La identidad personal y su protagonismo actual

Señor Director:
Alguien puede preguntarse o preguntar: qué se entiende por identidad personal. Y también estaría preguntando si es algo que se puede perder.
Se ha escuchado esa pregunta por dos motivos: cuando se habla de nietos recuperados, aparece la palabra identidad: “recuperaron su identidad” es una frase que se oye y se lee. En el caso de las personas que en General Pico se organizaron para saber a ciencia cierta quiénes fueron sus padres, se dijo que estaban tratando de recuperar su identidad. Alguna sospecha deben haber tenido para su búsqueda.
Si se acude al diccionario para saber a qué atenerse y se busca la palabra identidad, lo que se lee es esto: Cualidad de idéntico. /Conjunto de rasgos propios de un individuo que lo caracterizan frente a los demás. /Conciencia de una persona de ser ella misma frente a los demás.
No ayuda gran cosa lo que dice la Real Academia, porque no desarrolla lo que esta palabra lleva implícito, en particular no da cuenta de cómo se constituye la identidad, cuáles son sus componentes.
Días atrás leí una declaración de Mariana Herrera, directora del Banco de Datos Genéticos. Se le pide que defina identidad y responde que es “una construcción más compleja que lo biológico”. Y explica que para los biólogos está el “genotipo”, la genética pura, la secuencia del ADN. Pero la identidad es también lo que somos al deambular por la vida. El 70 u 80 por ciento de la identidad es también una construcción cultural, o sea cada individuo creciendo en un lugar social, yendo a una escuela, alimentándose de determinada manera, criándose en una familia. Agregó que los nietos recuperados (por Abuelas) lo que recuperan es su identidad biológica y a partir de esta recuperación, sufren un cambio en su identidad cultural.
La identidad biológica es dada por los progenitores y de ese saber fueron despojados al nacer con su madre en cautiverio cuando algunos funcionarios y profesionales dieron fe de que habían nacido en la familia que era apropiadora. El saberlo al ser “recuperados”, causa un cambio en su identidad, porque su memoria de la familia en la que se criaron y el tiempo que llevan vivido con ese saber erróneo ha condicionado toda la experiencia que han adquirido. Han podido vivir con ese error porque la identidad biológica, la que realmente está en ellos, no cambia con el fraude de sus apropiadores. Ya estaba en ellos. El cambio se da en su conciencia de sí mismos, o sea en la construcción cultural. Tal es el motivo por el cual los nietos recuperados, al ser notificados, piden tiempo para asimilar esa novedad y para prepararse para la relación con la familia biológica real (abuelos, tíos, hermanos). Es un cambio importante. Que puede ser más o menos traumático según la índole de cada uno.
El preguntón puede insistir diciendo: “Bien, entonces se puede vivir en ese error”. De hecho los últimos nietos recuperados andan por más de cuatro décadas de edad. Se puede vivir con la ignorancia de su verdadero origen, pero puede suceder que alguien de la familia o algunas de las personas que conocieron el fraude diga o haga algo que les intranquiliza, como cuando se sospecha que nos están mintiendo u ocultando algo. De hecho, en la historia de los nietos recuperados lo frecuente es que ellos estuviesen haciendo su propia búsqueda, hasta confluir con las Abuela, consentir el análisis y tener la certidumbre
Se puede vivir con el error y con la mentira. El proceso de formación personal es siempre un tránsito del desconocimiento al saber, del error a su corrección. Y por cierto, nunca sabemos todo lo que es posible saber y, en particular, es mucho lo que ignoramos de nosotros mismos, pues todos tenemos un fondo opaco pero activo. Y también hay quienes conviven con la mentira a sabiendas. Esta realidad de la peripecia de cada humano muestra que somos complejos y distintos, pero lo dominante es la voluntad de conocer la verdad.
Atentamente:
Jotavé