La solución estaba, solo faltó respetarla

LA SEMANA PAMPEANA

I – Los días de sol y viento seco que recorren la inundada provincia han dado un respiro a los vecinos de ciudades y pueblos anegados y a los productores de las zonas más gravemente inundadas (no obstante, ven ahora entrar a la provincia por su rincón noreste enormes masas de agua desde el cauce borroso del rio V).
Santa Rosa fue, sin dudas el lugar donde el impacto de los desbordes afectó a mayor cantidad de familias y fue también donde más marcadamente se sufrieron las consecuencias de la ausencia de un trabajo consecuente a la solución que, hace treinta años, halló una administración municipal acosada como ésta, por la inundación.

II – En la década del 80, fue el recordado intendente Eduardo Feliz Molteni el que llevó adelante la tarea de colocar bombas extractoras de gran volúmen para bajar el pelo de agua de la laguna Don Tomás y llevar los excedentes al bajo Gliuliani, cuya cota es casi cuarenta metros más baja que el espejo de agua santarroseño. Molteni actuó en el inicio del ciclo húmedo cuya primera manifestación se había dado una década atrás, a mediados de los 70 cuando la laguna Don Tomás desbordó, el club Náutico quedó bajo agua y los barrios construidos sin respetar su antigua orilla noreste (cuyo desnivel aún hoy puede verse claramente en las calles de Villa Del Busto) sufrieron la inundación.

III – Las bombas que colocó Molteni en esos años se las conoció como las “bombas holandesas” y eran capaces de sacar un millón de litros por hora a través de un recorrido que, por la avenida de circunvalación Santiago Marzo tomaba luego la ruta 35 hacia el sur y a poco se abría en un cabal a cielo abierto que, por la pendiente natural, llevaba el agua al bajo propiedad antaño de la familia Giuliani. Esa solución al problema de desagotar la laguna y llevarla al bajo fue, puede decirse, asombrosa por su sencillez. Todos los problemas de anegamiento de la ciudad, (ubicada como dijimos la semana pasada en un pésimo lugar para una fundación por decisión política de nuestro fundador), tuvieron a partir de entonces una certeza: la solución pasaba por buscar la pendiente natural del terreno hacia la laguna que es el reservorio natural y, como la experiencia había señalado, ese reservorio tenía un límite que debía necesariamente, desagotarse.

IV – Así Santa Rosa supo que tenía que comportarse como una familia que, sin posibilidad de tener un sistema de desagües cloacales, debía conformarse con llevar sus líquidos a un pozo ciego que es, ni más ni menos que nuestra querida laguna. Si el pozo se llenaba o amenazaba con llenarse había que llamar al atmosférico para que lo desagüe y ese atmosférico era el sistema de extracción a través de las bombas holandesas que puso nuestro recordado intendente Molteni. Era simple. Tan simple que cuando se tuvo que buscar una solución al colapso del sistema cloacal y sus piletas ubicadas al noroeste de la ciudad, se copió el trazado del caño de Molteni en una obra que se denominó popularmente el “doble caño” y que llevaba los líquidos cloacales al bajo Giuliani donde se construyeron otras piletas de decantación. Pero la ausencia de visión de futuro suelen desconocer que la simpleza de las soluciones tiene una condición de hierro: todo proyecto de obra en la ciudad, debe respetar a rajatablas las premisas básicas para que esa solución funcione y toda ampliación urbana debe reforzar el sistema de desagote del “pozo ciego” que, año tras año pierde capacidad y recibe más agua al extenderse la mancha urbana.
Ahora, cuando el agua nos tapa y el sistema Laguna-Bajo colapsa porque no se lo amplió en su capacidad, volvemos a descubrir la pólvora y hacemos lo que Molteni descubrió hace treinta años. La lluvia, dijo una autoridad en la materia, no fue extraordinaria para un período húmedo. Lo que fue extraordinario en todos estos años fue el ninguneo que las administraciones municipales hicieron a los estudios que en la universidad advertían del problema y para jugar a los dados con la naturaleza y apostar a que todo funcionaría como hace treinta años pese a que todo indicaban que el vaso se estaba llenando y no alcanzaba con el “doble caño”. En la semana llegó una bomba que tiene la misma capacidad que las de Molteni. Es prestada, provisoria, funciona a combustible y su colocación se demoró inexplicablemente por lo menos dos semanas. (LVS)