¿La globalización en sus límites?

CAEN EL CRECIMIENTO Y EL COMERCIO INTERNACIONAL

Para algunos analistas la fase de la globalización ha concluido sin que esté claro cómo sigue. Para otros la economía mundial ingresó en un estancamiento estructural. En la Argentina aperturista debemos pensar qué nos deparará el “regreso al mundo” del macrismo.
EDUARDO LUCITA*
La globalización -fase actual de la tendencia histórica del capital a su mundialización- parece estar encontrando límites. Numerosos indicadores dan cuenta de esta situación y la duda es si solo será un impasse para retomar con nuevas fuerzas o si fortalecerá la tendencia al estancamiento de larga duración de la economía mundial.
El largo período de la fase globalizadora iniciada en 1989-1991 con la caída del Muro de Berlín y implosión de la Unión Soviética -que pusieron fin al enfrentamiento este-oeste y dieron un nuevo impulso a la mundialización capitalista- pareciera haber alcanzado su clímax en 2015 con el acuerdo nuclear logrado ese año por los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania e Irán; la apertura de relaciones EE.UU.-Cuba y el impulso dado por EE.UU. a los macro tratados de libre comercio.

Después de la crisis.
Hasta el 2008 se verificó una rápida integración del comercio y las finanzas mundiales, las nuevas tecnologías permitieron reducir rápidamente los costos del transporte y de las comunicaciones, el intercambio comercial se expandió a altas tasas y las multinacionales multiplicaron sus inversiones. En ese tiempo la fuerza de trabajo mundial más que se duplicó (pasó de 1.500 a 3.500 millones de trabajadores), la precarización pasó a ser un nuevo precio de la economía y la productividad se expandió fuertemente fijando un nuevo piso a la competitividad internacional. Todo el proceso fue comandado por las grandes corporaciones y los EE.UU.
El resultado más general ha sido que mientras la tasa de rentabilidad del capital alcanzó niveles desconocidos el promedio mundial de los salarios reales de los trabajadores cayeron -en Europa y EE.UU. se mantienen estancados desde los años noventa- y la desocupación global creció. La riqueza se concentró y en todos los países se consolidaron niveles de pobreza elevados.
Contradictoriamente mientras que con los acuerdos con Cuba e Irán se suponía se ampliarían las bases para la acumulación capitalista y el comercio, todos los indicadores del 2016 muestran una realidad muy diferente. La desaceleración de la integración iniciada en 2008 se ha profundizado y el mundo ha ingresado en una fase de bajo crecimiento, de fuerte reducción del comercio internacional, caída de la productividad y alto endeudamiento.

Debilidad del crecimiento.
En el reciente informe Perspectivas de la Economía Mundial, el FMI ha revisado a la baja sus previsiones para el crecimiento mundial, ahora proyecta 3,1 y 3,4 por ciento para 2016 y 2017 respectivamente. El crecimiento de las economías de los llamados mercados emergentes y en desarrollo se fortalecería ligeramente este año para alcanzar a 4,2 por ciento, coronando así seis años seguidos de declive. El informe caracteriza que ha sido la caída sin precedentes de los intercambios internacionales la causa principal del bajo crecimiento del PBI global.
Efectivamente el comercio mundial está creciendo a la mitad de lo que lo hizo en las últimas tres décadas. Las perspectivas para este año indican que la tasa de crecimiento será la más baja desde el 2007 (1,6 por ciento para la Organización Mundial de Comercio, 2,8 según otras fuentes), sería el quinto año consecutivo de una expansión menor al 3 por ciento, cuando hasta la crisis del 2008 la tasa de crecimiento era el doble de la del PBI mundial.
En los 15 años anteriores al 2008 la inversión extranjera directa (IED) de las corporaciones multinacionales aumentaba el triple que el PBI global, en el 2015 resultó un 40 por ciento inferior al monto más alto registrado antes de la crisis. Y todo esto ocurre cuando las tasas de interés son extraordinariamente bajas, incluso tanto en Japón como en varios países europeos las bancas centrales cobran tasas de interés de redescuento negativas.
La desaceleración de la economía China es la principal responsable de esta tendencia a la baja, pero no es menor el comportamiento de la economía de EE.UU. Su fase de recuperación iniciada en 2009 es la más débil desde los años treinta, este año se estima crecerá entre 1,6 y 1,8 por ciento y ese crecimiento débil se proyecta al menos 5 años para adelante, se habla así de una “nueva normalidad” en la economía estadounidense. Todo parece muy similar a lo que viven Japón y otros países desarrollados cuyas bancas centrales recurrieron a la emisión monetaria expansiva para revertir la crisis, el impacto en su momento positivo se ha revertido y ha mutado a una coyuntura de muy bajo consumo, bajo crecimiento y una inflación muy baja.
Para el FMI “el crecimiento ha perdido fuerza y advierte que el estancamiento económico podría alentar los llamados al proteccionismo”, mientras que la OCDE ve “un decepcionante bajo crecimiento que afectará las expectativas y tendrá como consecuencia un debilitamiento del comercio, la inversión, la productividad y los salarios”.

Expectativas negativas.
Los EE.UU. han impulsado macro acuerdos globales -el Tratado Transpacífico (TTP), el Tratado Transatlántico (TTIP) y el Tratado de Servicios (TISA)- con los cuales busca recuperar el ritmo de la globalización y también aislar o condicionar a China, que aparece como su gran competidor. Pero este curso no está exento de inconvenientes. El TPP ha sido suscripto por los países integrantes pero ahora debe ser probado por los Congresos de al menos la mitad de los países firmantes, entre ellos EE.UU. El presidente de Francia acaba de pedir y conseguir la suspensión temporaria de las negociaciones por el TTIP, en tanto que el canciller alemán ha declarado que estas negociaciones “son un fracaso”. Mientras en distintos países europeos se suceden las manifestaciones en contra de estos acuerdos, la presión de los sindicatos y otros sectores de la sociedad estadounidense hizo que la discusión por el TPP se colara en los debates preelectorales y los principales candidatos terminaron por pronunciarse contra el tratado.
Sucede que hay una fuerte reacción en numerosos países, de los que pueden llamarse “los perdedores de la globalización”, que han sufrido grandes pérdidas de empleos y han visto reducirse sus salarios; los desplazados del campo y los que sufren la pérdida de la soberanía alimentaria, los que ven mercantilizados sus servicios públicos, los empresarios que han cerrado por la desindustrialización creciente… Esto es lo que explica, junto con condiciones históricas, la candidatura del reaccionario Donald Trump en EE.UU., del Frente Nacional en Francia; del Brexit en Inglaterra y el resurgir de las derechas en numerosos países europeos.

Incertidumbre.
Los pilares en los que se apoyó la globalización en las tres décadas pasadas: fuerte crecimiento del comercio internacional y de la acumulación capitalista, libertad de comercio, libre flujo de capitales junto con la idea futurista de una “sociedad mundial uniforme, armónica y cooperativa”, pareciera que se están desdibujando a la luz de los últimos datos de la economía mundial. Esto se potencia ante la incertidumbre de las perspectivas políticas y económicas a futuro, que a su vez impactan y desalientan el presente.
Para algunos analistas la fase de la globalización ha concluido sin que esté claro cómo se sigue, para otros la economía mundial ha ingresado en un tiempo de estancamiento estructural. En este escenario quienes vivimos en esta Argentina aperturista, estamos obligados a pensar qué nos deparará el virtuoso “regreso al mundo” que nos ha prometido el gobierno de Mauricio Macri.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

Compartir