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La banca oficial

El caos financiero vivido por el país en el año que finaliza y las turbulencias que afectaron a los actores de la actividad financiera contribuyeron a que algunas fechas significativas pasaran desapercibidas o al menos carecieran de la trascendencia que hubieran merecido. Uno de esos casos es el correspondiente a un nuevo aniversario de la creación del Banco de La Pampa, que en mayo cumpliera 60 años de vida.
La idea de una institución bancaria funcional a los intereses pampeanos surgió casi con la provincia misma y contó, al margen de la acción oficial que había sido su impulsora, con el respaldo de las fuerzas del comercio y la incipiente industria de la por entonces joven provincia, que se acercaron al proyecto para darle protagonismo al sector privado. Así, en mayo de 1959 comenzó el funcionamiento efectivo de la entidad abriéndose al público
Comentar este aniversario no es una disquisición forzada ni ocasional. Se trata de evaluar una gestión de raíz oficial que supo concretarse en un momento oportuno y mantenerse en el tiempo. Al momento de surgir la institución el panorama bancario se caracterizaba por las múltiples posibilidades que ofrecía, tantas que por esos años prácticamente no hubo provincia que no promoviera la creación de su propia entidad crediticia, en virtud de las posibilidades que se abrían al desarrollo interno.
Con los altibajos que son propios de cualquier actividad, especialmente en un país tan inestable política y económicamente como Argentina, el Banco de La Pampa siempre procuró mantener el objetivo central de ser una entidad de cobertura regional, con propuestas dirigidas a la pequeña y mediana empresa -especialmente las del sector agropecuario- pero sin descuidar las necesidades propias del nivel familiar, no por reducidas menos importantes dentro de la perspectiva de una institución de fomento económico.
Tuvo también la capacidad de desenvolverse con continuidad y solvencia como agente financiero del Estado provincial, contribuyendo a mantener la condición que distingue a La Pampa entre sus pares por sus finanzas saneadas. Tampoco abandonó aquella intención de los inicios de oficiar como un agente dinamizador del crédito no especulativo, apuntando a cubrir objetivos que armonizaban la actividad económica con las distintas zonas pampeanas.
Pero acaso el mejor indicador de su solidez institucional y económica radique en un hecho más que elocuente: las políticas que rigieron la actividad financiera durante el período neoliberal de la década de los noventa del siglo pasado dieron por resultado la desaparición o privatización de la mayoría de los bancos provinciales, surgidos años atrás con intenciones similares a las de la institución de nuestra provincia. El Banco de La Pampa logró permanecer con su misma constitución societaria, una rareza digna de destacarse en el panorama financiero del país.
Y para quienes evalúan cualquier emprendimiento desde la óptica meramente economicista es significativo señalar que el capital mixto -oficial y privado- hasta la actualidad ha sabido funcionar correctamente sobre más de 200 mil clientes, con una presencia que se extiende sobre seis provincias ligadas a La Pampa por intereses regionales. Resulta obvio añadir que la institución cuenta con sucursales en casi todas las localidades de la provincia.