Jorge y el complot de los tiempos y de los hombres

La ola de rumores se da en un gobierno que todavía no hace pie firme, no tiene el respaldo de un PJ desdibujado ni una política comunicacional. Las vacilaciones también hacen lo suyo y hasta lo discuten los ruralistas. Las crisis de estos últimos meses no ayudan para que Jorge tenga un gobierno fácil.
NORBERTO G. ASQUINI
Esta semana se recordaron los tiempos de las corridas bancarias y la avidez por el dólar ante una posible devaluación del peso y hasta la posibilidad de un nuevo “corralito” financiero. La intranquilidad fue un hecho generado por los rumores de una escapada de la moneda extranjera, que circularon en todo el país, o al menos en los correos electrónicos de gran parte de los usuarios conectados a la red.
Estos mensajes tuvieron como caldo de cultivo el conflicto persistente entre el gobierno nacional y el sector rural por las medidas económicas en base a las retenciones. Hace dos meses que comenzó este tira y afloje entre el Ejecutivo y los propietarios rurales y por ahora no hay acuerdo.

Acá nomás.
En la provincia se vivió otra cuestión parecida. La “usina de rumores” está instalada en el sector político y parte de la sociedad. La Pampa vive a su manera un estado de intranquilidad que es nacional, pero repercute con sus características propias en esta tierra a raíz de algunos acontecimientos que la han potenciado.
Y con un gobierno que no las tuvo todas consigo. Parece que hay un complot de los tiempos, y de los hombres, para no hacércelas fácil al gobernador Oscar Mario Jorge. Desde el 10 de diciembre de 2007 cuando asumió, fueron pocas las semanas que tuvo de tranquilidad. Sumemos: la crisis generada por el ex intendente Juan Carlos Tierno, las protestas de los docentes y los trabajadores de la salud pública, la falta de conducción en el PJ que debilita a su gestión, las diferencias internas en la Línea Plural, el déficit de la comuna santarroseña y la protesta del campo que parece aumentar su irritación y hasta discutir su autoridad.
Muchos analizan que la forma de gobernar del mandatario con tiempos propios y escasa delegación a sus funcionarios también influye en este estado de cosas. En tiempos más calmos esto hubiera sido una cuestión menor. Pero en épocas agitadas se afirma -opinión compartida hasta por funcionarios- que ese perfil administrativista se conjuga para generar inconvenientes al gobierno.

Renuncias y renuncias.
Esta semana renunció el ministro de Educación Juan Víctor Bensusan, uno de los alfiles jorgistas. Según fuentes cercanas al entorno del gobernador, fue por cuestiones de presupuesto. La diferencia entre el funcionario y el gobernador surgió por la manera de gestionar lo educativo. Las causas centrales fueron la discusión de la puesta en marcha de la nueva ley educativa que necesitaba fondos y la falta de autonomía presupuestaria que le habría dejado Jorge a su ministro.
Fue el tercer ministro que en poco más de cinco meses de gestión se le escapa de un gabinete que no parece consolidarse.
Al día siguiente a la ida de Bensusan arreciaron desde Casa de Gobierno, en las charlas de oficina, por teléfono, chat, correo electrónico o mensajes de texto, la posibilidad de que hubiera renunciado el ministro de la Producción, Abelardo Ferrán. Fue después de la protesta de los productores rurales pampeanos que, enojados porque Jorge no los recibió el día anterior después de tener prevista una reunión para hablar sobre el conflicto, los dejó plantados.
Y este hecho es una de las claves que impulsan esa usina de rumores. Un gobernador que por su perfil, frente a los conflictos, como fue esta semana el del campo, genera dudas con sus vacilaciones o mensajes ambiguos.

Sin comunicación.
Producto de las indefiniciones, parece que el mandatario no tiene ni siquiera gente propia para llenar el organigrama gubernamental. Todavía hoy le falta ocupar el casillero del secretario de Medios -hoy a cargo del polifuncional secretario General de la Gobernación, Raúl Ortiz- un puesto de importancia que determina la política comunicacional del gobierno.
Tal vez ya tenga el nombre y lo lance en los próximos días, como afirmó un funcionario vernista, pero esta irresolución le trae aparejada a su gestión muchos problemas y alimenta esos persistentes rumores de todo tipo que no ayudan a la gobernabilidad.
La falta de diálogo en tiempos “crispados” también hace lo suyo. Pasó con los ruralistas pampeanos esta semana cuando la reunión que iban a sostener con ellos tomó vuelo nacional en los medios y decidió suspenderla para no quedar como que respaldaba a los productores ante los medios de prensa nacionales, auscultados por el gobierno kirchnerista. Los ruralistas llegaron a discutir su autoridad cuando le cortaron el paso al volver de Buenos Aires.
A diferencia de esta situación, el diálogo ayudó esta semana en otro caso a superar el conflicto con los trabajadores de los hospitales pampeanos. Reclamos que, como se vio, eran justos, y se acarrearon desde el ’95 para llegar a su máxima expresión este año. Fue un sector de esos empleados el que, con una estrategia discutible o no, llevó adelante el conflicto y consiguió una respuesta a sus reivindicaciones. Y demostró que sólo los sectores estatales -salud y docentes- que han ido al paro han conseguido hacer valer sus reclamos.

Sin liderazgo.
El gobierno está debilitado por otra cuestión. El PJ está sin liderazgo y sus huestes están acostumbradas a que el que gobierna, conduce. Y la conducción del partido no pasa por Casa de Gobierno.
Hoy la institución partidaria del PJ es una caricatura. Su presidente por descarte, Carlos Aragonés, apenas pudo reunir gente en los actos que por el natalicio de Eva Perón organizó hace algunos días en General Pico y Santa Rosa.
Los dos jefes de los sectores más importantes, Carlos Verna y Rubén Marín, renunciaron a la presidencia del PJ y hoy no salen públicamente a sentar posición después de la crisis generada por Tierno. Parecen esperar a que pase el 31 de agosto la elección de Santa Rosa. Este vacío de poder genera, como hemos dicho en otras oportunidades, espacios para que se desmembren las corrientes mayoritarias del justicialismo dado que se abre la oportunidad para que algunos dirigentes se sientan con posibilidades para intentar obtener poder propio.
También esta falta de liderazgo provoca que muchos intendentes frente al conflicto gobierno-campo, si bien suscribieron un documento conciliador junto a Jorge, terminen apoyando a los ruralistas y asistan a las manifestaciones que realizan los productores rurales, sostén de las economías de sus pueblos.
Ante este panorama, los primeros meses de Jorge no tuvieron la tranquilidad que esperaba y los momentos críticos se han sumado sin avisar. Aún le esperan tres años y medio de gestión. Habrá que ver si estos vaivenes políticos dejarán algún desgaste en su capital político como mandatario de cara a futuro.