La movilización sindical puso a Macri en una encrucijada

UNA LECTURA DE LA CONCENTRACION DEL 29A

Eduardo Lucita* – La concentración significó el regreso del movimiento obrero y sindical al centro de la escena política, de la que se había retirado por las disputas de la dirección moyanista con el kirchnerismo bajo CFK.
Un proyecto de ley que impone la doble indemnización y suspende los despidos por solo 180 días, que nadie puede asegurar su efectividad con certeza, ha provocado una concentración obrera como no se veía en mucho tiempo, constituyendo así un hecho político de primera magnitud que impacta en el presente y también a futuro.
Se sabía de antemano, la inédita unidad de acción de las cinco centrales tendría una capacidad de convocatoria como en las viejas épocas, con una composición social muy distinta a las del 24 de marzo y a las de despedida y regreso de Cristina Fernández de Kirchner. Y así fue, según los cálculos más razonables alcanzó a un mínimo de 150 mil asistentes -aunque algunos exageran y llevan esa cifra más de 300 mil y la policía los reduce a 80 mil- de los cuales el 80 por ciento serían trabajadores de distintos gremios. Las gruesas columnas de Camioneros, UPCN, Uocra, Comercio, Atilra, ATE, Bancarios, la CTEP -las más destacadas- daban cuenta de ello a la par que confrontaron con la ausencia del Smata y de los gremios agrupados en el kirchnerista MASA (Movimiento de Acción Sindical Argentino) y la escasa presencia de la UOM. No es ajeno a esta situación el hecho de que en la última década hubo fuerte crecimiento del empleo, especialmente en la industria y un recambio generacional muy importante.

Dos posiciones.
El lugar elegido para la concentración, el monumento al trabajo en lugar del centro político por excelencia que es la Plaza de Mayo o incluso el Congreso Nacional, fue un anticipo de que los principales convocantes buscaban bajarle los decibeles a la movilización, lo que fue confirmado por el contenido del documento leído y los discursos, que tuvieron un tono que no estuvo acorde con la magnitud de la movilización, que por otra parte fue bastante pasiva y sin mayor entusiasmo. No fueron muchos los asistentes que escucharon con atención los discursos. Solo Hugo Yaski y Pablo Michelli plantearon una perspectiva de lucha en tanto que las intervenciones de Caló y Moyano se parecieron más un ruego o una súplica para que el gobierno conceda algo -demasiadas apelaciones a la comprensión- que un llamado a los trabajadores para prepararlos para nuevas confrontaciones. Sin embargo esto quedó en el aire.

Un brete autoconstruido.
La concentración es así una presión sobre los diputados para que aprueben el proyecto de ley de emergencia laboral. Es casi seguro que en este contexto será aprobado, veremos con qué contenido final, pero también ha sido una señal para el gobierno. Si la ley se aprueba y es vetada -como viene prometiendo el presidente Macri a quien lo quiera escuchar- con un argumento tan pueril -destruirá empleos- que alimenta la reacción y el malhumor, es muy posible que todo concluya en nuevas medidas de lucha o tal vez en un paro general. Los dirigentes sindicales históricos todavía le escapan al paro, pero es el estado de ánimo en las bases el que presiona. Por el contrario, si no la veta quedará mal parado frente a las clases dominantes que lo percibirán como un gobierno que no resiste las presiones. En ese brete se ha colocado el gobierno por sí solo.

Otras aristas.
Pero éstos solo son los efectos inmediatos, hay algunos más profundos y que muestran diversas aristas de la movilización. La concentración ha significado el regreso del movimiento obrero y sindical al centro de la escena política, de la que se había retirado -o lo retiraron- por las disputas de la dirección moyanista con el kirchnerismo bajo la conducción de CFK. Pero también por las propias concepciones de la ex presidenta, que asumió al pie de la letra las ideas del filosofo ya fallecido Ernesto Laclau, del sujeto diverso y plural y el desdibujamiento de la clase como tal.
En ese sentido el 29A puede leerse también como la respuesta al acto del regreso de CFK en Comodoro Py. Ha sido la confrontación de la clase frente al sujeto plural y diverso del Frente Ciudadano. Se repite así la situación de cuando el acto del kirchnerismo en la cancha de Vélez y el de la CGT en Plaza de Mayo. Una vez más el sujeto hizo la diferencia.

El arriba y el abajo
Que fuera convocada por las cinco centrales sindicales abre un espacio común, pero no significa que las diferencias han sido saldadas. Prueba de ello es la ausencia de algunos gremios importantes y la débil presencia de otros, pero también el hecho que al comenzar la intervención de Moyano varios gremios, Atilra, Luz y Fuerza, SAT, entre otros, se retiraran
La masividad alcanzada es una muestra de que en las bases no tienen entidad las diferencias entre los dirigentes, es un problema entre los “de arriba”, mientras que para “los de abajo” lo que realmente importa es que no están dispuestos a perder puestos de trabajo, ni poder adquisitivo. En este sentido no puede dejar de considerarse que las principales preocupaciones hayan sido la defensa del empleo y la carestía de la vida. Incluso que gremios como Aceiteros y Bancarios que ya cerraran sus paritarias con incrementos importantes y que por ahora no enfrentan pérdidas de puestos de trabajo, asistieran a la movilización en una muestra de solidaridad de clase que es necesario valorizar.
De todas formas el acto es también un empujón a los dirigentes sindicales para que apuren las respectivas unificaciones. Lo que pone en el horizonte inmediato quienes encabezarán las mismas. En las CGT no deja de llamar la atención la fuerte movilización de UPCN -un sindicato del régimen que es funcional a todos los gobiernos- y el protagonismo creciente de su secretario general, Andrés Rodríguez, incluso que le fuera cedida la quinta silla que quedara vacante por la deserción de Barrionuevo. Es sabido que entre los burócratas los gestos dicen mucho. Entre las CTA es indudable que la presencia y la intervención de Michelli lo dejan mejor posicionado en la CTA autónoma, donde estaría teniendo dificultades políticas. De todas formas todo indica que hay algunos dirigentes que tienen ya sellado su futuro.

En clave peronista.
La concentración también puede leerse en clave peronista. Puede ser un punto de partida para la recomposición del PJ. La presencia, más simbólica que efectiva, de sectores del kirchnerismo y de las tendencias internas del peronismo, más los mensajes enviados por el FPV y los intendentes, son una prueba.
El sindicalismo clasista y combativo y un sector de la izquierda lograron constituir una columna unitaria -aunque no con la amplitud que se necesita- e independiente, que se hizo notar en medio de una movilización tan contundente.
Más allá de los propios dirigentes el acto tuvo un alto contenido político que puso en evidencia que hay una fuerza social, que en forma deformada expresa la burocracia sindical histórica aunque la utilice para otros intereses, que puede enfrentar el ajuste y darle otra salida a la crisis del empleo.
*Integrante de EDI (Economistas de Izquierda).