La protesta social va calentando el durísimo invierno macrista

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – El gobierno de Mauricio Macri venía de degustar el sabor dulce de la vida política. A los siete meses ya sabe de amarguras, por las críticas aún de sectores sociales que lo votaron. Se encendió la protesta social.
Macri debe ir aprendiendo que aún las desmesuras tienen un límite. Puede comprobarlo con la conducta de los medios militantes a su favor, esto es Clarín y “La Nación”. Si bien no dejaron de hablar bien de su gestión, inventando historias o mentiras en torno a la administración anterior, ya ponen cierta distancia.
Los que soplan el Clarinete admiten ahora que el presidente se equivocó al dar vía libre a los exorbitantes aumentos de tarifas en el gas, que llegaron hasta el 1.700 por ciento. Los de “Gaceta Ganadera”, que -como parte del consorcio internacional que develó el listado del estudio Mossack-Fonseca habían divulgado la aparición de Macri en firmas off-shore en Bahamas y Panamá-, ahora publicaron las incoherencias en sus declaraciones juradas. Las presentadas en 2014 como jefe de gobierno porteño y las de 2015 como candidato a presidente, tienen incongruencias de varios millones de pesos.
No es que los medios hegemónicos hayan roto su alianza privilegiada con el gobierno que mejor representa a los capitales concentrados. Eso continúa, pero sin el blindaje de antes, que era de acero inoxidable. Ahora es de acero nomás.
Esa toma de distancia ocurre porque hay una realidad que muestran las encuestas, como la de Ceop de Roberto Bacman: el balance entre la imagen positiva de MM y la negativa da un resultado adverso de más de 8 puntos.
Una parte de ese “rojo” venía por los despidos masivos y la transferencia de ingresos hacia los sojeros, mineros y banqueros, en particular por la quita de retenciones, la devaluación y el brusco empinamiento de la inflación. Pero el salto cualitativo hacia el desbalance revelado por aquellas encuestas lo dio el tarifazo del gas, luz, agua y transporte.
Las protestas ruidosas en el Obelisco porteño y plazas de muchas ciudades, el jueves, lo puso de manifiesto. Y eso que su magnitud, como tantas otras manifestaciones populares, debe medirse en la parte que muestra y otra más extensa que permanece bajo la superficie, como en un iceberg. La mayoría de los argentinos está en contra de la brutal suba de tarifas, incluso una buena parte de ciudadanos que en noviembre votó la dupla Macri-Michetti.
Los errores del presidente no son básicamente técnicos sino ante todo políticos: se ha pegado un par de tiros en sus propios pies. Después que no eche la culpa de su inestabilidad a las críticas de la oposición, que hasta ahora no arrimó más leña al fuego ciudadano por la teoría de ayudar a la “gobernabilidad”.

Hacéte amigo del juez…
Aunque siguió a su manera el consejo martinfierresco sobre la necesidad de hacerse amigo de los jueces, el presidente tampoco tuvo en la semana una buena respuesta de Tribunales.
Ya había sido impactado por resoluciones adversas al tarifazo en la justicia de Chubut, Mendoza, San Luis, Córdoba y sobre todo La Plata, que declaró nulo el aumento de las facturas de gas para todo el país y las de electricidad en la provincia de Buenos Aires.
El gobierno apostaba a un “per saltum” para llegar a las corridas, con el corazón en la boca, hasta el cuarto piso de Tribunales donde mora la Corte Suprema. De allí que el pasado martes sus abogados presentaron su apelación ante la Cámara platense que había sido tan dura con las resoluciones de Juan J. Aranguren.
En el interín, Energía calculaba que podía volver a facturar con los aumentos del 400 y 500 por ciento para clientes domiciliarios y empresas, tomando en cuenta la factura del mismo período del año anterior. Creía que la apelación pondría puntos suspensivos al fallo de la cámara platense, pero no fue así. Allí ratificaron la nulidad de los aumentos decretados por Aranguren y sus secretarios, con el aval presidencial, esquivando las audiencias públicas. Descartaron por ridículas las explicaciones gubernamentales de que seguían siendo válidas las realizadas en el 2004.
Si el mandoble platense dio en el mentón de Balcarce 50, lo que vino de la Corte Suprema debió dolerle el doble, por lo inesperado de quien lo propinaba. Es que los cuatro supremos, incluido el recientemente incorporado Horacio Rosatti, no se abocaron a la causa y pidieron que el Ejecutivo brindara una serie de explicaciones sobre los criterios tomados en cuenta para el tarifazo. Hasta mediados de agosto, una vez terminada la feria judicial, la CSJN no estudiará la explicación que pueda brindarles el presidente. Después de eso dirá si le ha llegado el recurso de queja desde la ciudad de las diagonales, por apelación gubernamental. Y se supone que en el mejor de los casos para la suerte de Aranguren, recién entonces analizará el expediente, con sus tiempos.
En la semana se vio entrar a Ricardo Lorenzetti a la Casa Rosada, donde dialogó con su principal inquilino, aunque no se dieron a conocer los términos de su agenda. Pareció por lo menos desprolijo que el titular de la Corte accediera a esa reunión con la cabeza de un poder que le arroja una brasa caliente, sin la presencia de la otra parte en el pleito, o sea de las entidades de consumidores, centros de estudios, multisectoriales, etcétera.
Si es por los resultados, la citación a Lorenzetti no surtió los efectos deseados de acceder al “per saltum” y a una primera resolución que suspendiera el fallo de La Plata.
Macri es amigo de los jueces, pero no siempre logra su cometido. Aunque no les dé de qué quejarse, a veces no logra rascarse en ese palenque…
Y quien quedó en aire fue Aranguren, rostro visible del tarifazo y la transferencia de 4.000 millones de dólares a las petroleras y gasíferas, entre ellas su bien amada Shell. Mientras más se demore su salida del gobierno, más costo político pagará el presidente que lo llamó a filas y protegió. En su propio beneficio Macri debería recordar que en su momento defendió con uñas y dientes al comisario Jorge “Fino” Palacios, hasta que debió soltarle la mano. Tendría que hacer lo mismo con el ex CEO de la anglo- holandesa.

