La ópera barroca del macrismo

LA SEMANA PAMPEANA

I – La Pampa comprobó en la semana, una vez más, la estrategia perversa de un gobierno nacional más ocupado en la imagen que proyecta y en el rol mediático de su goebbeliano mecanismo de propaganda que en la “solución de los problemas argentinos”. Una comitiva pampeana fue invitada por el presidente a una reunión para tratar los temas pendientes entre la Nación y la provincia. Allí concurrió el vicegobernador, por licencia del gobernador, y, a su regreso, no ocultó su desazón por el carácter vacuo del promocionado “diálogo”. Frente al mandatario nacional, desenrolló la larga serie de reclamos pampeanos que van desde el abandono de las rutas nacionales, a la nefasta construcción de la presa de Portezuelo pasando por la deuda previsional, el mantenimiento artificial de la barrera sanitaria, o la financiación de la obra de los Daneses, por citar algunos. Pero la entrevista no estaba planeada para atender esos reclamos. La entrevista era una salida marketinera del presidente luego de sus largas y escandalosas vacaciones que lo tuvieron casi un mes alejado de los graves y urgentes problemas del país. La entrevista, como la salida en televisión del presidente junto a la gobernadora kirchnerista de Santa Cruz, era una jugada mediática para intentar presentar a su gobierno como dispuesto a unir a los argentinos e incluir a todos. Sacarse fotos en reuniones o actos con opositores es funcional a un gobierno que cree posible ocultar el brutal ajuste y sus terribles secuelas económicas y sociales.

II – Cuenta para hacerlo con todo el apoyo de sus socios mediáticos que se ocupan de sustraer del debate público la crisis en la que está sumido el país. La inflación más alta en tres décadas se presenta como la “desaceleración” pero nunca como producto de las políticas económicas ineptas llevadas adelante por el macrismo. La disminución del consumo eléctrico, producto de la caída de la producción nacional y la crisis de ingresos de los hogares por los tarifazos, se camufla en los medios como recomendaciones para gastar menos. El brote de hanta virus (donde llegaron a despedir hace un año al único especialista en el ratón que propaga la enfermedad que trabajaba en Medio Ambiente) no llega a los titulares de los diarios sino para expresarlo como una fatalidad y no como la ausencia de una política de salud nacional. Las gravísimas inundaciones del noroeste, a diferencia de la cobertura amarillista que esos mismos medios hacían antes, ponen el acento en las pérdidas económicas intentando justificar así (como antes los hicieron con la sequía) la mala perfomance económica del gobierno. Cuando informan del tema, lo hacen poniendo énfasis en la “preocupación” del gobierno y en el presidente sobrevolando con cara de preocupado la zona. Nada dicen de la ausencia de obras comprometidas en el paralizado “Plan Belgrano”, ni en los muertos y heridos ni en los insultos de la gente de las provincias afectadas en cada contacto con funcionarios o con el propio presidente.

III – La semana marcó además la pavorosa noticia de la inflación más alta desde 1990 pero en los medios, salvo en los que escapan a la runfla cómplice, no se le recordó al presidente una de las mentiras que lo ayudó a ganar las elecciones: cuando la inflación era menos de la mitad de la que ahora se trata de naturalizar, el mandatario, como candidato, recorría los estudios de televisión que se le abrían generosos, y decía ante cada micrófono que se le ponía enfrente, y con tono de porteño canchero, que bajar la inflación era la cosa más fácil del mundo y era la demostración de “tu propia ineptitud para gobernar”.

IV – Hace años, un recordado historiador argentino, postuló en “La ópera y la irrealidad barroca” que uno de los síntomas de la decadencia del Antiguo Regimen era el creciente intento de ocultar la realidad económica y política de descomposición de esa coyuntura del siglo XVIII con una rebuscada y sofisticada forma de presentarla en el escenario. Desde la descaradamente lujosa presentación, hasta la deformación de la voz de sus protagonistas, la ópera barroca era un intento de la privilegiada clase noble gobernante de representar la época, decía el historiador, falseando la realidad, intentando contrarrestar en el escenario el avance de la burguesía en la vida real. Tres siglos después, los esfuerzos versallescos de la corte macrista lugareña por imitar a los nobles franceses, confirman póstumamente hoy que la lúcida mirada de nuestro José Luis Romero fue, además, la identificación de una estrategia típica de clases sociales (y sus gobiernos) en descomposición. (LVS)