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La contradicción de Buenos Aires

La resistencia del gobierno mendocino a la instalación de nuevas estaciones de registro sobre el cauce del río Atuel pone de manifiesto una de sus viejas argucias: la fingida ignorancia sobre la antigua hidrografía del río, tan rica como compleja. El reconocimiento cuyano -logrado después de mucho bregar contra la absurda tesis del río provincial- reduciría así el recorrido del Atuel a una treintena de kilómetros hasta incorporarse al Chadileuvú, cuando la realidad geográfica indica que esa distancia en uno de los brazos se acerca a los 200 kilómetros, hasta el centro mismo de la provincia.
Esta intransigencia se inscribe sobre dos parámetros: la reconstrucción del ambiente que dictara la Corte Suprema, que incluye lagunas y bañados, y la posibilidad de que La Pampa tenga una mirada global, actualizada y fiable sobre los escurrimientos del río, siempre ignorados o tergiversados por Mendoza.
Precisamente esa actitud de tergiversar la realidad volvió a ponerse de manifiesto en declaraciones efectuadas por profesores de la Universidad Nacional de Cuyo sobre Portezuelo del Viento. Los docentes de esa casa de estudios plantearon una entusiasta defensa de lo que significaría la represa para la provincia de Mendoza despreciando el riesgo que implica la concepción actual de la obra para la totalidad de la cuenca.
Además de ese enfoque, los universitarios mendocinos expusieron con toda crudeza un aspecto sospechado por La Pampa y parcialmente encubierto por las autoridades mendocinas, que llegaron a negarlo de plano: el doble cometido de la represa, con su -muy discutible- producción hidroeléctrica por un lado y, por el otro, su condición de obra de cabecera para el desvío de caudales del río Grande al Atuel. La circunstancia quedó expuesta todavía más cuando destacaron que el paredón del dique será uno de los más altos del país, condición indispensable para llevar a cabo el desvío del agua.
Con relación a este tema, la posición de otra de las provincias de la cuenca, Buenos Aires, implica un «contrasentido», como expresara un funcionario pampeano. En virtud de las necesidades de su amplia área bajo riego y de la significativa bajante del río Colorado, los bonaerenses pidieron que la erogación de agua desde el embalse de Casa de Piedra sea inferior a lo habitual para esta época del año. Sin embargo esa provincia avaló la construcción de Portezuelo del Viento en las condiciones actuales, sin un informe de impacto ambiental sólido y completo referido a toda la cuenca, con lo cual ratificó su sólido alineamiento político con el gobierno nacional, asociado a su vez con el gobierno mendocino.
El río Colorado presenta una merma muy notable en su caudal. En lugar de los 143 metros cúbicos por segundo que los registros históricos establecen para la temporada estival está conduciendo apenas 105. Y este ciclo de escasez lleva ya nueve años. ¿Acaso creen los bonaerense que ante una situación similar, ya construido Portezuelo del Viento con su trasvase del río Grande, Mendoza restringirá sus caudales en favor del resto de la cuenca? Los antecedentes de la provincia cuyana deberían alertarlos sobre esa peligrosa ingenuidad. Para los mendocinos, al igual que para las provincias arribeñas de la cuenca del Desaguadero, solo existe un criterio: «el agua que pasa por nuestro territorio nos corresponde, y hacemos con ella lo que queremos».
Tardíamente los regantes bonaerenses están empezando a considerar que las advertencias planteadas por La Pampa no responden a un capricho sino a una concepción que defiende la unidad y armonía de la cuenca cuya administración fuera, en otros tiempos, ejemplo en todo el país, pero comenzó a zozobrar apenas Mendoza se dispuso a operar como lo hace siempre, anteponiendo sus intereses particulares por sobre los generales de todas las provincias condóminas.