Jugando con fuego

La rimbombante denuncia de fraude que aglutinó a todo el arco opositor del centro a la derecha se encuadra perfectamente como un síntoma de época. En ausencia de ideas y proyectos, lo que se impone es la lógica televisiva del marketing político, y termina prevaleciendo el envase por sobre el contenido.
El gran despliegue mediático a través de la cadena nacional de los grandes medios hegemónicos fue el complemento indispensable para que el tema se metiera en la agenda. Tener durante varias horas al día, y durante varios días, a los rostros de la centroderecha en las pantallas televisivas y en las tapas de los diarios de mayor circulación es la mejor garantía de que la palabra “fraude” sea incorporada por buena parte de la ciudadanía. No importa que se trate de un engaño, tampoco importa que las autoridades electorales hayan negado rotundamente que se esté ante un fraude, ni que los hechos denunciados de quema y destrucción de urnas en Tucumán afecte a un número insignificante en relación al conjunto. Ni siquiera que en esas urnas ultrajadas el Frente para la Victoria hubiera ganado muy holgadamente en las recientes PASO, como lo advirtiera no un dirigente oficialista sino el nada kirchnerista diario La Nación.
Imponer la idea de “fraude” de prepo y con la fuerza bruta de la televisión opositora funcionando a todo vapor esconde un propósito vil: sembrar sospechas sobre el resultado de las elecciones del 25 de octubre para intentar retacearle legitimidad al gobierno que surja de esa instancia. La oposición parece no advertir que, sin proponérselo, lo que está haciendo es admitir su propia derrota.
Resulta descabellado proponer un cambio tan radical en todo el sistema de votación a partir de la quema de algunas urnas en una provincia y, para peor, en medio del proceso electoral. Sería como si en la ciudad de Buenos Aires o en Salta, en donde se implementó el voto electrónico, se proponga volver al sistema tradicional en la eventualidad de que algunos inadaptados rompieran computadoras.
El delito de una ínfima minoría no puede justificar, de apuro, semejante cambio que es imposible de aplicar en tan corto tiempo. Por lo demás, en esas repudiables acciones delictivas en Tucumán, están implicados dirigentes opositores.
Un sistema nuevo requiere, en principio, una profunda y amplia discusión previa en el Congreso de la Nación que no esté sujeta al tiempo perentorio de una elección ya convocada. En la eventualidad de que sea aprobado, se debe implementar una compleja tarea de capacitación de casi 200 mil personas en todo el país, que son las autoridades de mesa, y lo mismo con los fiscales de todos los partidos políticos.
Hay otro problema que debe estudiarse con mucho cuidado. En solo seis países se ha impuesto el voto electrónico y en uno de ellos, Alemania, se resolvió abandonarlo y volver al sistema tradicional a causa de los problemas registrados.
En Tucumán se pueden contar nuevamente todos los votos y hasta hacer sufragar de vuelta en las mesas saqueadas por los delincuentes. Lo que no se puede hacer es desconocer un acto electoral válido -que contó con una concurrencia de ciudadanos mayor con respecto a las elecciones anteriores- por el accionar delictivo de unos pocos, que afectó menos del uno por ciento del padrón, y que ahora están presos a disposición de la Justicia.
Las principales cabezas de la oposición, con esta sobreactuación mediática que busca el rédito político inmediato, parecen no reparar en el daño que le hacen al sistema democrático. En lugar de apaciguar y esperar que actúe la justicia electoral y la ordinaria, están fomentando la crispación en Tucumán en donde ya se escuchan expresiones golpistas que convocan a “incendiar la casa de gobierno y romper todo”.
La oposición argentina ¿está sumándose al agresivo proceso continental que ya viene afectando a Brasil, Ecuador y Venezuela con ataques desmesurados a los gobiernos legítimos de esos países?