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La otra transición

LA SEMANA PAMPEANA

I – Santa Rosa está viviendo una curiosa mutación política. En estos días de transición, cuando los vecinos esperan que el intendente saliente acuerde con el entrante un cambio de gestión ordenado, armónico y sin golpes bajos, el jefe comunal ha iniciado su propia transición: de oficialista a opositor. Ansioso por comenzar su labor opositora aún antes de dejar el cargo, el intendente pasó en la semana los límites que la ley le impone al ejercicio de su cargo. La historia es conocida por los santarroseños: a días de dejar su cargo, y sin un estudio de factibilidad financiera, apura un convenio con los empleados de la vieja dirección de Obras Sanitarias de cuya necesidad nadie duda. Pero la jugada política de quien ingresó echando a patadas a decenas de empleados, tratándolos de inútiles y haraganes y dejó pasar casi toda su gestión sin preocuparse por el asunto, tenía un inconveniente: el propio convenio que firmó, respetando la ley, establecía que no entraba en vigencia hasta tanto se aprobara en el Concejo Deliberante la creación del nuevo ente municipal que debería gestionar el área.
II – Ese artículo molesto para las intenciones del jefe comunal fue eliminado entre gallos y medianoche. Poco cambia este ardid en su conducta ilegal. La ley orgánica de municipalidades establece claramente en su artículo 36 inciso 34 de su Sección Segunda en el capítulo de Facultades normativas del órgano deliberativo municipal que «Corresponde al Concejo Deliberante dictar ordenanzas referentes (al) (…) estatuto del empleado municipal a propuesta del Departamento Ejecutivo». La claridad con que este artículo veda al intendente acordar con los empleados condiciones de trabajo sin la aprobación del Concejo lo pone en idéntica situación que el condenado e inhabilitado ex intendente que en enero de 2009 hizo algo parecido arrogándose facultades legislativas que no tenía. La coartada ahora es una ordenanza dictada por su antecesor facultando al intendente a conformar comisiones para acordar con los trabajadores condiciones laborales, pero nada dice esa ordenanza que con ella queda anulada la ley de Municipalidades y su obligación de aprobar esos acuerdos con el Concejo Deliberante. Lógicamente porque no puede una ordenanza anular una ley.
III – (En realidad, y en plena transición, el intendente, si su sana intención fuera solucionar el problema de las condiciones laborales de los empleados de Obras Sanitarias, el camino era mucho más simple: un acuerdo político con su sucesor que, lo ha dicho, coincide con el fondo de la cuestión pero reclama un estudio de factibilidad financiera. La forma en que lo ha encarado deja en claro que no quiere un acuerdo político con quien asumirá el 10 de diciembre sino condicionarlo. Fiel a su larga tradición de opositor, el radical ya está actuando como tal).
IV – (Lo extraño es que este comportamiento ilegal del titular del Departamento Ejecutivo santarroseño contó con la anuencia de la autoridad de aplicación de la legislación laboral en la provincia y de su pariente, el titular del gremio firmante pese a su evidente ilegalidad. Igualmente extraño es que, para un gremio que hasta hace poco no tenía en su agenda la reivindicación de los empleados de Obras Sanitarias de Santa Rosa como un tema prioritario, y que el tratamiento de la situación laboral de estos agentes tiene un atraso de años, el apuro que tiene ahora, a días del cambio de autoridades, resulta sumamente llamativo).
V – En la semana quedó zanjada, en apariencia al menos, la crisis que se había desatado dentro del justicialismo por la presidencia del bloque de diputados. Fue elegido para ese cargo el ex ministro de Seguridad y el desplazado titular del bloque dio su consentimiento. La pelea se corrió ahora a la sucesión de la diputada kirchnerista que fue llamada por CFK a ocupar un alto cargo en el Senado. La pelea por la vacante de su cargo llena ahora las horas de los círculos donde se trenza la política lugareña. «Como se va una mujer», dicen de un lado, «debe asumir otra mujer». Eso favorece al marinismo. Si, en cambio se da lugar al próximo en la lista de suplente, asumiría un vernista. En ambos casos el kirchnerismo no recuperaría el lugar que deja una de las suyas. Un problema similar se les presenta a los radicales, una de cuyas concejalas electas en Pico renunció a su cargo por razones que no están muy claras. El partido queda así con un solo concejal pues el que le sigue en la lista de suplentes es un aliado de Cambiemos pero del MID. Los partidos sufren así internamente que las leyes que regulan estos reemplazos no tienen en cuenta que la Constitución dice que son los partidos órganos fundamentales de la democracia. Si eso fuera así, serían los partidos los que decidirían quiénes asumirían ante una vacancia para garantizar así que los acuerdos internos entre partidos o líneas de un partido no se alteren por renuncias. (LVS)