La caída de la clases medias

Hay pocos objetos de consumo como el automóvil para distinguir a la clases medias de nuestro país. Es mucho más que un medio de transporte, es una marca de pertenencia a un nivel social que suele exhibirse no sin jactancia por quienes no se preocupan por ocultar sus aspiraciones de ascenso en la pirámide socioeconómica.
La caída en el patentamiento de automóviles en septiembre registró nada menos que el 35 por ciento con relación a la medición de un año atrás. Fue un descenso brutal, sin anestesia, que habla con total claridad de la pérdida de poder adquisitivo de los sueldos medios y altos en la franja de la llamada “aristocracia” de los asalariados.
Estamos hablando del segmento social que también dejó raudamente de comprar paquetes de vacaciones en el exterior porque no puede afrontar los costos que impone un dólar por encima de los 40 pesos. Es el mismo segmento que se viene retirando de los shopings y está provocando un marcado descenso en las ventas de estos espacios comerciales que tanto atraen a quienes se quieren diferenciar de los sectores humildes.
Todavía es prematuro decir que estamos cerca de aquel grito de “piquete y cacerola, la lucha es una sola” que aturdía durante la gran crisis de 2001 cuando estalló la convertibilidad, pero lo cierto es que el tobogán que fabricó el macrismo está mandando para abajo a millones de argentinos que dejan de consumir objetos muy preciados que constituyen el carné de pertenencia al otrora amplio club de las clases medias. Día a día esta franja se está angostando, perdiendo por goteo desde sus sectores menos favorecidos a quienes se caen sin paracaídas y ven consternados la pérdida del antiguo status.
El exdiputado Carlos Heller brindó un dato revelador: el salario promedio de los argentinos, medido en dólares, habría llegado en septiembre a la mitad del que tenía en diciembre de 2015. No hace falta más explicación para comprender esta crisis de la clase media. Menos autos, menos shopings, menos vacaciones en el Caribe, menos colegios caros en Buenos Aires y otras ciudades grandes… El futuro horroroso de las clases medias llegó. Y de acuerdo a los discursos del presidente y el ministro de Economía nada bueno se podrá esperar en los tiempos por venir. Tan mal están las cosas que ya no prometen un “segundo semestre” venturoso, ni “brotes verdes” ni siquiera una tímida “luz al final del túnel”. Si hasta el ministro tuvo que “sincerarse” y pedirle “a la gente que tenga paciencia” porque se vienen momentos todavía más “difíciles y duros”.
Crisis económica y de identidad. Los medios de comunicación ya no solo traen noticias que hablan de las penurias de los más pobres sino también de lo mal que la pasan los que están por encima de ellos, es decir, las clases medias.
Quizás a muchos les llegó el momento de reflexionar sobre su condición y su pertenencia social. Quizás en estos momentos de zozobra algunos terminen de entender que nunca fueron socios vitalicios del exclusivo club al que les hicieron creer que pertenecían. Que ese paraíso dorado solo está destinado a unos pocos y que ellos, en definitiva, no están tan lejos de los que viven algunos escalones más abajo.