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La deserción del Estado nacional

Mientras deshoja la margarita aguardando el cumplimiento de la promesa de Nación, el intendente de Santa Rosa le apuntó al Centro Cívico pidiéndole que cubra el bache que dejó la eliminación del subsidio al transporte urbano de pasajeros. Son 50 millones de pesos que dejaron de entrar a las arcas comunales cuando el gobierno nacional resolvió «ahorrarlos» y tirarle la responsabilidad a las provincias.
La cuestión tiene varias aristas espinosas y aflora justo en vísperas electorales. Será por eso que el ministro de Transporte en su reciente visita a la ciudad se permitió sorprender a propios y extraños cuando afirmó muy suelto de cuerpo que no había que culpar a la Nación por la medida. Sin ruborizarse pretendió hacerle creer a los pampeanos que no era responsabilidad del gobierno central la quita de ese aporte, cuando todos saben que, desde siempre, el Estado nacional fue el que lo garantizó.
Este «cambio» llegó abruptamente en consonancia con la política de ajuste que se profundizó con el aterrizaje del Fondo Monetario Internacional. El objetivo principal del FMI, compartido con entusiasmo por el gobierno nacional, es achicar todo gasto que no apunte a pagar la deuda externa; esa que este gobierno elevó a niveles estratoféricos y que no dejó una sola obra para el país.
El intendente, para respaldar su reclamo al gobierno provincial, señaló que varias provincias ya han asumido ese nuevo gasto porque «reciben más recursos» desde el Tesoro nacional. Es, calcado, el mismo argumento que lanzó aquí el ministro de Transporte, pero no es lo que se escucha en el resto de las provincias. Un ligero repaso por varios medios de comunicación provinciales permite observar que el panorama es bastante diferente. En verdad, lo que predominan en las provincias son los lamentos porque los montos que deben afrontar a partir de la quita del subsidio, para mantener el transporte urbano e interurbano de pasajeros, es muy superior a los dineros que prometió girar Nación. Esa es la queja que más se escucha en el interior del país, en consonancia con lo que ocurrió aquí en La Pampa cuando los funcionarios provinciales salieron a rechazar la «oferta» que llegó desde Nación.
De paso, no puede olvidarse que en su visita a La Pampa el ministro de Transporte no mantuvo ningún contacto con las autoridades provinciales, marcando un hito histórico al ser la primera vez que algo así ocurre con un funcionario de ese rango que llega desde la Capital Federal. Algunos días después se repetía la historia con el secretario de Agroindustria. Es claro que poco y nada queda de aquella promesa de «unir a los argentinos» con que Cambiemos le pidió el voto a la ciudadanía.
Esta tensión que genera hoy la quita del subsidio al transporte no es muy diferente a la que provocó la eliminación de un plumazo del «fondo sojero»; o la infinidad de programas sociales, educativos y sanitarios que dejaron de llegar o llegan pero con partidas muy menguadas. En el fondo es más de lo mismo: la deserción del Estado nacional de su compromiso de atender el «bienestar general» -como lo ordena la Constitución- avasallando de paso el federalismo en materia de distribución de recursos.