La oposición “sensata” y la “gobernabilidad”

Algunos por ingenuidad y otros por oportunismo, lo cierto es que no faltan voces desde el amplio arco opositor, e incluso desde la dirigencia social, que reclamen cambios al gobierno nacional ante las duras consecuencias de sus medidas económicas para con la mayoría de los argentinos. Pero independientemente de la intención que moviliza esos reclamos que piden un “cambio de rumbo” sin muchas más explicaciones, lo cierto es que parecen ignorar -o subestimar- el verdadero sustento político-ideológico que guía al macrismo en sus decisiones gubernamentales. Muchos dirigentes que se dicen “opositores” se muestran remisos a plantear el debate sobre esa cuestión de fondo y, en cambio, prefieren mostrar su “preocupación” por los “daños colaterales”de la receta neoliberal que viene aplicando con entusiasmo la coalición Cambiemos.
Esos vacilantes dirigentes han caído en la red tejida por el relato macrista, amplificado por los grandes medios porteños, para neutralizar todo atisbo de resistencia a un programa de neto corte fondomonetarista que, desde sus comienzos, tuvo ganadores y perdedores muy claramente definidos. Con tal estrategia han logrado apartar y seducir a una oposición “sensata” o “razonable” que se muestra más “comprensiva” y despegarla de la otra a la que descalifican como “irresponsable”. Para ello han exhumado un término: “gobernabilidad”, de difusa significación, y al que todos deben rendirle pleitesía. Quien no se allana a esa extorsión es tratado como paria, como leproso de la política. Lo que debería llamar la atención es que esa singular palabra comenzó a cotizar fuerte en el diccionario político en el preciso momento en que se produjo el cambio de gobierno. Antes, con el kirchnerismo en la Casa Rosada, a nadie se le ocurría mencionarla. Al contrario, en ese tiempo cuánto más furioso y agresivo se presentaba un dirigente o un espacio político opositor, más minutos de radio y TV y centímetros de diarios tenía a su disposición.
Los cientistas sociales hablan de la “batalla cultural” que terminó siendo ganada por la derecha empresaria con el auxilio inapreciable de los medios hegemónicos. La fragmentación de lo que otrora fue el frente político kirchnerista en varias parcelas inofensivas y algunos cacicazgos rendidos a los pies de la “gobernabilidad” es un subproducto de aquel enfrentamiento.
Cumplido el primer año de gobierno de Cambiemos y ya en los comienzos de este 2017 se advierte una apuesta a endurecer todavía más su línea político-ideológica. Y ello ocurre a pesar de los reclamos de los “opositores sensatos” y de las lastimeras menciones al costo social que enarbolan en sus discursos que, como se dijo, eluden la cuestión de fondo.
Resulta cada vez más claro que con esa oposición retórica que abunda en los medios con sus apelaciones sentimentales no se va a detener el tsunami neoliberal macrista. Si no aparece una voluntad política de proponer vías diferentes y acciones concretas para llevarlas a cabo, si se sigue apelando al discurso descafeinado para maquillar el oportunismo, la derecha empresarial seguirá avanzando, aumentando la desigualdad social y tumbando uno a uno los derechos sociales y laborales arduamente conquistados.