La guerra sucia en las elecciones norteamericanas

POCAS IDEAS Y MUCHOS CHISMES

La elite que maneja los grandes medios de EE.UU. fabricó una campaña electoral sin ideas. Casi no se habla de los intereses del pueblo norteamericano.
Wicky Pelaez* – Las elites norteamericanas que apostaron por Hillary Clinton dieron su beneplácito a la candidatura de Donald Trump. Según los cálculos de los más poderosos y ricos dueños de Norteamérica, la participación del “excéntrico” y “polémico” Trump, considerado como un “bufón” e “idiota”, debilitaría al Partido Republicano y reforzaría la candidatura de Hillary Clinton. Nadie imaginó que el “bufón” se convertiría en un dolor de cabeza para los dueños de EE.UU. El fenómeno de Trump seguirá latente incluso en el caso de no ser elegido, porque ha canalizado la frustración y el malestar del pueblo norteamericano y en especial de su clase trabajadora por su situación económica cada vez más difícil, por sus ciudades arruinadas como Detroit, sus vidas en caída libre y el miedo al futuro de sus hijos.

Dolor de cabeza.
Para los medios de comunicación al servicio de Washington los estadounidenses blancos que apoyan a Donald Trump tienen un nivel educativo bajo y no universitario. Pero la realidad es mucho más complicada, como lo afirmó el periodista de The Guardian, Thomas Frank. Según este periodista, “en cada uno de sus discursos que vi, Trump pasó una buena parte de su tiempo hablando de una preocupación legítima, un asunto que podríamos considerar de izquierda”. En realidad, Trump, en su discurso antiglobalizador, rechazando los acuerdos de libre comercio, resucitó las advertencias del ex candidato Ross Perot, quien alertó en 1994 que el Nafta sería una “aspiradora” que engulliría empleos estadounidenses y los enviaría a México. Veinte años después el sindicato AFL-CIO aseguró que el Nafta significó la pérdida de 700 mil empleos entre 1994 y 2014, los cuales se habrían ido a México.
Entonces Trump está expresando las preocupaciones de un importante sector de la población norteamericana. Habla de la necesidad de crear una oferta competitiva en la industria farmacéutica para abaratar los medicamentos en EE.UU., anuncia la necesidad de aumentar los aranceles para los productos de las compañías norteamericanas que se trasladaron al extranjero para obligarlos a retornar. También está denunciando la manipulación del valor de la divisa por la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón, los bancos chinos para acelerar el traslado de puestos de trabajo estadounidenses al extranjero.

Contra la guerra.
Lo que no le perdona a Trump la clase dominante es su discurso internacional, especialmente relacionado con Rusia. El candidato republicano se dio cuenta del cansancio de los norteamericanos por las guerras que han estado promoviendo sus líderes. Según Trump su país necesita un respiro para la recuperación económica, militar y política. Actualmente, no habría necesidad de estar en conflicto con Rusia, Siria e Irán porque “estos países, igual que nosotros, quieren poner fin al Estado Islámico”. Inclusive Trump escribió en su Twitter que, de ser elegido presidente, se encontraría con Putin antes de la inauguración de su mandato.
También quiere disolver la OTAN, que está consumiendo el dinero del fisco norteamericano. Por supuesto, hay que tener bien claro que, a pesar de las divergencias entre Trump y Clinton, ambos candidatos pertenecen al mismo sistema y representan sus intereses, y siempre seguirán las instrucciones de ese 1 por ciento de los más ricos y poderosos. En cualquier momento, de acuerdo a los intereses de la clase dominante, cada uno de los candidatos podría cambiar su discurso. En 2013 Hillary Clinton tenía muy positiva opinión sobre Vladímir Putin, pero en 2014 cambió bruscamente sus puntos de vista y posteriormente comparó a Putin con Hitler. Todo depende de las directivas del 1 por ciento.
El sistema necesita a Clinton para la presidencia del país. La quiere como “reina de la guerra”, cuya retórica endulza los oídos del complejo militar-industrial. El presidente Obama la presenta como “la candidata más cualificada en la historia del país”. Nadie analiza qué pasó con los 200 mil millones de ayuda al extranjero que ella administró entre 2009-2012 cuando era secretaria de Estado, a pesar de que la propia Clinton admitió que la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) que ella administró “tuvo grandes fallas y necesitaba una reorganización”.
Tampoco se habla mucho de la Fundación Clinton, cuyo capital supera los 2.000 millones de dólares y las donaciones que ha recibido Hillary Clinton de Catar y Arabia Saudita (100 millones de dólares). Todo se hace en familia y por algo el gobierno de Catar mandó un cheque por un millón de dólares a Bill Clinton el día de su cumpleaños. Los megabancos son también muy generosos con Hillary Clinton. Solamente Goldman Sachs le pagó por tres discursos 675.000 dólares (4 de junio, 24 y 29 de octubre 2013), en uno de los cuales anunció: “Vamos a rodear China con misiles. Pondríamos más barcos de guerra en la región”. Aquel discurso fue aplaudido por los ejecutivos de Goldman Sachs.

