La relación con ET y si fue un hecho pasajero

Señor Director:
Leí con interés la nota de nuestro diario motivada por el fallecimiento de un vecino de Winifreda que en l981 dijo haber sido abducido a lo que pudo ser una nave extraterrestre y sometido a algún tipo de estudios por parte de seres con los cuales no pudo establecer una relación. Seres que estaban ahí, pero que no buscaban una comunicación personal. O sea, más o menos el tipo de relación que tiene un cobayo en manos de un investigador.
La nota mencionada daba cuenta de ese antecedente de tal persona con plausible objetividad y respeto por alguien que si bien repetía su relato no pedía que se le creyese ni que dejasen de creerle. Debe tenerse presente que en ese entones, hace ya más de treinta años, los testimonios de abducciones fueron dados por millares de personas de todo el mundo y, en particular, en los Estados Unidos. No faltaron expresiones de burla para quienes decían haber vivido la experiencia, pero también hubo estudios muy serios, del mayor nivel científico. En general, los científicos desecharon el relato por entender que estábamos ante experiencias subjetivas del tipo de los delirios, algunas psicosis, epilepsia o confusión de un sueño con la realidad. Sobre este tema hay mucho material en Internet. Se puede creer que también esos relatos interesaron a las personas fantasiosas y a las mentirosas que hallaron un tema muy a propósito para desarrollar sus dotes histriónicas.
Diré aún que al leer sobre estas interpretaciones hallé una expresión que no conocía: “Nadie conoce la profundidad de la cueva del conejo”. No se trata de conocer la cueva del conejo sino de la profundidad de la mente humana, del psiquismo, y lo mucho que queda por averiguar al respecto.
Un dato de no menor importancia es que la cantidad de estos relatos ha estado disminuyendo y que actualmente son raros, aunque se siguen registrando algunos que interesan poco. La mera fantasía no puede competir con las imágenes que ha desarrollado el cine sobre otros mundos y otras formas de vida. La imaginación corriente no puede competir con la capacidad de presentar cualquier criatura imaginada con rasgos tan reales como en el caso de los parques jurásicos, que todavía se exhiben aunque parecen seguir perdiendo público.
Me ha tocado ingresar y salir de los años del pasado siglo cuando estos relatos hicieron irrupción, sobre todo después de la II Guerra, quizás como un eco del espanto que produjeron las bomba atómicas y la posibilidad de que este poder en manos de un sujeto tan imprevisible e incontrolable como es el hombre pudiese determinar un final de la historia o, como dice Zizec, un “final de la Naturaleza”. Si bien no me obsesioné ni aficioné a los relatos sobre abducciones (actitud quizás defensiva de un equilibrio que uno sabe que hay que cuidar) intenté elaborar una explicación o aceptar algunas hipótesis que daban a conocer los científicos. Me incliné por las que exploraban al propio hombre en las profundidades de su psiquismo, que algunos llegan a pensar que conducen hacia la relación con el universo y sobre la conexión de estos fenómenos con el mundo onírico, pues no pocas de mis experiencias en este terreno me han sorprendido si bien no llegaron a hacer que intentase una exploración propia. En todo caso, estas experiencias y todos los relatos han hecho que sea muy receloso con el tema de la verdad y de la posibilidad de superar nuestras incertidumbres en algún futuro.
Por cierto que estamos embarcados en una nave cuyo manejo no terminamos de aprender ni sabemos tampoco hacia dónde nos lleva. He aprendido a desconfiar del hombre, no solo porque no tiene certidumbres científicas finales sino porque damos repetidas pruebas de conductas imprudentes y aun francamente irresponsables. Me interesan todas las fantasías que dejamos andar cada vez que una nueva experiencia o un avance del saber nos obliga a adecuar nuestra instalación.
Atentamente:
Jotavé