Premios y castigos.
En medio de las dificultades que él mismo fogoneó, el jefe de Estado acude al relato de que heredó un desastre y por eso tuvo que adoptar medidas que iban a afectar a la población.
Esa presentación del problema no es verdadera, por los simples ejemplos que se expondrán. Antes vale aclarar que, en todo caso, los dramas de desocupación, pobreza y tarifazos quiere ser ocultados o minimizados por el oficialismo con campañas mediáticas sobre los casos de Lázaro Báez, José López, Cristina Fernández, Florencia Kirchner, etcétera.
En ese cambalache, el macrismo quiere sacar ventajas políticas con ayuda judicial y de denunciadoras seriales como Carrió y Stolbizer, con el monopolio de Magnetto dirigiendo el libreto.
Para alguien libre de contaminación mediática, Florencia K puede ser o no un personaje antipático, pero de allí a ponerla en plano de igualdad con el corrupto López que ingresaba bolsos con 9 millones de dólares a un convento, hay una distancia sideral. La hija de la ex presidenta pidió al juez Ercolini que abriera sus cajas de seguridad y declaró que los 4,6 millones de dólares que había en el Banco de Galicia estaban declarados como herencia de su padre y de bienes gananciales cedidos por su madre. Gustará o no, pero no luce como una conducta delictiva, algo que es harto evidente en López. Y en Macri parece haber omisión maliciosa de sus bienes, y posible lavado de activos, por sus empresas off-shore en Bahamas y Panamá, y las diferencias en sus declaraciones juradas.
El relato macrista sobre “el desastre” es una invención para tratar de justificar sus medidas de ajuste. Si así fueran las cosas, todos los argentinos deberían soportar las adversidades. Sin embargo, como se vio en el gas, el tarifazo cae sobre las espaldas de capas medias y bajas, en tanto las gasíferas y petroleras ganaban miles de millones de dólares.
Esos sectores del privilegio están muy lejos de atravesar una crisis. Están ganando fortunas, que también embolsaron en los doce años pasados. Ahora un poco más: los bancos ganaron en mayo 6.743 millones de pesos, según la información del Banco Central del procesado Federico Sturzenegger. La misma fuente añadió que entre enero y mayo de este año, las entidades financieras tuvieron una ganancia de 32.228 millones de pesos, un 43 por ciento más que en mismo lapso del año anterior.
En Indec del macrista Jorge Todesca informó que los argentinos tienen en el exterior 236.391 millones de dólares. Los especialistas como Jorge Gaggero, del Cefid-Ar, precisaron que ese es el piso, o dinero registrado, pero que la cantidad real es de 500.000 millones, casi tanto como el PBI del país.
Macri apostaba en parte a esos capitales para lograr una “lluvia de miles de millones de dólares”. Por ahora no pudo convencer siquiera a Carlos Melconián, del Banco Nación, para que repatrie sus capitales, ni al desprestigiado Aranguren para que venda las acciones de Shell. Y de eso no podrá culpar al kirchnerismo. El parasitismo y cobardía de esos fondos son como la maldad del escorpión, que por su naturaleza puede llegar a picar a algún insecto de su familia, o a la mano que le da de comer, sin ningún remordimiento.

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