Inicio Opinion La "marea verde" irrumpió con fuerza en la agenda política

La «marea verde» irrumpió con fuerza en la agenda política

EL AÑO DE LAS MUJERES

El debate por la legalización del aborto, las denuncias por abusos, el reclamo por presupuesto para la prevención de la violencia de género y la paridad en la política, fueron algunos de los temas que impuso el feminismo en el año que terminó.
IRINA SANTESTEBAN – Fue casi unánime el balance en calificar a 2018 como uno de los años más difíciles para la mayoría de los argentinos y argentinas. La situación económica con recesión y alta inflación, baja del poder adquisitivo de los salarios, más de un centenar de miles de despidos y más empleo precarizado, alza en los precios de la canasta familiar, tarifazos, etc., fueron los principales problemas que motivaron esa calificación. Y que hicieron que la mayoría pidiera que el año que comenzó ayer venga con algún alivio. La escasa respuesta de las organizaciones sindicales frente a los tremendos golpes que han sufrido los sectores del trabajo, hizo alardear al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, de haber firmado un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que, en otras épocas, hubiera provocado la caída del gobierno.
Pero las calles no estuvieron vacías en 2018, hubo un movimiento que demostró su potencia no sólo para poner en debate algunas de sus reivindicaciones más importantes, sino para hacer tambalear los cimientos del sistema familiar y social que nos rige desde hace siglos: el patriarcado.

Marea verde.
El movimiento de mujeres logró una movilización extraordinaria durante los meses que el proyecto de legalización del Aborto estuvo en debate en el Congreso, tanto en Diputados como en Senadores.
Y aunque el final no fue feliz, pues a la aprobación en la Cámara Baja, le siguió el rechazo, por escasos 8 votos, en el Senado, fue un gran triunfo haber logrado debatir en el Congreso un proyecto que llevaba seis iniciativas anteriores fracasadas.
Las audiencias públicas previas al tratamiento en ambos recintos, tuvieron a centenares de expositores por la aprobación o por el rechazo, y fueron difundidas ampliamente por los medios de comunicación y las redes sociales. Fue un acontecimiento de extraordinaria magnitud, en particular por la irrupción de jóvenes y adolescentes, agitando sus pañuelos verdes exigiendo respeto a la decisión sobre sus propios cuerpos.
En los alrededores del Congreso y en las principales plazas del país, la inmensa marea verde se hizo oír y a su vez provocó la reacción de los sectores más conservadores, supuestos defensores de «las dos vidas», que tuvieron que salir también a la calle identificados con los pañuelos celestes.

Basta de abusos.
La denuncia de la joven actriz Thelma Fardin, quien acusó, respaldada por el colectivo Actrices Argentinas, al actor Juan Darthés de haberla violado cuando estaban en una gira artística, disparó una catarata de acusaciones de mujeres víctimas de abusos cometidos en diversos ámbitos (artísticos, políticos, etc.). Con la consigna «Mirá cómo nos ponemos», se colocó en la agenda política la necesidad de atender la problemática del abuso infantil y juvenil, con políticas públicas en el sistema educativo y de salud, materia en la que el gobierno de Mauricio Macri viene reprobando, porque privilegia el pago de los intereses de la enorme deuda externa que contrajo, y por los recortes en el gasto público (justamente en salud y educación), que prevé el Presupuesto 2019.

Justicia machista.
La potencia del movimiento feminista ha tenido que chocar nada menos que contra un Poder Judicial, tanto a nivel nacional como en las provincias, con fuertes raíces patriarcales. Aunque varias provincias tienen mujeres ocupando cargos importantes, incluso presidentas de las Cortes o Tribunales Superiores (como en Córdoba o Jujuy), eso no significó necesariamente un avance en fallos con perspectiva de género.
El femicidio de Lucía Pérez, la joven marplatense asesinada en octubre de 2016, y que originó el primer Paro de Mujeres, no fue tal para los tres jueces varones del Tribunal que sólo condenó a dos de los tres acusados por delito de drogas.
En Córdoba, hubo un fallo favorable en relación al Protocolo de Abortos No Punibles, que fue frenado en su aplicación cuando en dos instancias un juez civil y una cámara, hicieron lugar al amparo interpuesto por la asociación anti-derechos Portal de Belén. El TSJ, con la presidencia de Aída Tarditti, rechazó ese recurso y ratificó la vigencia del Protocolo para los abortos en caso de violación o de peligro para la salud o la vida de la madre.

Escraches, ¿si o no?
Un movimiento tan amplio y heterogéneo en su composición social y política, no está exento de debates, y recientemente se han potenciado por los escraches y denuncias en las redes sociales, por parte de jóvenes que acusan a profesores, familiares y hasta sus propios compañeros, de conductas abusivas.
La antropóloga Rita Segato provocó rechazo en una parte del movimiento de mujeres, cuando llamó a «no copiar» los métodos de los varones dominantes, en lo que se entendió como una crítica a los escraches. La psicoanalista infanto-juvenil Susana Toporosi, coordinadora de Salud Mental de Adolescencia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, advirtió que hay que diferenciar «conductas no consensuadas de abusos». En una entrevista de Mariana Carbajal (Página/12, 31/!2/2018), cuestionó los escraches a los varones adolescentes, porque «es la reproducción del mismo sistema binario en el que hay sólo dos lugares posibles: uno dominador y otro que debe someterse, esta vez, dado vuelta».
El adolescente que se suicidó en Bariloche luego de haber sido escrachado por las redes sociales por grupos feministas, a pesar que la supuesta víctima, también adolescente, reconoció que había mentido porque estaba «enojada», nos dice que el tema es muy complejo como para tomar una posición «a favor o en contra», tal como advierten Segato y Toporosi. Ésta última planteó que hay que diferenciar entre adolescentes con «conductas abusivas», de los «adultos abusadores», pero miles de jóvenes, algunas casi niñas, no están dispuestas a tolerar lo que hasta hace algunos años era «naturalizado», fruto de los resabios patriarcales en el modo de construcción de las identidades masculinas y femeninas. Las «pibas» del feminismo, cuando cantan «el patriarcado se va a caer», nos están diciendo que quieren poner patas arriba todo un sistema de dominación familiar y social. En ese camino habrá lamentablemente muchas experiencias dolorosas, no sólo para las mujeres sino también para los varones.