La fragilidad de la economía pampeana

Las consecuencias de las inundaciones provocadas por las intensas lluvias en buena parte del territorio pampeano preocupan mucho al gobierno provincial. Por estas horas se están analizando estrategias de intervención destinadas a aliviar la situación de tantos chacareros agobiados por los anegamientos, entre ellas un programa de asistencia financiera a través del Banco de La Pampa. Las entidades rurales han alertado sobre las severas dificultades que está atravesando el sector y la necesidad de instrumentar paliativos que contemplen el estado crítico de los productores afectados.
El azote climático pegó en el corazón de los recursos pampeanos: el agro, principal aportante privado al Producto Bruto Geográfico de la provincia. De ahí las dificultades que está generando este problema que “resiente” nuestra economía, para usar palabras del ministro de la Producción.
Este escenario coloca al oficialismo, en primer lugar, pero también a toda la clase política pampeana ante un problema antiguo, una deuda que todavía no ha sido saldada: la fragilidad de la economía provincial que todavía depende en extremo de la producción primaria y, por lo tanto de los avatares climáticos. Cómo será de contundente esa dependencia que un gobernador reconoció, no hace muchos años, que el bienestar de los pampeanos sigue dependiendo del “cielo”, tal como ocurría un siglo atrás. Esta primavera es el exceso de agua por las intensas lluvias, otras temporadas ha sido su escasez por extensos períodos de sequía. Ambas alternativas son igualmente ruinosas para la actividad agropecuaria y, en consecuencia, para el desenvolvimiento de la provincia.
Una economía no tan dependiente de la producción primaria, más diversificada y equilibrada entre múltiples alternativas productivas permitiría un mayor grado de solidez e incluso mejorar la asistencia que requiera -en momentos de emergencia como el que ahora está padeciendo el campo- cualquiera de sus actividades.
Probablemente sea esta situación de vulnerabilidad económica la principal asignatura pendiente que el justicialismo puede mostrar ante la sociedad pampeana luego de gobernar la provincia durante más de tres décadas en forma ininterrumpida desde el retorno de las instituciones democráticas en 1983. La riqueza de nuestros recursos agrícolas parecen haber obrado antes como una invitación a la siesta que como un estímulo para ampliar los horizontes productivos.
También es cierto que se trata de políticas de Estado de largo aliento, cuyos beneficios serán disfrutados por las siguientes generaciones. Estas iniciativas exigen dejar de pensar en el corto plazo y es entonces cuando aparecen los principales escollos. La generalidad de la dirigencia política -salvo excepciones- está entrenada en la apuesta al rédito político inmediato: toda iniciativa ambiciona resultados veloces, para lucimiento del gobernante de turno. Esa forma de entender la política opera como una venda que impide ver un poco más allá de los estrechos límites del campo de juego del día a día.
Mientras persista esta inercia será imposible esperar cambios positivos. Como dijera un ocurrente funcionario local: “es lo que hay”.

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