La “reinserción inteligente” y sus derivaciones

MAS ALLA DE LA COYUNTURA

El programa neoliberal del gobierno no avanzará sin encontrar resistencias, tanto de los trabajadores como
de los sectores empresarios perjudicados, en un contexto condicionado por la elección en Estados Unidos.
EDUARDO LUCITA*
Todos los análisis se centran en la coyuntura. Las miradas siguen una a una las principales variables que hacen al ajuste en curso, sin embargo si se hace el esfuerzo de mirar un poco más allá se verá que se está preparando el escenario para la apertura de la economía, la reconfiguración de la industria y de las relaciones capital-trabajo.
El ajuste en curso ¿es producto de un error de diagnóstico como suelen decir los neodesarrollistas? ¿Tiene que ver con las concepciones teóricas de los neoliberales? ¿O con la lógica de nuestro capitalismo dependiente como sostenemos quiénes no abrevamos en el keynesianismo tardío de los neodesarrollistas ni en los supuestos neoclásicos de los neoliberales?
Lo hemos explicado en columnas anteriores. Dadas las características de nuestro capitalismo dependiente, que muestra un desarrollo insuficiente y deformado de sus fuerzas productivas, desde la mitad del siglo pasado en adelante todo ciclo expansivo de la economía termina en una política de ajuste que busca poner en caja las distintas variables macroeconómicas que sufrieron fuertes desequilibrios en el ciclo expansivo. El ajuste como se sabe lo pagan siempre los mismos. Sin embargo hay momentos, como el actual, en que el ajuste junto con la implantación de nuevos equilibrios macroeconómicos que necesita el capital va también preparando el camino para los cambios futuros. El eje que oficia como articulador de un nuevo modelo de acumulación y reproducción de capitales no es entonces el ajuste sino el declamado “regreso al mundo”.

La reinserción.
Este regreso al mundo -en el supuesto que antes el país estuviera aislado- no es solo el retorno a “los mercados voluntarios de crédito” -léase endeudamiento- o recuperar las buenas relaciones con el FMI -léase aceptar el artículo IV y las auditorias- o codearse con los grandes del mundo -tratar de que inviertan-, sino que tiene un carácter más estratégico.
El verdadero sentido del promocionado regreso es, como han definido los sectores pensantes del macrismo, “la reinserción inteligente al mercado mundial”. ¿Qué es la “reinserción inteligente”?, no otra cosa que la apertura de la economía para insertarse dinámicamente en determinadas cadenas del comercio internacional. Para esto se tiene que avanzar en generar las condiciones adecuadas -léase competitividad de la economía y productividad de los factores- para atraer inversiones, aggiornarse tecnológicamente y poder así competir en los mercados mundiales.

Mundo más competitivo.
Adecuar las condiciones es un intento por resolver los condicionantes estructurales del capitalismo dependiente argentino. Es a partir de los años cincuenta cuando el modelo de sustitución de importaciones deja al descubierto la incapacidad de la industria de generar las divisas necesarias para su desenvolvimiento (importación de equipos y bienes de capital). Es la restricción externa que a partir de ahí se haría presente en todas las crisis cíclicas hasta nuestros días. No es menor entonces que en 1952, en el Segundo Plan Quinquenal, apareciera el problema de la productividad y que en 1955 el ministro Gelbard lanzara el Congreso Nacional de la Productividad. Es que en esa crisis se detectaron los primeros problemas de competitividad.
Este proceso se agravó con el paso del tiempo, especialmente con la desarticulación industrial de los años noventa. Desde entonces la matriz insumo-producto tiene un componente importado elevado (del orden del 37-40%), ya no son solo equipos sino también insumos intermedios, y las divisas provistas por el campo ya no alcanzan por lo tanto es necesario exportar industria para no recaer nuevamente en el endeudamiento explosivo. Pero con el ingreso de China a la OMC la fuerza de trabajo mundial más que se duplicó (de 1.500 a 3.500 millones de trabajadores). Con salarios asiáticos de 200 dólares y condiciones de superexplotación propias de la primera mitad del siglo pasado el piso de competitividad es hoy mucho más elevado.

Modelos en disputa.
Desde el inicio de los años sesenta dos modelos están en disputa en el intento de destrabar las fuerzas productivas en el país, estos modelos se presentan hoy como neodesarrollismo y neoliberalismo. Uno abreva en una visión más nacional-desarrollista y hace eje en la planificación y la intervención reguladora del Estado. Por el contrario la visión neoliberal sostiene que desregulando los mercados estimulará a la industria para que sus ramas más dinámicas logren competir con la producción extranjera, tanto para importar como para exportar.
El gobierno de Mauricio Macri ha optado por una nueva versión del modelo mercado intensivo. Semanas atrás ha dejado trascender los contenidos del llamado Plan Productivo Nacional en los que identifica sectores altamente competitivos (agroindustria, minería, energía, incluida las renovables) sectores de mediana competitividad que debieran reestructurarse (como el automotriz) y sectores decididamente no competitivos, especialmente aquellos de mano de obra intensiva (como textiles y calzado) o cuyo balance de divisas es altamente deficitario ( como la electrónica y en parte la automotriz). Como es fácil de comprender el plan lleva a la total reconfiguración de la industria y de aplicarse tendrá costos económicos y sociales de envergadura.
Pero un modelo aperturista lleva implícito también la desregulación de las relaciones laborales y, dentro de ciertos límites, la rebaja del salario. Como señalara el analista internacional Jorge Castro: “En el capitalismo la productividad no depende del capital sino del trabajo. Esto es, de la forma en que el primero torna más productivo al segundo”. En estos días el gobierno nacional ha avanzando un casillero al incluir en el Diálogo Social con la CGT y los empresarios, bajo el auspicio del Papa, la discusión del proyecto productivo. Se incluyen ahí los llamados “costos no salariales” (ausentismo, accidentes de trabajo, derechos sociales, ampliación de la jornada); negociación salarial por productividad (ya hubo un avance en petroleros), la negociación colectiva descentralizada y limitaciones al derecho de huelga.

Final abierto.
Estos modelos con variaciones se han alternado a lo largo de casi siete décadas, incluso en algunos períodos el resultado fue una combinación de ambos, pero uno y otro han fracasado una y otra vez. Tanto porque no logran cambios estructurales cualitativos y profundos por las propias limitaciones de las fracciones burguesas que buscan llevarlos adelante y que terminan exacerbando todas las contradicciones, como porque al dejar librada la asignación de recursos al mercado solo fortalecen la concentración, la desigualdad de los ingresos y acentúan la dependencia externa, imposibilitando un desarrollo sostenido de la fuerzas productivas.
El programa neoliberal del gobierno de Macri no avanzará sin encontrar resistencias, tanto de los trabajadores como de los sectores empresarios perjudicados, en un contexto afectado por el resultado de la elección en Estados Unidos del martes pasado. No es seguro entonces que llegue a buen puerto. A la vez un regreso al neodesarrollismo del pasado reciente es tan ilusorio como discursivo, tanto porque a poco que se haga un balance se verán sus inconsistencias como porque el mundo y el contexto regional ya no son lo que eran.
Así el capitalismo argentino se muestra nuevamente condicionado por sus propios límites. Una vez más cobra vigencia aquella sentencia de que es el sistema del capital la principal traba para resolver los males que el capital causa a nuestras sociedades. Los trabajadores y los sectores populares debieran tomar nota.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

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