La prensa amiga no habla del biodiésel

El portazo que pegó Donald Trump al biodiésel argentino no solo fue para el macrismo una derrota comercial sino también diplomática e ideológica. Quizás por tal motivo semejante información fue meticulosamente escondida por los grandes medios porteños que la relegaron a los habituales espacios marginales que les dan a las noticias que no dejan bien parado al gobierno nacional.
Durante la reciente cumbre de la OMC en Buenos Aires la prensa ultraoficialista había destacado las “gestiones” de los titulares de la Cancillería y del Ministerio de Producción ante la delegación norteamericana para que ese país flexibilizara sus exigencias en materia de comercio con la Argentina. Más todavía, esos medios amigos se encargaron de enfatizar que se trató de una “reunión fructífera” que mostró grandes “avances bilaterales”. Menos de un mes después la realidad se encargó de desmentir -una vez más- esa propaganda disfrazada de periodismo.
Lo cierto es que la aplicación en EE.UU. de un arancel que supera el 70 por ciento al biodiésel argentino implica en los hechos el cierre total de ese mercado y se traduce en un impacto de nada menos 1.600 millones de dólares. Aquella “victoria” de reabrir las fronteras norteamericanas para los limones argentinos, que a comienzos del año pasado se trajo el presidente de la Nación de su viaje a Washington, implicó un negocio de 50 millones de dólares. La extraordinaria diferencia entre los ingresos que al país le significa uno y otro producto habla a las claras de cuál fue, finalmente, el resultado final del partido.
Entre los temas más recurrentes en el discurso macrista figura el de “la apertura al mundo” y, en el mismo sentido, el de la “normalización de las relaciones con EE.UU.”. Ambos forman parte del libreto de la derecha neoliberal que llegó con Cambiemos al gobierno. Pero lo cierto es que ese relato ha mostrado tener muy poca correspondencia con el duro mundo de los hechos y la reunión de la OMC lo dejó ver como nunca antes. Las propuestas de liberar las fronteras del comercio internacional que con tanto entusiasmo presentaron los gobiernos argentino y brasileño -otro que abraza con entusiasmo el credo ortodoxo- chocaron de frente contra el muro que opusieron casi todos los países del mundo, incluídos la Unión Europea, EE.UU. y Japón, fervientes defensores -de palabra- del libre mercado.
Hoy el idolatrado “primer mundo” se ha vuelto proteccionista, con los norteamericanos y europeos a la cabeza. Hoy más que nunca la ideología neoliberal se ha vuelto una herramienta “for export” que los países centrales imponen a sus pares subdesarrollados como el nuestro. En verdad, siempre lo fue, pero en estos tiempos se nota más que nunca. Hay sobreproducción de bienes y mucha gestión por colocarla a cualquier precio; por eso los países que tienen autonomía económica e ideológica se cierran para defender sus industrias, su mano de obra, su bienestar. No es el caso de Argentina que desde hace dos años cambió “populismo” por neoliberalismo al alto costo que hoy todos pueden ver con solo buscar información en los pocos medios no oficialistas que todavía sobreviven.