La batalla contra drogas hacia nueva orientación

Señor Director:
El reciente debate en la asamblea de las Naciones Unidas sobre el tema de la adicción a las drogas marcó un importante cambio en la estrategia encaminada a afrontar el problema social que genera.
Al mismo tiempo ha, avanzado el conocimiento de ciertos efectos no previstos de la estrategia que ha podido llamar bélica o belicista porque habla de una guerra contra la droga y tiende a dar un papel predominante a la intervención policial y hasta militar, que ha deparado una inesperada forma de ese “daño colateral” y ha llevado a acuñar esta frase para una aplicación hipócrita. En la guerra real se habla de “daño colateral” si el bombardeo a una ciudad arrasa un hospital como viene repitiéndose en Medio Oriente y en Afganistán, pero que se conoce desde el tristemente célebre bombardeo de Dresde por la aviación aliada en la II Guerra Mundial. Lo hipócrita resulta de fingir que hubo alguna especie de error (humano o técnico) cuando mueren enfermos, mujeres y niños, como si no fuera que el objetivo de escoger las ciudades como blancos es precisamente desalentar a la población civil para debilitar su papel de apoyo a los que combaten en los frentes tradicionales. Desde que el avión se convirtió en arma, precediendo a los misiles, la población civil empezó a ser un blanco bélico y también político. Y no es que las guerras anteriores respetaran realmente a enfermos, ancianos y civiles en general, pues éstos siempre sufrieron tanto o más que en la línea de fuego, ya que padecieron hambre, privaciones y abusos desde el principio y luego el peso posbélico, el de reconstrucción, caía entero sobre sus hombros.
Hablo de una variedad de “daño colateral” de la acción estatal contra la droga, porque uno de los efectos del planteo belicista es la corrupción. Dado que la droga mueve mucho dinero, hay con qué tentar a quienes deberían combatirla. Hace un par de años la policía aeroportuaria reveló en Santa Fe que había policías de las brigadas especiales de lucha contra la droga, que favorecían a determinados personajes del narcotráfico. Desde entonces hasta hoy esa provincia ha tenido que enfrentar una enmarañada tarea de limpieza de su policía. El año pasado saltó al conocimiento público el caso de un juez federal de Salta que liberaba zonas a los narcos. Este juez, Raúl Reynoso, acaba de ser detenido al cesar sus fueros de magistrado judicial porque renunció al cargo y su renuncia fue aceptada de inmediato. En el proceso por asociación ilícita y prevaricato que se inició hace más de un año por proteger a una banda de narcotraficantes también están incluidos tres abogados y otras cuatro personas. Después de este caso salieron a la luz situaciones equivalentes en Córdoba y otras provincias. Días atrás, en San Juan, quedaron detenidos dos altos jefes policiales. Uno de ellos jefe de la dirección de Judiciales y el otro subjefe de Drogas Ilegales. El gobierno sanjuanino tuvo que descabezar esta última división. Por los mismos días quedaron detenidos en Rosario siete individuos, entre ellos cuatro policías, tres de los cuales protegían a una banda de narcos y el cuarto por irregularidad en el uso de armas.
La asamblea de la ONU recomendó basar la acción contra la droga como problema sanitario. El caso de Costa Salguero, en Bs. Aires, todavía en proceso de investigación, está revelando una trama densa de complicidades que curiosamente no tiene mayor difusión por la mayoría de los grandes medios. Portugal descriminalizó (sin legalizar) el consumo de todas las drogas en el año 2000. El adicto deja de ser el objetivo a atacar y pasa a ser el que debe ser rescatado. Desarrolló el servicio de salud y reemplazó a los tribunales por comisiones de disuasión para orientar y asesorar. Ya cuenta con resultados eficaces y centra la lucha actual contra la medicación excesiva del consumidor de drogas. Colombia busca reorientar su política.
Atentamente:
Jotavé