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La sombra de un pasado ominoso

La reunión efectuada en General Pico por el grupo «Busco madre biológica», a pesar de su relevancia, no ocupó un lugar destacado en la agenda informativa. Desde su misma denominación el grupo que organizó el encuentro está planteando un problema serio como pocos, porque alude claramente al robo y supresión de identidad de niños recién nacidos a gran escala.
Sería hipócrita alegar que esos hechos no fueran conocidos desde hace mucho tiempo, aunque siempre se creyó que se trataba de casos puntuales, excepcionales en sus circunstancias y tratados con una discreción cercana al secreto. Se hablaba en voz baja de «casos especiales» de madres solteras o familias numerosas de condición humilde, que contaban con la anuencia o el disimulo del entorno para disimular lo que, hoy se sabe muy bien, constituía una acción delictiva de apropiación de bebés y supresión de identidad.
El caso está ahora en la Justicia Federal que ha logrado avances considerables. Hay una veintena de personas que recuperaron su identidad y sus vínculos biológicos y que, a la vez, decidieron no dejar trascender sus casos a través de los medios.
En los casos investigados en General Pico la trama del delito y sus complicidades aparece como mucho más compleja al advertirse su repetición en el tiempo con la indudable intervención de médicos, obstetras y funcionarios. Los agrava el hecho de que muchos de los recién nacidos fueron inscriptos los fines de semana, cuando las oficinas del Registro Civil estaban sin funcionar, dejando en evidencia que se trataba de una trama ilegal. Sin embargo, a pesar de la gravedad de los sucesos y su indudable dimensión social, hasta hace muy pocos años nunca se había dado el caso de un esfuerzo colectivo en favor de su esclarecimiento a partir del legítimo interés de los protagonistas planteado ante la Justicia. Hoy el tema ha tomado estado público -cierto que con discreción- a través de los medios y las redes sociales que posibilitaron su difusión.
La concreción del encuentro en la ciudad norteña obedece a que allí tuvo lugar el epicentro de este escalofriante entramado, aunque también involucra a otras localidades de aquella región pampeana y de provincias vecinas. De hecho son piquenses algunas de las personas que buscan a sus padres biológicos, y que en el citado encuentro «dieron cuenta de su historia de vida y de las irregularidades que hubo durante su adopción».
En varios de los casos ahora conocidos quedó acreditado que a las madres biológicas les hicieron creer que sus hijos nacieron muertos, cuando en realidad habían sido entregados a cambio de dinero a las que serían sus familias adoptivas. Esta horrible revelación permitiría encuadrar los casos en uno de los delitos más estremecedores del Código Penal: el tráfico de niños.
Estos hechos tuvieron lugar durante un extenso intervalo de tiempo que abarca la década de los sesenta, los setenta y primeros años de los ochenta. Buena parte de ese lapso coincidió con la última dictadura cívico-militar que se caracterizó, entre otras aberraciones, por el robo y la supresión de la identidad de recién nacidos.