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La ciencia en un agujero negro

A la serie de bochornos internacionales que viene cosechando el gobierno nacional se acaba de añadir otro más. Con relativamente poco esfuerzo económico se hubiera podido evitar el traspié que dejó mal parada a la Argentina y compartir un logro científico extraordinario con países que han alcanzado un notable desarrollo en la materia.
El hecho se dio en el campo de la astrofísica y en un aspecto que implica uno de los mayores hitos de la historia: la obtención por primera vez de una imagen de un «agujero negro», un descubrimiento científico que anticipara el genio de Albert Einstein un siglo atrás pero que, hasta estos días, permaneciera en el campo de los desarrollos teóricos.
Doscientos científicos de todo el mundo anunciaron días atrás que habían obtenido la primera imagen de un agujero negro gracias a un programa de colaboración colectiva del que participaron ocho países. Los argentinos especializados en la materia compartieron la emoción de sus colegas en una muestra de solidaridad científica que trasciende las fronteras, pero al mismo tiempo fueron ganados por un fuerte sentimiento de frustración por no haber podido formar parte de la red de radiotelescopios distribuidos en todo el mundo -denominada Telescopio Horizonte de Sucesos- que funcionaron unidos como si fueran una sola antena parabólica para observar el agujero negro y capturar su imagen.
«Argentina -según expresó una especialista- estuvo invitada porque tenía la posibilidad de tener una antena en Salta operando junto con este conjunto». Formaba parte del proyecto astronómico compartido con Brasil para instalar un radiotelescopio en la Puna de nuestro país. Brasil cumplió su parte e invirtió unos diez millones de dólares en la antena que debía instalar; Argentina, que debía afrontar una inversión similar (una nimiedad dentro de los presupuestos del país en función del beneficio que reporta), no cumplió al retrasarse el aporte de ese dinero.
Este proceder displicente del gobierno nacional está en sintonía con la actitud que muestra ante el desarrollo científico, al que ha abandonado a su suerte. A esta altura ha quedado muy claro que la actividad investigativa, ya sea en ciencia pura o en ciencia aplicada, no le interesa al macrismo que viene recortando presupuestos en forma drástica aunque ello signifique desmantelar equipos formados en largos años de trabajo.
Como era de esperar las respuestas burocráticas ante el papelón no tardaron en llegar pero resultaron del todo inconvincentes, pues lo cierto es que una posibilidad efectiva de participar en una misión científica global, y para mejor con un socio latinoamericano, se frustró por el desinterés y la falta de planificación estratégica de quienes debían manejar el funcionamiento local del proyecto.
A esta frustración debe añadirse el inconcebible desmembramiento del Conicet, todo lo cual no hace más que estimular la partida al exterior de buena parte de nuestros más destacados científicos.
Uno de los investigadores acaba de señalar: «La antena no se pudo usar en este maravilloso experimento que, muy probablemente, va a conducir a un Premio Nobel y del cual Argentina no pudo participar». Está todo dicho.