La estrategia: ajuste o caos

CONSOLIDANDO UN MODELO QUE BENEFICIA A LA ELITE ECONOMICA

La provocación del ministro de Hacienda desnuda la gran magnitud del ajuste, pero los “mercados” igual bajan la calificación del país pues desconfían de los resultados.
CARLOS HELLER
La frase de Nicolás Dujovne generó un gran impacto: “En la historia argentina nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el gobierno, y lo hemos hecho con las mismas reglas de juego con las que entramos”. Una cruda valoración del plan económico contenido en la Ley de Presupuesto 2019 sancionada por el Congreso.
Llama la atención el uso de la palabra “ajuste” por parte del ministro, probablemente porque a esa altura ya es inocultable. Carlos Pagni en La Nación sostiene que la frase responde a que “la jugada ortodoxa del gobierno supone que cuanto más draconiano sea el programa más breve será el calvario”. Y aclara: “Es decir, hay que demostrar a los mercados el compromiso con el ordenamiento de las cuentas públicas”.
Para los mercados (léase los acreedores), ese ordenamiento de las cuentas públicas es sólo un paso. Si se cumple, será un punto más entre varios, pero si no se cumple debido a la aguda recesión económica que habrá en el año, los mercados aplicarían fuertes sanciones.

“Campaña del miedo”.
De hecho, a pesar de que la aprobación del Presupuesto recibe apoyos de los organismos internacionales, las calificadoras de riesgo no se convencen. En las dos últimas semanas, tanto Fitch como Standard & Poor’s (S&P) rebajaron la calificación de la deuda argentina debido a varios motivos, entre ellos, el impacto del ajuste en la economía. Pero apuntan a un tema mucho más preciso. En esta cuestión, S&P es especialmente claro: “Las percepciones de que el compromiso soberano con el programa de ajuste económico podría titubear después de las elecciones nacionales de 2019 crearían una dinámica de mercado desfavorable”. Sostiene además que podría “volver a bajar las calificaciones durante los próximos 12 meses si acontecimientos políticos negativos o la implementación irregular del programa de austeridad daña la confianza de los inversionistas”. Para que no queden dudas.
Ya están apareciendo editoriales en los medios argentinos que sostienen que si en marzo aumentan las expectativas electorales de Cristina Fernández lo más probable es que los inversores comiencen a deshacer sus posiciones en bonos argentinos e irse. Ese es el panorama que venden, que se podría caratular como una verdadera “campaña del miedo”. Y yo creo que se seguirá insistiendo en esta orientación, dados los malos resultados de las políticas aplicadas por el actual gobierno.
El presidente Macri también busca justificación al ajuste. Ya no le alcanza con el latiguillo “hacemos lo que hay que hacer”, volvió al mensaje original: “Tenemos que empezar a ser responsables, serios, no podemos seguir viviendo por arriba de nuestras posibilidades”; y la frase mágica: “los años de bonanza del kirchnerismo no eran sustentables”. Más allá de tal aseveración sin fundamentos, la profunda caída de los salarios, el derrumbe de la producción y los fuertes despidos, así como lo que se propone en el Presupuesto 2019, están llevando a devaluar significativamente el nivel de vida de las mayorías.

Salarios derretidos.
Cómo sostener que nos esperan meses de menor inflación cuando se conocen los datos de octubre, con un aumento del 5,4%, que se suma al aumento del 6,5% en el mes anterior. La cuestión de la inflación es medular, y se siente rápidamente en el bolsillo. Un tema preocupante es que los alimentos vienen aumentando por encima de la inflación. Pero, más grave aun, los alimentos tienen mayor peso en la canasta de las regiones del interior. Y es sabido que en los niveles de menores ingresos el consumo de alimentos tiene una participación muchísimo mayor que lo que indica el promedio. De esta forma, los elevados índices de inflación repercuten con mayor peso en los sectores más vulnerables.
A esto se suma que las tarifas seguirán aumentando por encima de la inflación. Además, se autorizará en lo que resta del año un nuevo aumento de las prepagas (al 8% de octubre se le sumará un 8,5% en diciembre), y las empresas de combustibles seguirán con su derrotero de definir sus propios aumentos. Con este panorama, resulta difícil que la inflación baje significativamente, a pesar de la contracción monetaria en términos reales que está prevista y de las altas tasas de interés que seguramente continuarán.
En este contexto, el bono por 5000 pesos que decidió el gobierno no alcanzaría, siquiera, a paliar la grave caída en el consumo. Además, sólo llegaría sin dificultad al 16% de los asalariados, dado que algunos gremios tienen convenios actualizables por la inflación y estarían afuera. Después están las Pymes, que dada la difícil situación por la que atraviesan, podrían acordar con los representantes de los trabajadores más plazos o distintos montos del bono.
Por último, este bono, que se pagaría la mitad en diciembre y la mitad en febrero, sería por única vez o absorbido por los aumentos salariales, con lo cual no constituye un avance significativo en la mejora del poder adquisitivo de los trabajadores: sólo sería un endeble paliativo.

Los más necesitados, no.
Quienes más lo necesitan, los trabajadores rurales, los del servicio de casas particulares, y los no registrados, no recibirán bono alguno, lo cual plantea cuál es la potencialidad de la medida para, como se intenta desde el gobierno, reducir la conflictividad social hacia fin de año. Parece una medida más orientada a evitar un paro de la GCT antes de la reunión del G20.
En los temas de trabajo, no puede dejar de mencionarse la salida de Jorge Triaca, y la concentración de la cartera laboral en manos del ministro Dante Sica. Según sus propias palabras, el ministro pretende “integrar más la cadena de valor y la temática del empleo, no sólo la tradicional que hace a la mecánica de la negociación colectiva”. Sica agrega que los límites en la producción “y la interrelación con los sectores laborales son barreras que se van borrando”. En mi opinión, lo que está anunciando es un camino hacia la flexibilización laboral a partir del fomento de la negociación por empresa y la pérdida de derechos laborales: otro de los requerimientos de los mercados para ir consolidando el modelo que, sostienen estos mismos actores, resulta indispensable que continúe en 2020. (Extractado de Tiempo Argentino).