La relación que cambia sin que depare ventaja

Señor Director:
Alguna vez he contado que desde mis primeros años de vida acostumbro leer todo impreso que pasa ante mis ojos.
Para esta nota, lo caído ante mis ojos es lo que dice Daniel Chaves, médico clínico, titular de Bioética en la universidad nacional de la Patagonia. Lo hace, en un reportaje periodístico (Página/12) donde comienza por decir qué es la Bioética. Su fundador fue Van Reusselaer Potter, quien propuso crear una disciplina que integra biología, medicina y ecología, creando un puente entre las ciencias biológicas y los valores estimados por nuestra cultura.
Lo que despertó mi curiosidad fue la presencia de la ecología en el cóctel propuesto por Potter. Recordemos que la ecología es la ciencia que estudia la relación de los seres vivos entre sí y con su entorno: su ambiente físico y social, y que busca también proteger a la naturaleza y el medio ambiente. Esta relación fue básica para Potter, por haber sido testigo de las transformaciones que deparó en el pasado siglo la irrupción de la tecnología en las prácticas médicas. Esto dio lugar, especialmente desde los años 60, a la aparición de las unidades de cuidados intensivos: asistencia respiratoria mecánica, nueva noción acerca de la muerte, con el concepto de muerte cerebral en lugar de detención cardíaca y la asociación de todo esto con los derechos del paciente.
Estimó Potter que el gran desarrollo tecnológico estaba modificando sustancialmente la relación médico-paciente. Las mejoras entonces logradas han estado prolongando la vida humana, con la incorporación de nuevas maneras de nacer y la mejora de la calidad de vida. Sin embargo, el gran desarrollo de la tecnología médica alejó al médico del cuerpo del paciente y de su subjetividad. Cada vez se examina menos, se interroga pobremente y, por razones económicas, entre otras, el tiempo se va acotando y se acentúa la presencia del mercantilismo, el individualismo y la falta de solidaridad. “Imperan las imágenes y se deteriora la escucha y la palabra”, según Chaves. Se llega a un punto en que el destino de la medicina ya no lo manejan los médicos sino los gerentes y administradores que dirigen las empresas médicas y las instituciones. La conversación, la escucha, el examen, son irreemplazables, dice Chaves. En cambio, se practica el fordismo y el taylorismo médico, el trabajo en serie, la división en especialidades, conductas repetitivas, tiempo controlado en una línea de ensamblaje que no admite demoras ni revisión. La bioética se propone recuperar el vínculo médico-paciente
Conviene tener en claro qué es “fordismo y taylorismo”. La primera palabra viene del apellido de Henry Ford, el fabricante de autos que ideó la línea de montaje y otras operaciones que abrevian el tiempo que toman los operarios para la terminación de las unidades de automotores y dan lugar a la producción masiva. Taylorismo deriva de E. Taylor, ingeniero estadounidense que creó el método de organización del trabajo que permite el aumento de la productividad mediante la máxima división de funciones, la especialización del trabajador y el control estricto del tiempo necesario para su tarea.
Vale recordar la comedia que hace Carlitos Chaplin de esta organización del trabajo, que es eficiente a los fines del menor costo laboral y la velocidad de la producción, pero conlleva la despersonalización del hombre, convertido en una pieza más del proceso. La película, Tiempos Modernos, se ubica en l936, cuando se desarrolla el gran capitalismo. Chaplin aparece como un obrero industrial taylorista, se echa a llorar y de hecho cuestiona esa forma de trabajar. Llevado a la cárcel, llega a entender que está bien ahí por lo que el afuera le propone. Para esa situación se ideó la frase “No te adaptes a la máquina, sé la máquina”. Propuesta que no ha cambiado la situación del asalariado y, por lo que dice Chaves, sí la del paciente.
Atentamente:
Jotavé