento, que los cohetes que lanzan las organizaciones palestinas amenazan a un Estado, Israel, cuyo ejército está entre los cinco más poderosos del mundo? Especialmente teniendo en cuenta que mientras las bombas israelíes llovían sobre Gaza este fin de semana, seguían los lanzamientos de cohetes. Éste es el balance: un muerto en el bando israelí; más de 500 palestinos.

Guerra electoral.
El estallido de violencia por parte de Tel Aviv al cual estamos asistiendo, en realidad se debe a que la victoria en las elecciones legislativas (programadas para el 10 de febrero) será determinada por el carácter belicista de los candidatos. El Likud de Netanyahu impulsa la guerra. No hace falta más para que Tzipi Livni, actual ministra de Asuntos Exteriores que sueña con ser primera ministra, y Ehud Barak, ministro de Defensa, calienten los reactores de los F16 y prueben sus nuevas máquinas de matar.
Pero las elecciones no lo explican todo. Y mucho menos la excusa de los cohetes. Hay un plan, una voluntad política incrustada en los misiles que se estrellan contra Gaza. La primera intención es posponer para siempre la creación de un auténtico Estado palestino haciendo más honda la sima geográfica entre la Franja de Gaza y Cisjordania, entre Hamás y los componentes de la OLP, empezando por Fatah. ¿No es sorprendente que este ataque se haya producido al día siguiente de una nueva tregua de 24 horas declarada por Hamás y cuando todo el mundo sabe perfectamente que los últimos lanzamientos de cohetes sobre Israel han sido obra de grupos tan diversos como la Yihad islámica o las brigadas de Al Aqsa, próximas a Fatah? Esto es tanto más sorprendente en cuanto que Hamás es sensible al estado de ánimo de la población palestina, lo que explica a menudo sus cambios de actitud, el cese de los atentados suicidas o la aceptación de treguas.

Potencia guerrerista.
Israel no quiere la paz. No es con las bombas como acabará con la resistencia de un pueblo ocupado desde hace más de cuarenta años. Al fin y al cabo, los dirigentes israelíes tienen el apoyo de la administración estadounidense y de los dirigentes de la Unión Europea, con Nicolas Sarkozy a la cabeza. Simplemente porque Israel ha conseguido imponer su “imprescindible” presencia en la estrategia occidental en Oriente Medio estableciéndose como una muralla frente a una hipotética invasión islamista. Poco importan la falsedad del argumento y, sobre todo, la mezcla de géneros (como se hizo entre el Irak de Sadam y Al Qaeda) que permiten presentar el peligro para la existencia de Israel e intensificar el concepto de Estado judío, que hacen se olvide la ocupación y de paso se justifique la posesión de armas atómicas. De ahí las declaraciones de los dirigentes occidentales que echan la culpa de los trágicos sucesos de estos últimos días a Hamás y ponen en pie de igualdad a los ocupantes y a los ocupados mientras llaman a la moderación “a las dos partes”.

Aplastar la resistencia.
Con esta actuación, Israel intensifica un poco más al movimiento nacional palestino. Las manifestaciones se multiplican en Cisjordania contra la masacre perpetrada en Gaza y contra las inhumanas condiciones de vida que se agravan un poco más cada día. Un resentimiento que se expresa especialmente contra el ocupante pero que podría caer claramente sobre Mahmud Abbas, el actual presidente de la Autoridad Palestina, cuyas declaraciones causan perplejidad y que aparece cada vez más debilitado tanto entre los palestinos como en el escenario internacional. Los israelíes dejaron que la situación se pudriera esperando que cayeran los frutos maduros: el aplastamiento de Hamás en Gaza y la extinción de Fatah en Cisjordania. Así sólo quedarán algunos jefes de tribus con quienes será muy fácil negociar la atribución de colonias vacías de sentido y realidad económica en las que, además, los dirigentes israelíes podrían entonces integrar a los árabes de Israel, como pretende Tzipi Livni. Para llevar a cabo esta jugarreta necesitan cómplices. Con Washington, París y Bruselas ya los han encontrado.

*Publicado en L’Humanité, París, Francia.