La paradoja de la independencia periodística

DILEMAS DEL PERIODISMO DE NUESTROS DIAS

Nora Veiras* – En el arduo camino de recuperar las palabras y sus significados, la independencia es condición para el ejercicio libre del periodismo. La paradoja es que nos quieran convencer de que el sometimiento es el nuevo nombre de la independencia.
La independencia es sinónimo de libertad, de capacidad de decisión, de plenitud. Imposible no exigirla, no anhelarla, no defenderla. Por qué entonces resulta tan irritante el maridaje entre independencia y periodismo. La respuesta implica recuperar el valor de las palabras en un contexto que simula compromisos y dependencias y tiene “los medios” hasta para apropiarse y vaciar de contenido los significados.
El relato del periodismo dominante asimila la independencia con una neutralidad política que no es tal. Lo político resuena sospechoso mientras lo apolítico se vende como la plataforma para contar lo que sucede sin condicionamientos. Los condicionamientos son vistos como tales sólo cuando exponen intereses que desafían al poder establecido.
El periodista español Pascual Serrano en el artículo “El periodista, la objetividad y el compromiso”, acostumbrado a lidiar con las trampas naturalizadas en el mundo de la comunicación, observó: “el discurso de la neutralidad se utiliza inteligentemente desde los medios de comunicación neoliberales. Basta con observar los nombres con los que gustan denominarse en sus cabeceras: El Imparcial, Informaciones, ABC, La Nación, El Nacional, El Mundo, El Universal, El País, La Razón… Todos son asépticos y neutrales, como desean que creamos que son sus contenidos. Su celo por aparentar ausencia de ideología les lleva incluso a prohibir a sus periodistas que tengan ideas hasta fuera de la redacción. No es verdad que sean soportes neutrales de información. Ellos militan y hacen apología del modelo económico dominante en el que se desenvuelven y del que obtienen beneficios”.

Las máscaras.
Para persuadir hay que ser creíble. Si se corre la máscara y se deja ver el rostro de intereses permanentes que se defienden desde la propiedad de los medios se torna muy difícil el convencimiento del auditorio. El manejo de la agenda es la llave maestra del plan. Qué se prioriza y, sobre todo, qué se invisibiliza son los rieles sobre los que se desliza la construcción de la realidad. Aún dentro de aquellos hechos ineludibles.
El avezado periodista británico Robert Fisk apeló a ejemplos contundentes para mostrar de qué y desde dónde se puede contar lo que sucede. “Los periodistas deberíamos estar del lado de quienes sufren. Si habláramos del comercio de esclavos en el siglo XVIII, no le daríamos igualdad de tiempo al capitán del navío de esclavos en nuestros reportes. Si cubriéramos la liberación de un campo de concentración nazi, no le daríamos igualdad de tiempo al vocero de las SS”, señaló Fisk.
En el mundo occidental y en la Argentina en particular abundan los ejemplos sobre las intenciones ocultas en la aparentemente aséptica construcción de la agenda, Quizás el tema más sensible para el capitalismo es la ya inocultable opacidad y corrupción del sistema financiero internacional. En Buenos Aires, un arrepentido del JP Morgan confesó cómo trabajó para que los ricos de la Argentina, entre ellos dueños de medios y políticos liberales, evadieran impuestos y fugaran miles de millones de dólares al exterior. Durante cuatro años estuvo esperando que el fiscal de la causa lo citara para ampliar la declaración. El mismo fiscal que se maneja con una troupe de periodistas para difundir operativos y tratar de lograr el arrepentimiento de procesados que incrimen a políticos que están fuera del poder.
El periodista Roberto Savio, co-fundador y ex director general de Inter Press Service y creador de Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”, en el artículo “El periodismo de hoy: Una elección entre el mercado y la gente” señaló que “el verdadero problema es que el periodismo se ha convertido en tan sólo un espejo de nuestro tiempo, abdicando de cualquier función social, para limitarse a ser un abastecedor de la información como una mercancía. Nuestros tiempos están marcados por el neoliberalismo, y los vicios como la codicia y el individualismo se han convertido en virtudes, exaltadas por Hollywood y por la homogeneización de los medios de comunicación. Los valores del desarrollo, consagrados en todas las constituciones modernas, eran la justicia social, la equidad, la solidaridad y la participación, entre otros. Por el contrario, la globalización es la riqueza y el éxito, el triunfo del individuo, con el Mercado en lugar del hombre en el centro”.
Una muestra cabal de la primacía de los valores que señala Savio es el artículo laudatorio de Mauricio Macri escrito por Paul Singer en la revista Time para el número especial dedicado a las 100 personalidades más influyentes en el mundo. El elogio de uno de los capos de la carroña financiera internacional, el cerebro dedicado a comprar bonos en default para luego, con la anuencia de los jueces del sistema, cobrar intereses usurarios a los países emergentes debería incomodar a un presidente democrático. Pues no. En un alarde de objetividad la agencia oficial de noticias Télam tituló el pasado 24 de abril: “A horas de cobrar, Paul Singer escribió el perfil de Macri en Time” mientras presenta a Singer como el “líder del Fondo MNL”, “principal litigante contra la Argentina en el caso de los holdouts” y “magnate”. A veces tratar de analizar la realidad es redundante.

Compromiso sí. Sometimiento no.
La independencia supone compromiso pero “no se trata de que, desde el compromiso del periodista -como sostiene Serrano-, el periodismo se convierta en panfleto. La ciudadanía rechaza los intentos de un periodismo militante que no aporte rigor ni información contrastada y sólo incluya ideología. Lo que reivindicamos es la recuperación de la dignidad y el servicio a la comunidad, a la justicia social, a la soberanía de los pueblos y a las libertades. No se debe confundir periodismo comprometido con servir incondicionalmente a un partido político o a un gobierno con el que se simpatiza. El compromiso es con unos principios y unos valores no con unas siglas o un determinado órgano de poder. Y, sobre todo, dar la voz a quienes tantas veces tienen vetado el acceso a los medios de comunicación”.
El periodismo surgió en el siglo XIX en la Argentina como herramienta de expresión de proyectos políticos. La masividad y, en las últimas décadas, el fenómeno de diversificación capitalista y globalización igualó a los medios dominantes en la defensa de un sistema que apuesta a invisibilizar la ideología y se disfraza de independiente. La parcialidad está denunciada como la deformación de quienes se resisten a naturalizar las artimañas del poder dominante. La parcialidad del establishment no es tal, es sólo la realidad.
La instauración de lo políticamente correcto como la única manera posible de mirar lo que sucede apunta a deslegitimar todo discurso alternativo. “No estoy en contra de las ideologías pero hay ideologías malas”, sentenció el actual titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi. Una garantía de pluralismo para las buenas ideologías.
En el arduo camino de recuperar las palabras y sus significados, la independencia es condición para el ejercicio libre del periodismo. Independencia que significa compromiso, poner en duda los valores de un poder dominante que considera defendible un mundo donde el capital depositado en los paraísos/guaridas fiscales es diez veces el capital necesario para resolver el hambre, la salud y la educación en todo el mundo.
La paradoja es que nos quieran convencer de que el sometimiento es el nuevo nombre de la independencia.
* Revista Independencia.

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