La siempre tan difícil lectura del acontecer

Señor Director:
Entender supone recorrer un largo camino.
Leo en un analista argentino que Baruj Spinoza (filósofo del siglo XVII) ya decía que lo que llamamos conocimiento no es un acto único sino que se desarrolla en tres variantes: el conocimiento imaginativo es el que nos hace creer que el sol no está tan lejos. Esto es erróneo y el error consiste en creer que la imaginación da un conocimiento cierto o final. Luego explica que la imaginación conoce las cosas singulares, en tanto que la razón conoce las propiedades comunes de cada cosa y de la totalidad de las cosas. Ésta es la ciencia. Para Spinoza hay un tercer género de conocimiento, la intuición, que conoce o quiere conocer la esencia de las cosas singulares; que esto es algo así como un conocimiento de las relaciones que se dan en el universo. En cada uno de estos pasos vamos ganando perspectiva y comprendiendo cómo funciona el universo.
Dejo ya a Spinoza, apenas con la advertencia de que la filosofía no se digiere con el primer mordisco, para contar algo con relación a los últimos hechos terroristas que, en Cataluña, dejaron una veintena de muertos. La réplica de la alianza occidental a estos atentados fueron bombardeos en Siria que han dejado ciento setenta muertos civiles, entre ellos 19 niños y 12 mujeres. Dato que difunde y acerca del cual alerta un organismo de la ONU.
Dejo Barcelona y dejo Sitia, para referir que en un breve artículo, el analista y escritor Jorge Alemán nos hace saber que ha ganado la escena un nuevo “bárbaro”, diferente del amo clásico (que llegaba a arriesgar su vida para sostener su condición) y la del esclavo que protegía su vida a cambio de su libertad. El nuevo amo, el de nuestros días, no arriesga su vida pero sacrifica la Vida en su totalidad e inaugura una nueva figura del crimen y de la muerte serial, Este nuevo bárbaro (el hombre bomba) da inicio a un nuevo tipo de maldad en el que alguien se destruye para matar a otro. Agrega Alemán que duda si esto, el nuevo amo, es invento del Islam o solamente la realización de algo que se ha anunciado por pensadores de occidente: la capacidad de la autodestrucción, de sí mismo y de todo lo existente, que ha adquirido el hombre de nuestros días. Es cierto que no todos los individuos andamos matando, pero el hombre como especie ha generado la capacidad necesaria para aniquilarnos como humanidad y también para aniquilar toda forma de vida en el planeta Tierra. Obviamente, esos pensadores se refieren al poder atómico y a su alternativa, que es la destrucción del ambiente natural por actos y omisiones humanas.
El terrorista no es árabe, ni americano, ni ruso: es el hombre, la especie, a cuyo conocimiento estamos arribando con respecto a la posibilidad de un final de la vida en el planeta. Nos permitimos ser pesimistas u optimistas, actitudes que consisten en creer que ya no hay tiempo o que todavía podemos generar alternativas.
Los bárbaros siempre fueron visualizados como los otros: lo que no somos nosotros. Eran el mal absoluto. Con el poder atómico y la destrucción del ambiente demostramos que somos el bárbaro y que hemos llegado al punto de disponer del poder de autodestruirnos y de destruir toda la vida planetaria.
Ser optimista o pesimista no parece opción voluntaria, pero lo comprobable es que también hay quienes entienden que si bien “no hay camino” o sea que no existe un futuro hecho que nos esté esperando, esto mismo genera la posibilidad de buscar o crear opciones, pues “se hace camino al andar”.
¿Podrá frenarse el terrorismo, que ahora, según Rodrigo Fresan, ya ha hecho que vivamos en el miedo, incluso cuando gritamos que no tenemos miedo? La diferencia, que parece sugerir surge porque al gritar que no tenemos miedo nos dirigimos a alguien que presuntamente está delante nuestro, cuando la verdad es que nos lo decimos a nosotros mismos, a cada individuo y a la totalidad de nuestra especie. Somos lo temible.
Atentamente:
Jotavé