Periodistas “mayordomos”.
Para facilitar el ascenso de Clinton al poder, el sistema decidió que era el momento oportuno para poner fin a la marcha electoral de Trump y dio instrucciones para que los medios de comunicación iniciaran una guerra sucia contra Trump e intensificaran una campaña para elevar la imagen de Clinton. Si tomamos en cuenta que el 92 por ciento de los medios están recibiendo instrucciones de apenas 198 empresarios de la información que abastecen a 320 millones de ciudadanos, nos daremos cuenta de la facilidad con que los periodistas empezaron a calumniar al candidato republicano. La mayoría de los periodistas, según Fox News Opinion, se convirtieron en “mayordomos” y “sirvientes” de Hillary. Entre ellos figuran los que hasta ahora se consideraban como independientes y objetivos: George Stephanopoulos (ABC News), Maggie Haberman (The New York Times), Mark Leibovich (The NYT), John Harwood (CNBC). The Huffington Post llamó a Trump “autoritario, oscurantista, fascista, mentiroso, misógino, racista y xenófobo que incita a la violencia”. La periodista de ABC News Martha Raddatz lo acusó de no tener entusiasmo para una confrontación militar con Rusia. The New York Times caracterizó a Trump como “demasiado estúpido, volátil, ignorante y vicioso”.
Dadas las condiciones, nadie tiene que sorprenderse de que todas las encuestas dan un triunfo de Clinton cuya estima, según los especialistas, se incrementó después de divulgar con todo el despliegue al estilo de Hollywood las acusaciones de 12 mujeres que declararon que Trump intentó tocarlas o las tocó sin su consentimiento. Sin embargo, a los promotores de estas acusaciones sexuales les salió el tiro por la culata, porque inmediatamente la misma Clinton empezó a tratar de acallar este asunto debido a los pecados sexuales de su propio marido de los que se aprovecharon los partidarios de Trump. Recordaron lo que escribieron en 2008 las periodistas Dahlia Lithwick y Melinda Henneberger: “seguramente la conducta del esposo de Hillary le trajo humillación. Pero ella también ayudó a su marido a humillar a las mujeres que lo denunciaron”. Hillary calificó a Monica Lewinsky como “lunática narcisista con la cabeza hueca” y comparó a Gennifer Flowers, otra amante de Bill, con un “camión de basura”. El 9 de octubre pasado una de las mujeres, Juanita Broaddrick, que fue violada por Bill Clinton, según su denuncia, declaró que “posiblemente el señor Trump había usado palabras no apropiadas respecto a algunas mujeres, pero Bill Clinton me violó y Hillary me amenazó”.
Al tratar de acallar el problema de sexo relacionado con Trump, los medios incrementaron al mismo tiempo sus esfuerzos junto con el sistema para proteger a Clinton contra graves acusaciones por el uso indebido de los emails por la ex secretaria de Estado revelados por WikiLeaks. El uso del servidor particular para miles de mensajes vía email que contenían información clasificada del Departamento de Estado constituye un delito con pena de cárcel. Pero no en el caso de Hillary, porque, según la denuncia del congresista republicano, Jason Chaffetz, el Departamento de Estado ha hecho todo lo posible para que el FBI, que está a cargo de la investigación, cambie la clasificación de los emails de Clinton cuando se desempeñaba como secretaria de Estado, a cambio de aumentar el número de puestos para los agentes del FBI en el extranjero.

Guerra sucia.
La campaña electoral se ha convertido en una guerra sucia que hace dudar del sistema democrático norteamericano. El mismo Trump se considera una víctima de la conspiración de los medios de comunicación, al afirmar que “la elección está manipulada por los medios deshonestos, que imponen a la chueca Hillary, pero también por muchos centros de votación. Triste”, escribió en su cuenta de Twitter. ?El periódico Kankakee Daily Journal informó que “muchas personas denunciaron que desconocidos ofrecen dinero por votar a favor de Clinton”. La Fundación Project Veritas Action reveló que la violencia en algunos mitines de Trump había sido provocada deliberadamente por el Partido Demócrata.
El hecho de que las encuestas dan ventaja a Clinton y anuncian la derrota de Trump todavía no significa nada. La reciente experiencia de Colombia lo demuestra. Durante meses, todas las encuestas daban por hecho el triunfo del voto por el “sí” a los acuerdos de paz. Sin embargo, ganó el “no”. De repente algo parecido puede suceder en EE.UU. Los medios de comunicación y las agencias encuestadoras no informan sobre el apoyo que tiene el candidato Trump entre los evangélicos, que lo consideran “Baby Christian”. La Congregación Nacional Evangélica anunció hace poco que “Dios está preparándose para hacer estremecer a las naciones del mundo y El estaría usando a Trump para esta tarea”. Si tomamos en cuenta que los evangélicos norteamericanos cuentan con unos 90 ó 100 millones de devotos declarados, lo imprevisible podría suceder.
*Sputnik. Rebelión.

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