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La pobreza de los mentirosos

Ningún gobierno argentino ha hecho uso de la mentira con tanto desparpajo como el actual. No es que los anteriores nunca acudieran a esa estrategia, pero comparados con el macrismo han quedado muy atrás en materia de falsear la realidad. Sobran ejemplos que lo demuestran, aunque para no ir demasiado atrás en el tiempo y abrumar al lector citaremos algunos -solo algunos- de los más recientes.
En la apertura del período de sesiones del Congreso Nacional, hace un mes, el Presidente de la Nación finalizó su discurso impostando enojo y afirmando que «bajó la inflación», «bajó la pobreza», «creció la economía» y «creamos 700 mil puestos de trabajo». Hace unos días el jefe de Gabinete Marcos Peña le dijo a un periodista amigable, que no molesta con repreguntas, que «el gobierno no tiene trolls» porque «nosotros somos transparentes» y que, en cambio, «el kirchnerismo los tenía». En tanto, el ministro de la Producción nacional Dante Zica afirmó que «la pobreza no creció» y que «está en los mismos niveles que cuando asumimos» en 2015.
Ninguno de ellos se ruborizó por hacer un uso tan alevoso de la mentira. Después de todo es el arma política preferida por el macrismo desde que puso en manos del ecuatoriano Jaime Durán Barba la planificación comunicacional. Ahora bien, en lo que concierne al tema de la pobreza importa analizar las expresiones del ministro porque es un fenómeno que tiene en vilo a la sociedad.
Hay dos circunstancias que favorecen el ardid del funcionario. En primer lugar el silenciamiento de los datos referentes a la pobreza por parte del gobierno kirchnerista bajo la excusa de que se «estigmatizaba» a los sectores más humildes. Y en segundo lugar aquel «apagón estadístico» de seis meses en el tramo inicial del actual gobierno que se utilizó para cambiar la metodología de medición de la pobreza y de otros índices de la economía. Esa discontinuidad metodológica dificulta la correlación de las cifras entre ambos períodos de gobierno, sobre todo porque -como lo han denunciado varios consultores y economistas- los cambios no han sido «neutrales» sino, por el contrario, han buscado maquillar el impacto negativo en la sociedad de las medidas económicas adoptadas por el macrismo.
Sin embargo existen algunos datos que sirven para desmentir al ministro «optimista» y a los grandes medios de comunicación porteños que también integran el aparato propagandístico del actual gobierno. Entre esos datos figura el incremento del nivel de pobreza en el último año realizado con la misma metodología en ambos casos. De 2017 a 2018 se midió un aumento del 6,3%, lo cual significa que fueron 2,9 millones las personas que pasaron a ser pobres en ese lapso.
Pero también hay otra estadística que hoy resulta muy oportuno recordar porque, al no estar generada en el país, no está contaminada por los enfrentamientos políticos nacionales. Se trata de un informe del Banco Mundial -insospechado de cercanía con el kirchnerismo- que hoy nadie quiere recordar en el gobierno y en el periodismo oficialista.
Según ese trabajo en la década comprendida entre 2003 y 2013 Argentina fue el país de la región que más personas sacó de la pobreza para incorporarlas a la clase media. El informe del BM titulado «La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina» estableció que la clase media argentina aumentó en ese período de 9,3 a 18,6 millones de personas lo cual representa un 25 por ciento del total de los habitantes del país.
Otro dato que se prefiere ocultar: en 2015 el salario mínimo vital y móvil de Argentina medido en dólares era el más alto de América Latina; hoy luego de tres años de macrismo ocupa el sexto lugar.
Negar el crecimiento de la pobreza y decir que está en el mismo nivel que en 2015 es, lisa y llanamente, mentirle a la población. Y, lo que es peor, mentirle a sabiendas.