La Pampa colonial del Atuel y el gas

LA SEMANA PAMPEANA

I – El desmanejo mendocino de las aguas interprovinciales del rio Atuel causó nuevamente una crisis de inundaciones de puestos y cortes de caminos por la ausencia de aviso previo sobre la llegada del agua al oeste pampeano donde sus pobladores e infraestructura sufrieron, nuevamente, las consecuencias de esa actitud negligente de Mendoza. La Pampa esta vez reaccionó con rapidez e inteligencia y logró poner en evidencia en la semana que el manejo unilateral de ese curso de agua interprovincial atenta efectivamente contra nuestra provincia y sus pobladores y que el uso y abuso de las aguas del rio Atuel es una práctica contraria, no solo contra el fallo de la Corte, sino además a la más mínima racionalidad en las relaciones interjurisdiccionales. Advirtió además que ese manejo unilateral del río, viola la legislación nacional que obliga a la conformación de comités de cuenca que sean las autoridades únicas en el manejo de los recursos hídricos compartidos.

II – No bien se conocieron las primeras noticias sobre la llegada de más de diez metros cúbicos de agua por el cauce, sin aviso previo, el gobierno pidió al gobierno nacional que se conforme el comité de cuenca tal como lo manda la ley y el buen uso de un recurso natural que la vecina provincia maneja tan irracionalmente. A los daños que causan por el corte de agua de años, se suman las devastadoras consecuencias de las sueltas inconsultas (que demuestran, casi por el absurdo, claramente, que el río es interprovincial pues llega aquí no bien lo sueltan). Si los funcionarios nacionales leen los argumentos pampeanos y comprueban las consecuencias desastrosas para el medio ambiente que tiene la persistencia de un manejo irracional, desaprensivo e ilegal, como el que exhibe Mendoza, la formación del comité sería un hecho pues queda en evidencia que los mendocinos no saben ni pueden manejar el recurso.

III – La Pampa tuvo en la semana una provincia aliada en su intento de rescindir el contrato que nos une con la multinacional Camuzzi y reestatizar el servicio para gestionarlo en sociedad con las cooperativas. Desde el extremo sur, la gobernadora de Tierra del Fuego apoyó la ley pampeana para emplazar al Enargas a rescindirle a Camuzzi y para incorporar como actoras a las cooperativas. La mandataria patagónica coincidió con el pampeano en que la gestión del gas por parte de la multinacional no tiene en cuenta los intereses locales y que sus incumplimientos deberían obligar a la caducidad del contrato.

IV – Como en el caso del Atuel, las autoridades nacionales a las que acude nuestra provincia para hacer valer sus argumentos, no tienen argumentos de peso que oponer, salvo que La Pampa tiene razón. Pero una extraña y perniciosa manera de mirar la ley y la selectividad con que los poderes reales en este país inclinan la balanza y lo hacen siempre para el lado de sus aliados, ha privado a La Pampa de justicia y a los pampeanos de una respuesta a sus intenciones de hacer avanzar la provincia. Asi tenemos un río interprovincial que no manejamos y del que no recibimos un caudal garantizado salvo cuando ese agua no pueda ser embalsada aguas arriba y se necesite un sumidero, un patio trasero, donde volcar esos indeseables caudales. De igual forma tenemos una red troncal de gas completamente construida por la provincia y una red domiciliaria enteramente pagada por los usuarios pero se nos ha vedado a los vecinos pampeanos el manejo del servicio de distribución mayorista y minorista.

V – Así, en La Pampa, los argentinos que aquí vivimos podemos repetir como los patriotas de 1810 que un sistema de dominación colonial nos mantiene en un estado de minoridad que nos veda el autogobierno de nuestros ríos y de nuestros ramales de gas. Así como en 1810 le estaba vedado a los criollos el manejo de los asuntos del Virreynato reservado solo a los españoles, a los pampeanos se nos prohíbe, en pleno siglo XXI, doscientos años después, la gestión de nuestros recursos. Son nuestros pero no podemos manejarlos.

VI – La historia nos enseña, y nos manda, a tomar otros caminos cuando las peticiones fracasan. Este mandato debería aconsejar a los que así nos mantienen en la sumisión, a ser prudentes en las decisiones que se adopten. Los argentinos no nos hallamos en un sistema de tutelaje colonial. Cuando así se nos mantiene en contra de nuestros deseos, encontramos la forma de salir por caminos menos burocráticos pero más efectivos a la hora de lograr los resultados. (LVS)

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