La gran mentira de la pista iraní

Entre las más grandes mentiras políticas de estos años -que no han sido pocas- va a figurar en el podio la investigación del atentado a la AMIA con su construcción de pistas y acusaciones a pedir de boca de la Embajada de Estados Unidos y el gobierno de Israel. A las serias evidencias que ya existían sobre esas maniobras se suma ahora una prueba documental de valor impar: la carta al Presidente de la Nación que elevara hace un año -y que recién ahora se conoce- el ex titular de la Unidad Especial AMIA del Ministerio de Justicia Mario Cimadevilla.
El ex funcionario y dirigente del radicalismo no titubea en afirmar que “la pista iraní es débil” y que “importa más que se mantenga la sospecha sobre Irán que la verdad”. En declaraciones periodísticas amplió su acusación al señalar expresamente que “tanto Israel como EE.UU. prefieren que persista el manto de duda sobre los iraníes en lugar de que se avance a fondo para conocer si realmente tuvieron algo que ver”. Y remata: “y el gobierno, en esto, se coloca bajo la mirada de EE.UU.”.
Estas fulminantes expresiones guardan estrecho vínculo con lo que le dijera el canciller israelí Avigdor Liberman a su par argentino Héctor Timerman en Nueva York en 2012: “Está bien así, ¿para qué saber más?”.
En el libro “ArgenLeaks” de Santiago O’Donnell que revela los cables secretos de la Embajada de Estados Unidos en nuestro país se describe cómo el fiscal Alberto Nisman rendía cuentas de sus investigaciones y hasta consultaba y anticipaba sus decisiones en esa sede diplomática. También revela el libro cómo la Embajada felicitó reiteradamente al fiscal y lo instó a seguir adelante con la llamada “pista iraní” y mostró preocupación por la “pista siria” pues involucraría a Carlos Menem y podría complicar los “esfuerzos internacionales por llevar a juicio a los imputados iraníes”.
Días atrás el periodista Ricardo Ragendorfer reveló en el diario Tiempo Argentino que en 2013, en una entrevista con Timerman, los más altos dirigentes de la DAIA le transmitieron su oposición a que el juez Rodolfo Canicoba Corral viajara a Irán para interrogar a los acusados. La negativa de la dirigencia judía obedecía al temor de que las pruebas disponibles “no alcancen” y en consecuencia el juez pudiera dictar la falta de mérito. De ahí que el periodista se preguntara: “¿Acaso no estaban convencidos de la autoría iraní del atentado?”.
Cimadevilla acusó al gobierno de haber hecho de la Unidad Especial AMIA una “unidad especial de encubrimiento”, imputó al ministro Germán Garavano de operar para que no investiguen a los encubridores y denunció que debió sortear extremas dificultades para acceder a información de los sistemas de inteligencia argentina.
Estas imputaciones de quien, designado por el macrismo, estuvo al frente de la investigación del atentado y por lo tanto conoce como nadie la causa, revela dos hechos de extrema gravedad. Primero, el alineamiento ciego del gobierno con los intereses geoestratégicos de EE.UU e Israel; y segundo, la injerencia escandalosa del Poder Ejecutivo en el Judicial al punto de direccionar, condicionar y obstaculizar las investigaciones del mayor ataque terrorista sufrido en el país.