La gratificación que da el impulso bueno

Señor Director:
Cuando decimos que hay que estar atento al acontecer se está reconociendo que los humanos vivimos pendientes de lo que hacen los otros de nuestro género y esto es una prueba concluyente de que todos dependemos de todos y que, como se ha dicho, lo que hacen a otro me lo hacen a mí. De esto nace mi derecho a protestar por lo que considero injusto, suceda donde suceda: barrio, provincia, nación o mundo.
Los medios de información llenan sus espacios, preferentemente, con el relato de lo que nuestra moral llama “malas acciones” y si nos atenemos solamente a ese tipo de noticias podemos inclinarnos a pensar que también nuestro enemigo es el hombre, puesto que dichas acciones son realizadas por seres humanos. Así llegamos a preguntarnos cómo es posible que nuestro aliado necesario para convivir, pueda ser también el enemigo del que debemos cuidarnos. Lo cierto es que somos el aliado y podemos ser el enemigo de nuestro prójimo. Y entonces, sobre todo si estamos atentos solo a las noticias de primeras planas sobre hechos criminales o dañinos, podemos corroborar aquello de “el hombre es lobo para el hombre”, que se escribió hace siglos, y llegar a la desoladora conclusión de que todo desconocido es sospechoso y que aún los conocidos pueden esconder su parte lobuna. De esto resultaría que la actitud recomendable sería la del recelo, la desconfianza y la disponibilidad para obrar en consecuencia.
Valga este introito para ponderar que algunos medios tiendan a dar lugar a lo que antes se llamaba “buenas acciones”: contar lo que hacen de bueno Fulano o Mengano, Fulana o Mengana. Lo que creo es que si se quisiese contar todo lo que se inscribe como “impulso bueno” (impulso a simpatizar con el otro o, al menos, estar dispuesto a socorrer al que cae en desgracia, sea humano u otro ser vivo) se vería rápidamente que lo positivo, la simpatía, la empatía y la capacidad de moverse de su sitio para dar una mano a quien la necesita, aunque no clame, es matemáticamente muy superior a los hechos criminosos. Lo que creo que ha sucedido es que la información de lo criminal, inicialmente, fue destacada intencionalmente por los medios de prensa porque era lo no corriente, aquello que necesitamos conocer a fin de no creer que vivimos en un mundo idílico. Lo que es común y corriente “no es noticia”. Luego, cuando los medios de comunicación adquieren el desarrollo apabullante que ahora tienen, el remedio empieza a ser peor que la enfermedad, aparte de que ya ni siquiera se usa siempre como remedio. Las “noticias” no ilustran, no hablan a la razón, sino a las emociones, las creencias, los rencores y odios que algunos sectores sociales van acumulando porque los sucesos no son propicios para sus necesidades y sus pretensiones. Se ha dicho en estos días que la era de la primacía de lo racional, que quizás predominó desde los años de la Revolución Francesa, han concluido y que ahora vivimos el tiempo de la posrazón, tema del que me ocupé hace pocos días.
Dicho lo anterior como explicación diré que, en mi caso, al leer los anticipos de la primera plana del diario el anuncio de que un águila mora pequeña fue hallada dando muestras de no haberse desarrollado bien, por lo que fue recogida y atendida, primero por un servicio provincial , luego por una familia, y finalmente, equipada con instrumental de seguimiento por la universidad de La Pampa; si ocurre que aparece un anticipo de este tipo, es seguro que eso es lo que primero iré a leer con detalle. No es pequeña cosa: haberla visto en dificultades y capturarla con la intención de serle útil y, a partir de ahí mostrar que hay servicios provinciales oportunos y eficaces, que también la universidad está atenta a la suerte de un ave y que hubo una familia que tomó a su cargo prepararla para su retorno al ambiente natural, me siento gratificado y como si también yo, por el acto de tomar interés en el caso, hubiese hecho algo bueno.
Atentamente:
Jotavé