La grieta al desnudo

Mientras la desocupación creció a niveles que hacía una década no se veían en el país, se conoció un informe internacional que reveló que las fortunas personales de las cien familias más ricas de la Argentina, dueñas nada menos que del diez por ciento de la riqueza nacional, se habían incrementado, en solo un año, más del 10%. Los datos surgen del informe “Global Wealth” de Boston Consulting Group (BCG) que además destaca que la mayor parte de esa riqueza extraída por ese centenar de familias del país, el 60%, está fuera de la Argentina, en otros países o paraísos fiscales.
El contraste entre una economía que cae en picada con todos sus índices negativos mes a mes y el crecimiento de la acumulación de riqueza privada es uno de los datos de la realidad que mejor retratan la esencia del “cambio” que se impulsó en el país desde diciembre de 2015.
Que caiga el consumo de leche y de los productos de primera necesidad y, paralelamente, aumente un 40% el déficit de la balanza de pagos turísticos (que señala la diferencia entre los dólares que entran los turistas que eligen a la Argentina como destino y lo que gastan los argentinos en el exterior en sus viajes de turismo) deja al descubierto cuál es el plan de gobierno y quienes son los que se ven beneficiados con las medidas. Los que vinieron a cerrar una supuesta “grieta” política, están abriendo otra mucho más dramática y de nefastas consecuencias para el futuro, que separa a los argentinos por sus ingresos y que favorece claramente a los que más tienen en desmedro de los más vulnerables.
En este proceso de entrega de la riqueza del país, los ganadores están a la vista: aumentan sus fortunas y viajan al exterior mientras disparan las ventas de los autos de alta gama. Este crecimiento es la consecuencia de una activa política de Estado que cambió regresivamente la matriz impositiva de la Argentina liberando de impuestos a los más ricos mientras mantiene la presión sobre los consumidores de medianos y bajos recursos, quita beneficios a jubilados y discapacitados, presiona a la baja las paritarias y abre la importación que arruina a la industria nacional y deprime más el empleo.
Pero ni aún así podría justificarse la descomunal tasa de acumulación que hoy ostentan quienes, desde la cúspide económica del país, exprimen al resto. Porque esa acumulación no puede explicarse solo con el descenso al infierno a que se condena a millones de argentinos. El empobrecimiento explica solo una parte, pero es el bestial endeudamiento a que se está sometiendo la economía nacional el que explica con mayor claridad de dónde extraen estas clases oligárquicas sus extraordinarios dividendos de este año y medio.
Esos dólares que se toman a altas tasas y que se quieren hacer pasar como “inversiones” son en realidad una cadena de corrupción que favorece a quienes, atentos a estos manejos y con información privilegiada, hacen negocios fabulosos en la timba de letes, bonos y plazos fijos que ha vuelto a enseñorearse del país.
Son los mismos que. mientras acusaban al anterior gobierno por el dólar futuro, eran los mayores compradores de esos valores que sabían que iban a aumentar su valor a partir de su llegada al poder. En esa sola operación de mercado esquilmaron a la Argentina mil veces más que los corruptos minoristas atrapados con un par de millones. Como el entramado de los que se enriquecen incluyen a los propietarios de los medios de comunicación más concentrados, estos voraces especímenes tienen cobertura para actuar tranquilos sabiendo que habrá quienes distraigan a la gilada con casos inventados que desvíen la atención. Pero el ajuste no puede disimularse y el operativo de distracción tiene efecto hoy solo en quienes necesitan que les den una excusa para seguir cerrando los ojos a la realidad. Octubre dirá cuántos son.